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Parana » Uno
Fecha: 22/03/2026 13:58
En el ciclo de entrevistas UNO a UNO por La Mañana La Red (88.7), Miguel Marizza, presidente de la constructora Caballi S.A. y figura activa en el sector inmobiliario y de servicios, dejó de lado el rol de empresario para mostrarse desde un lugar mucho más íntimo. Repasó su historia y puso el foco en aquello que hoy le da sentido a su vida: estar cerca de los suyos, compartir y no olvidarse de dónde viene. El empresario entrerriano Miguel Marizza: "A los 30 o 40 me creí Batman" A los 70 años, el empresario entrerriano Miguel Marizza pone en valor lo esencial: la familia, los amigos y los aprendizajes que le dejó la vida. "No hay cosa más profunda que ver a tu familia crecer", sostuvo Miguel. Durante mucho tiempo, reconoció, que el ritmo del trabajo ocupó el centro de su vida. El crecimiento profesional llegó, pero también dejó enseñanzas. Con los años, ese foco empezó a correrse. Miguel Marizza: entre el trabajo y el valor de lo esencial Hoy elige otra velocidad. Más cercana, más simple. Valora los encuentros, las charlas, el tiempo compartido. No hay nadie que te diga más la verdad que un amigo, sumó, reforzando esa idea de lo humano como sostén. El valor de lo vivido Nacido en un contexto difícil, recordó sus primeros años marcados por la carencia y el esfuerzo. Su padre estuvo preso por razones políticas cuando él era muy chico, y la familia tuvo que reconstruirse desde cero. Crecimos de la nada misma, resumió el empresario. Desde muy joven salió a buscar su lugar. Fue monaguillo y ahí tuvo sus primeros ingresos, en una etapa donde cada oportunidad contaba. Siempre veo oportunidades, reflexionó. Esa mirada lo acompañó siempre. Desde sus primeros trabajos hasta su desarrollo profesional, fue construyendo su camino con esa lógica: avanzar, adaptarse y no quedarse quieto. En medio del crecimiento profesional, hubo una etapa que hoy recuerda con claridad. Un momento en el que el trabajo pasó a ocupar el centro de su vida. A los 30 o 40 me creí Batman. Me fue bien y el empresario se llevó puesto al hombre y a la familia, reconoció, sin rodeos. No lo plantea desde la culpa, sino desde lo aprendido. Ese proceso le llevó tiempo y también decisiones para recomponer lo que había quedado en segundo plano. Con los años, esa experiencia también se transformó en una forma de ver el presente. Me gusta descubrir cosas nuevas. Hoy escucho más de lo que hablo, contó Miguel. Y en esa actitud, asegura, también está el aprendizaje. Convencido de que el movimiento es clave, deja una idea que repite a quienes lo rodean: Equivocate. Si te equivocás, lo vas a arreglar. Si te quedás quieto, no vas a hacer nada. Para él, no se trata solo de lo individual. Estamos en una época de cambio, es como un parto de la sociedad, reflexionó, al tiempo que advierte sobre nuevas formas de vincularse y entender el mundo. El rugby y los valores Si hay un lugar donde se formó como persona, no fue en la empresa, fue en el Club Atlético Estudiantes. En el rugby encontró mucho más que un deporte; encontró una forma de pararse en la vida. Ahí aprendí a trabajar en equipo, a exigirme y a entender que los objetivos se logran, contó Marizza. Pero lo que más lo marcó no estuvo solo en el juego. En una época atravesada por diferencias sociales muy marcadas, el club funcionaba como un espacio de encuentro. Había diferencias económicas enormes, pero adentro de la cancha éramos todos lo mismo, recordó. Esa lógica de igualdad y pertenencia lo acompañó siempre. El rugby te ordena, te ubica, sintetizó. Con los años, esos vínculos no se diluyeron. Por el contrario, se consolidaron. La mitad de mis amigos son los mismos de esa época, dijo, dejando en claro que, más allá del tiempo, hay lazos que no se negocian. El momento de volver Antes de todo eso, hubo una decisión que marcó su camino. Estudió Ingeniería y, una vez recibido, decidió especializarse en infraestructura en Brasil, en un momento donde ese tipo de formación no estaba tan desarrollada en el país. Me gustaba eso, quería ir por ahí, recordó. A su regreso, retomó su vínculo con la constructora Caballi, donde había dado sus primeros pasos, y comenzó a crecer dentro de la empresa hasta asumir mayores responsabilidades. Con el tiempo, también atravesó una etapa en la función pública durante los años 80, cuando estuvo al frente de la Empresa Provincial de Energía de Entre Ríos (EPER). Con la llegada de un nuevo escenario político, fue convocado a Buenos Aires, donde participó del proceso de privatización del gas y más tarde se desempeñó como director en el área previsional. Su recorrido lo llevó a espacios de decisión cada vez más grandes, incluso a nivel internacional. Pero en ese punto algo cambió. Sentí que estaba flotando en un mundo que no tenía que ver conmigo, reflexionó Miguel. Esa sensación lo empujó a tomar una decisión fuerte: volver a Paraná, a la empresa, a lo concreto. Me volví al llano y me encantó, dijo. El impulso de ayudar Uno de los momentos más significativos de la charla aparece cuando recuerda una cena solidaria en Paraná, organizada para acompañar a familias con chicos en tratamiento oncológico. No lo cuenta desde el lugar de quien ayuda, sino desde la emoción que le dejó esa experiencia. Era para terminar la casa y también para comprar cunas especiales para neonatología, explicó, sobre el objetivo concreto de aquella noche. En ese contexto, no hubo planificación ni cálculo. Hubo compromiso. Se involucró desde el inicio, colaborando con la organización y la ejecución. La idea era que cuando la gente entrara ya viera las cunas compradas, recordó. Pero hubo un momento que lo sorprendió incluso a él. En medio del evento, sin previo aviso, su nombre quedó asociado también al aporte de los materiales para finalizar la obra. Me enteré en pleno discurso no lo sabía, pero bueno, lo hicimos igual, contó el paranaense, entre risas. Lejos de incomodarlo, esa situación terminó de confirmar algo que sostiene hasta hoy: hay decisiones que no pasan por la razón. Cuando sabés que es para ayudar, no lo dudás , sostuvo. Un sueño pendiente Entre todos los proyectos que podría encarar, hay uno que lo entusiasma desde un lugar distinto: abrir un bar de vinilos. No aparece como una apuesta económica, sino como una idea ligada al disfrute. No es por negocio, es por placer, aclaró. La música, en su vida, ocupa un lugar especial. Desde joven estuvo vinculado a ese mundo y hoy lo retoma desde otro lado, más personal. Una vez vi la alegría que podés generar poniendo música y no me lo olvido más, concluyó. Esa sensación, la de conectar con otros desde algo tan simple, es la que hoy busca recuperar.
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