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Parana » AIM Digital
Fecha: 22/03/2026 22:40
En un contexto de deterioro económico y retracción del Estado en políticas de género, la sobrecarga de tareas de cuidado se consolida como uno de los principales factores de desigualdad en Argentina. Datos oficiales muestran que esta problemática no solo persiste, sino que se profundiza en escenarios de crisis, donde las redes institucionales pierden capacidad de respuesta, según información a la que accedió AIM. Según la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo del Indec, el 88,9 por ciento de las mujeres realiza tareas domésticas y de cuidado no remuneradas, dedicando en promedio 6,4 horas diarias, casi el doble que los varones. En términos agregados, más del 70 por ciento del tiempo total destinado a estas tareas es realizado por mujeres. Este trabajo invisible, además, representa el 16,8 por ciento del Producto Bruto Interno, lo que evidencia su peso estructural en la economía, constató AIM. La crisis económica intensifica esta carga. La reducción de servicios, la menor presencia territorial del Estado y el desmantelamiento o debilitamiento de programas vinculados a cuidados y género obligan a trasladar aún más responsabilidades al ámbito doméstico. En este escenario, las mujeres enfrentan una doble presión: sostener los cuidados y, al mismo tiempo, generar ingresos, indicaron a AIM especialistas. En el mercado laboral, las desigualdades también son evidentes. Cuatro de cada diez mujeres asalariadas tienen empleo informal, mientras que alrededor del 27 por ciento se desempeña en condiciones no registradas. Esta inserción precaria se explica, en gran parte, por la necesidad de compatibilizar horarios flexibles con las responsabilidades de cuidado, supo AIM. Sectores altamente feminizados, como el trabajo doméstico, presentan niveles de informalidad que alcanzan hasta el 73 por ciento, con bajos ingresos y escasa protección social. En este contexto, el empleo informal deja de ser una opción y se convierte en una estrategia de supervivencia frente a un mercado laboral restrictivo. La combinación entre sobrecarga de cuidados y precarización laboral tiene efectos directos sobre la autonomía económica. La participación laboral femenina sigue siendo significativamente menor que la de los varones, con una brecha de alrededor de 17 puntos porcentuales, según información a la que accedió AIM. En paralelo, especialistas advierten que la desarticulación de políticas públicas específicas en materia de género y cuidados profundiza estas desigualdades. La reducción de dispositivos territoriales, programas de acompañamiento y estrategias de prevención limita la capacidad de intervención estatal en contextos críticos, trasladando la resolución de estas problemáticas a los hogares y a redes comunitarias con recursos limitados, indicaron a AIM. En este escenario, la crisis no solo agrava las condiciones materiales, sino que también refuerza una organización social del cuidado desigual. La falta de políticas integrales y sostenidas en el tiempo consolida un esquema en el que las mujeres absorben el impacto económico y social, con consecuencias directas en sus trayectorias laborales, su bienestar y sus posibilidades de desarrollo.
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