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Parana » Radio La Voz
Fecha: 22/03/2026 09:34
La participación argentina en la contienda bélica de Medio Oriente sólo podría ser simbólica pero traería consecuencias. Las definiciones de Milei y lo que dicen en su entorno. Aunque no lo demuestra, Javier Milei sigue con detenimiento las noticias de la guerra en Oriente Medio. Desde que comenzó la última ofensiva bélica de Estados Unidos e Israel contra Irán, el presidente ya sumó dos viajes al exterior. El primero con destino a Miami y Nueva York y el otro a Hungría, que concluyó este sábado. En ambos casos el foco estuvo puesto en la guerra y su impacto en la economía y, por supuesto, en la visita de uno de los aliados más importantes que tiene la Casa Blanca en América Latina. Así se mueve Milei en el exterior, sobreexponiendo su relación con Donald Trump. Hacerlo tiene sus costos y uno de ellos pasa por la preocupación de afrontar alguna consecuencia de semejante alineamiento. El presidente y su Gabinete no pierden de vista que Irán ya lanzó dos mensajes letales. El año pasado, el difunto Ayatola Jamenei, asesinado hace poco en un ataque de EE UU, advirtió a la Argentina de las consecuencias de seguir el alinamiento libertario y esta semana, el gobierno islámico, en pie de guerra, redobló la apuesta y comunicó que la administración de Milei ha pasado una línea sin retorno. Los mensajes vienen de una Teherán asesiada por las bombas y fueron destinados a un presidente que buscará aferrarse a Washington. Milei está seguro de que Estados Unidos ganará la guerra y que su gobierno quedará a salvo del desastre. Hasta que la ofensiva bélica concluya, si es que eso sucede pronto, la Casa Rosada multiplicará sus gestos hacia la Casa Blanca. Los emisarios del trumpismo recomiendan alimentar el vínculo privilegiado con gestos, por más que al país le resulten difíciles de concretar sin el respaldo económico de Washington. Así surgieron las primeras versiones de un apoyo militar argentino para las intervenciones de EE UU. Milei intentó desviar una fragata de la Armada cuando regresaba de un ejercicio junto al Comando Sur para que se sume al despliegue nortamericano en el Caribe. Fue antes de la operación del 3 de enero, que concluyó con el secuestro y la detención del presidente Nicolás Maduro en Caracas. En diez días se cumplirán tres meses de esa intervención y los funcionarios del gobierno admiten que el escenario actual es muy distinto al que imaginaban. Milei llegó a decir que Argentina estaba dispuesta a participar de un gobierno de transición y también en el control del petróleo venezolano. No fue la presidenta encargada de Venezuela Delcy Rodríguez la que dijo que no. Fueron los funcionarios de Trump quienes desaconsejaron darle alguna participación al gobierno libertario. Igualmente la Argentina asoma en cuanta iniciativa impulsa Washington. La intención conservar la posición competitiva ante otros países de la región que buscan lo mismo. Milei puso al país como socio fundador del Board of Peace que EE UU impulsa para reemplazar, con escaso éxito, al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Después lo incluyó como parte del Escudo de las Américas, la otra fórmula impulsada por el Pentágono para contar con los aliados de derecha en la región y pedirles ayuda en alguna intervención regional. El argumento disparador son las acusaciones de vínculos con el narcotráfico de cualquier país del continente, pero el hilo conductor es un nuevo modelo de cooperación militar. De ese minué de gestos diplomáticos y bélicos surgió la idea de participar en la ofensiva bélica en Medio Oriente. Hay dos limitaciones. La primera es la preocupación y el temor del gobierno de sufrir alguna represalia por la renovada apuesta presidencial de bancar a Trump a cualquier costo, incluso cuando los países aliados se están corriendo de semejante aventura. La segunda es que la Argentina no tiene capacidad tecnológica para participar de alguna fuerza multinacional como hizo la administración de Carlos Menem en la Guerra del Golfo. La única opción en el tablero, según detalló una fuente castrense a Tiempo, consiste en el envío de un grupo de militares de las tres fuerzas armadas para sumarse al despliegue norteamericano en el estrecho de Ormuz o partcipar bajo la coordinación de las Fuerzas de Defensa de Israel.La incidencia argentina tendría más peso simbólico y político que militar, pero afrontaría los mismos riesgos que los otros aliados norteamericanos en la zona de Oriente Medio. En ese contexto, el embajador estadounidense en Buenos Aires, Peter Lamelas, va y viene con la agenda positiva que Trump le encomendó desarrollar en Argentina. El enviado político del magnate republicano tiene la misión de respaldar a Milei y jugar como interlocutor directo con el Salón Oval, por encima del secretario de Estado Marco Rubio. Lamelas no sólo admira a Milei. También busca estar cerca del poder y, tal como contó este diario, dar por cerrada la presencia del lobbista Barry Benett que como enviado informal del trumpismo respaldó al asesor presidencial Santiago Caputo y agilizó el cabildeo y los negocios de su garante estratégico, el empresario Leonardo Scatturice. Algo tienen en claro dentro del mundo diplomático de bandera estrellada. A Bennet no se lo verá más por Buenos Aires y mucho menos en la Casa Rosada hablando en nombre del gobierno de los Estados Unidos. Lamelas se quedó con ese rol y ahora comenzó a intervenir en la conversación pública local. Yo creo que sí, seguramente es el principal aliado de Estados Unidos en América Latina. No quiero que desperdicien esta oportunidad única, dijo el embajador en una entrevista al canal de cable del diario La Nación. El mensaje para Milei es que no pierda el tiempo y que aproveche la agenda económica de la potencia en guerra. Lamelas no para de hablar de inversiones desde que llegó y sigue prometiendo que pronto llegarán. Hasta ahora son promesas y los cabilderos nortamericanos aconsejan que Trump debería jugar aún más fuerte con la Argentina. Por eso en Washington algunos observadores influyentes sostienen que sólo una prolongación de la guerra podría demorar una visita al país del magnate republicano. Para aceitarla, Lamelas va y viene entre Palm Beach, Washington y Buenos Aires, pero sabe que necesita mostrar resultados y hasta ahora la maquinaria diplomática sólo repite promesas.
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