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Concordia » Diario Junio
Fecha: 22/03/2026 12:05
Los años 60 y 70, preludio de la noche negra, proponían un contexto internacional complejo: los coletazos de la Guerra Fría y el impacto de la crisis del petróleo. Es increíble escribir estas líneas y tan solo tener que cambiar fechas, pero todo parece ser igual (casi igual): EE.UU. confrontado con China, Rusia y los BRICS, haciendo entrar en crisis mundial el valor del petróleo. Por aquellos años, las consignas eran Patria o muerte, Liberación o muerte; hoy se escucha libertario o kuka, pero no difieren demasiado en el antagonismo. Desde el estrado (y el Estado) se gritan palabras que hasta parecían estar arrugadas y olorosas en el fondo del armario, como comunistas de m. El entramado es siempre complejo: no puede resumirse a estar de un lado o de otro, no puede ser el antagonismo el que resuelva la situación; el antagonismo la provoca. El enfrentamiento lleva a las crisis, y es en las crisis donde las contradicciones estallan como bombas molotov en el medio del ser ciudadano. Mientras la crisis económica azota los bolsillos como en aquellos años, los medios de comunicación se dividen en posturas irreconciliables como en aquellos años, los representantes de la ciudadanía elegidos y designados para administrar la cosa pública se desangran en disputas estériles como en aquellos años, el precio del petróleo se dispara como en aquellos años, el gremialismo se divide entre los que negocian con el poder y los que buscan representar a los trabajadores y trabajadoras como en aquellos años; una mano invisible (o no tanto) arrastra a la ciudadanía a una desesperación y desesperanza tal que es capaz de aceptar cualquier solución. Así sucedió en aquellos años. Isabel Martínez había llegado al poder sin carrera política, sin experiencia de gestión y, hasta donde se sabe, sin muchas luces; se esperaba de ella que, por haber sido elegida por Perón no solo como esposa (al igual que Eva), sino como compañera de fórmula (a lo que Eva no llegó), tuviera capacidad, intuición y energía. En tan solo un año, la sociedad se percató de que no contaba con ninguna de estas capacidades, lo que fue bien aprovechado por López Rega, quien se convertiría en su alter ego, aprovechando su interés por el horóscopo. Como vicepresidenta, debió presidir el Senado, cosa que nunca hizo, al igual que López Rega, que nunca ocupó su oficina en el Ministerio de Bienestar Social. Recuerda Gustavo Caraballo, secretario general de la Presidencia, que cuando Perón se instala en Casa de Gobierno, Caraballo deja su oficina (contigua a la de Presidencia) para Isabel, pensando que Perón desearía tener a su esposa en la oficina de al lado, pero Perón se enojó muchísimo: ¡No! ¿Por qué hizo eso? Ella tiene que ir al Senado a aprender política; el puesto de vicepresidente es ahí. No sucedió: nunca presidió las sesiones (1). El Senado era presidido generalmente por José Antonio Allende, vicepresidente primero, o algún presidente de los bloques. No iba al Senado; ella juró y no ejerció ninguna tarea legislativa en cuanto a ver que saliera una ley (2). Isabel siempre fue esposa, en vida de Perón, nunca política. era muy modesta, fina, callada siempre, mientras fue candidata, observó un riguroso segundo plano detrás de su marido. En esto era lo contrario de Eva, siempre a la par de Perón: no podía ser segundona y era una gran oradora popular. Isabel hablaba después de Perón o no hablaba Alberto Fonrouge, senador nacional (3). Lo que destacaba en Isabel era su buen gusto para vestir, de estilo europeo, y eso se debió a Ana Castro, diseñadora que vestía a toda la alta sociedad porteña. Ana no solo era diseñadora, sino que integraba el Opus Dei ala ultraconservadora de la Iglesia católica y le regaló a Isabel el libro Camino, de monseñor Escrivá, lectura que influyó mucho en su pensamiento; y, si algo mantenía con firmeza la vicepresidenta, eran sus convicciones anticomunistas. Con Perón gravemente enfermo, Isabel realiza una gira por Europa. Consigue una entrevista con el papa Paulo VI, entrevista que no era religiosa sino política. Mientras Perón agonizaba y sabiendo que había sido excomulgado por el Vaticano en 1955, aunque en 1963 había gestionado el perdón, ella intentó hablarle de la sucesión del cardenal Antonio Caggiano, a lo que el Papa respondió de forma cortante: ya había sido designado monseñor Pío Laghi. Hacia el final de esta gira fue agasajada en Madrid y dialogó amigablemente con el generalísimo Franco. Esta fue la mujer que tomó la Presidencia a la muerte de Perón y que, tal como lo había deseado Perón, aprendió de política, pero no precisamente de peronismo. Con la muerte del líder, Isabel intentó emular a Evita con encendidos discursos, pero con mensajes totalmente opuestos: llegó a amenazar con convertirse en la mujer del látigo para castigar a quienes trataban de mostrarle la crisis en la que se hallaba el gobierno nacional. Mientras la sociedad se encendía y la guerrilla buscaba refugio en la selva tucumana, la inflación superaba récords históricos, Isabel se veía envuelta en un escándalo de corrupción por un cheque de la Cruzada de la Solidaridad, que representaba unos 20 millones de dólares. Esto lleva a un pedido de juicio político que, la ceguera del momento, termina bloqueando la salida republicana, cuando existía la posibilidad de que Ítalo Luder o José Allende asumieran el gobierno. Las guerrillas peronistas y de izquierda recrudecían sus acciones. En los últimos días, un nutrido grupo de mujeres se reunía frente a la Casa de Gobierno al grito de Si la tocan a Isabel, habrá guerra sin cuartel (4). En febrero de 1975, el Ejército inicia el Operativo Independencia en Tucumán, al mando del general Acdel Edgardo Vilas. Las agrupaciones guerrilleras se habían refugiado en la selva tucumana; se estima que, al momento de iniciarse el operativo, no superaban los 200 integrantes. Fácilmente pudieron ser apresados y llevados a la Justicia, pero no sucedió, ni era la intención: era la excusa perfecta para iniciar lo que ya se rumoreaba en el ambiente. El UPD llega el 24 de marzo de 1976: a las 0:45, Isabel Perón se retiraba en helicóptero de la Casa Rosada rumbo a Olivos, pero se lo desvía hacia Aeroparque y allí le informan que ha sido destituida y que está apresada. Posteriormente es trasladada hacia la residencia El Messidor, en Neuquén, donde queda detenida. Finalmente, la Junta Militar integrada por Jorge Rafael Videla, Emilio Massera y Orlando Agosti consuma el golpe militar. El Rodrigazo había preparado el camino: bajó estrepitosamente el poder adquisitivo como ahora, destruyó la industria nacional como ahora, creció exponencialmente la desocupación como ahora, se llevaron reservas financieras nacionales al exterior como ahora, se multiplicó por seis la deuda externa como ahora. El trabajo estaba hecho: hicieron las valijas y dejaron el terreno listo para la etapa dos del Plan Cóndor. El comienzo de la recuperación nacional se advierte ya en todos los órdenes. En lo moral es otro el clima que se respira. Los responsables de la corrupción y el peculado han sido puestos a disposición de la Justicia () En lo cultural y educacional se concretan las bases para una vida espiritual enriquecida y una enseñanza primaria, media y superior sin sectarismos ni deformaciones. En lo económico se ha superado el estrangulamiento externo, se ha reducido el déficit fiscal, se ha revertido la tendencia inflacionaria a márgenes tolerables y se han creado condiciones de confianza y seriedad para las inversiones. No, no son palabras del actual primer mandatario: son palabras de Jorge Rafael Videla en declaraciones a la revista Gente en octubre de 1976. Lo que vino después de ese UPD es harto conocido: 30 mil desaparecidos, masacres, torturas, víctimas arrojadas desde aviones, cientos de cuerpos hallados en las ciudades costeras, madres pariendo en cárceles clandestinas, más de 400 bebés robados. Pero también un salario real destruido, condiciones laborales sin derechos, deuda externa exponencialmente creciente, sociedad silenciada, estatización de la deuda privada de empresarios amigos; revistas, diarios, radios y la naciente televisión recortando información, libros quemados, miles tal vez millones de exiliados. No solo fueron militares: fueron empresarios, fue un sector de la Iglesia, fueron algunos políticos; fue una sociedad que hizo silencio. Es la historia que no podemos olvidar es el fiscal Strassera diciendo NUNCA MÁS. [1] 1-2-3-4- Citados en Revista Todo es Historia. N°435. Bs As. 2003 Verónica López Lic. en Cs. de la Educación
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