Contacto

×
  • +54 343 4178845

  • bcuadra@examedia.com.ar

  • Entre Ríos, Argentina

  • Entre el campo y el mar, una casa en un exclusivo barrio de Lobería donde el paisaje marca el diseño

    » La Nacion

    Fecha: 22/03/2026 07:39

    Dos arquitectos crearon una casa familiar de 300 m² que se funde con el médano y se vuelve ideal para disfrutarse durante todo el año - 4 minutos de lectura' Nuestro trabajo suele llevarnos a escenarios verdaderamente extraordinarios. Uno de ellos es este exclusivo pueblo de mar en Bahía Los Moros, Lobería, a 40 minutos de Necochea, cuenta la arquitecta Inés Giménez Zapiola sobre la casa que diseñó para sus padres junto a Máximo Tettamanzi, su socio en Estudio Estudio. La imagen del patio es lindísima, pero estar ahí es cien veces mejor. No solo ofrece resguardo del viento: su escala, intimidad y esa sensación de espacio que te abraza es algo que buscamos mucho en nuestros proyectos, señalaron. En sus proyectos más recientes, los arquitectos se encontraron trabajando en varias segundas residencias para sus clientes, y este caso no fue la excepción. Los padres de Inés buscaban un hogar que pudiera disfrutarse todo el año, no solo durante el verano. En las segundas casas, los dueños suelen soltar y arriesgar más, están más abiertos y receptivos a las ideas y a los diseños. Y eso, para nosotros, es un verdadero disfrute. En el living-comedor, corazón de la casa, se buscó borrar el límite entre interior y exterior y destacar su doble vista. En los días de poco viento, al abrir todas las ventanas, el ambiente se integra y se expande hacia el mar, hacia el patio con olivos y al campo. El lote donde se implantó la vivienda forma parte de un antiguo campo subdividido que conserva una particularidad poco habitual: los terrenos son amplios y la topografía acompaña el paisaje. Desde el barrio, la mirada se proyecta primero hacia el mar y luego asciende por una lomada suave. La casa se ubica en uno de los últimos lotes, a mayor altura, lo que le da una vista privilegiada tanto hacia el mar como hacia los campos. Si había algo que los arquitectos querían lograr era un gran muro envolvente de piedra Mar del Plata, el material característico de la zona. Queríamos que remitiera a las pircas de antes. Para lograrlo, elegimos una mezcla de porcentajes de piedra blanca, blanca envejecida y manchada, y borravino. La combinación quedó impresionante. Es algo que hacemos mucho en el Estudio: trabajar con materiales locales, cuentan. Al cruzar ese tajo en el muro de piedra, uno desemboca en el patio. El médano sobre el que se asienta es el original de terreno. La implantación exigió un trabajo casi milimétrico: la arquitectura debía acompañar la caída natural del médano, ubicando, por ejemplo, el vacío del área de servicio justo donde la pendiente se volvía más pronunciada. La premisa fue siempre la misma: respetar la forma natural y lograr que la casa se adaptara al paisaje, y no al revés. No nos interesa una arquitectura que se imponga, sino aquella que comprende su contexto, su entorno, y busca integrarse con él de manera natural. La cocina siempre termina siendo el lugar donde más se comparte, incluso en vacaciones. Por eso quisimos integrarla, pero también darle la posibilidad de aislarla del living-comedor con unas puertas corredizas Arq. Máximo Tettamanzi de Estudio Estudio Desde este lugar también se disfrutan las vistas al mar, al campo y al patio. Mis padres están felices; disfrutan un montón de la casa y van seguido. Cada vez que mi papá va, me manda un mensaje agradeciéndome. Fue un proceso con mucha libertad, todo muy bien recibido, y para nosotros fue un verdadero placer. Somos muy afortunados. Arq. Inés Giménez Zapiola de Estudio Estudio Planteada en módulos, la casa resulta eficiente y muy acorde al clima: por la mañana, cuando sopla menos viento, la galería hacia el mar invita a tomar un café frente al horizonte; al mediodía, cuando el viento se levanta, el asado se disfruta en la galería orientada hacia el campo. De dimensiones generosas, la suite principal fue pensada como un refugio para cuando reciben a varios invitados. La cama, hecha por un carpintero, con colchones de algodón y fibras naturales (también a medida y artesanal), se orientó hacia un gran ventanal que funciona como un paño fijo y enmarca el exterior como un cuadro gigante. Pensamos la casa desde su uso: nos reunimos con los propietarios, entendimos sus necesidades y desarmamos el programa para reorganizarlo en módulos vinculados por una gran cubierta de madera. Así generamos recorridos propios y logramos que se adaptara al entorno sin imponerse, contaron. Al cuarto de huéspedes no podía faltarle las vistas al mar ni la comodidad para recibir: es amplio, funcional y sin nada que le sobre. Quisimos proponer una arquitectura atemporal, donde todo dialogue de manera tan natural que resulte imposible cansarse rápido. En esta casa decidimos dejar los materiales tal como son. Todas las paredes llevan un revoque fino, sin pintura, lo que aporta una textura rústica, casi de campo, y genera un contraste marcado con los muebles blancos e impecables. El clima marcó cada decisión del proyecto. Con el acceso al barrio anegado cada vez que llueve y un invierno especialmente desafiante, el equipo debió adaptarse para sacar la obra adelante. Nos tocaron todos los climas. Es un lugar muy ventoso y lluvioso en invierno, que puede ponerse sumamente hostil, pero valió la pena, concluyen.

    Ver noticia original

    También te puede interesar

  • Examedia © 2024

    Desarrollado por