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» Clarin
Fecha: 22/03/2026 07:29
- Políticos, militares, sindicalistas, empresarios, jefes de organizaciones armadas, diplomáticos, eclesiásticos y periodistas tuvieron actuación relevante y decisiva durante los días previos y en el desenlace del golpe de Estado. Desde el peronismo gobernante -tanto sus funcionarios como otros de sus referentes-, políticos de distintas tendencias, jefes militares, sindicalistas de la CGT y las 62 Organizaciones, empresarios, jefes de organizaciones armadas, diplomáticos, representantes eclesiásticos y periodistas tuvieron su protagonismo durante aquellos días previos al golpe. Y muchos de ellos, en lo que siguió. En el centro de la escena, en primer lugar, la presidenta María Estela Martínez de Perón y sus colaboradores más cercanos, el secretario legal y técnico de la Presidencia Julio González y los integrantes de su último gabinete, entre los que se destacaban los ministros de Defensa, José A. Deheza; del Interior, Roberto Ares; de Economía, Emilio Mondelli; de Trabajo, Miguel Unamuno y de Relaciones Exteriores, Raúl Quijano. También había participado en uno de los últimos gabinetes, en Trabajo, Carlos Ruckauf. Otros dirigentes de peso que habían integrado el gobierno, como Ángel Federico Robledo, Antonio Cafiero, Ernesto Corvalán Nanclares y Manuel Arauz Castex, habían quedado en el camino. En el justicialismo, Italo Lúder, presidente provisional del Senado y segundo en la línea sucesoria, y Nicasio Sánchez Toranzo, presidente de la Cámara de Diputados, acompañaban la vigilia desde el Congreso. Atentos al desenlace y con participación activa en el desarrollo de los acontecimientos podían ubicarse los gobernadores de la provincia de Buenos Aires, Victorio Calabró, y de La Rioja, Carlos Menem. Los principales líderes sindicales conformaban la segunda línea de sostén del gobierno, encabezados por Lorenzo Miguel, jefe de las 62 Organizaciones y líder del gremio metalúrgico. Casildo Herreras, el titular de la CGT, había desaparecido de escena días antes, cuando partió rumbo a Uruguay. Otros dirigentes, como Jorge Triaca y Ramón Baldassini mantendrían una posición expectante. Y otros, correrían peor suerte. Como el combativo René Salamanca, de Smata Córdoba, que fue secuestrado y asesinado por fuerzas de seguridad el mismo 24 de marzo. Y Oscar Smith, de Luz y Fuerza Capital, secuestrado el 11 de febrero de 1977 y desaparecido a manos de una patrulla militar clandestina. Entre los dirigentes políticos de la oposición se destacaban Ricardo Balbín, líder de la UCR, Oscar Alende, del Partido Intransigente, el ex presidente Arturo Frondizi y Rogelio Frigerio, desde el MID, Francisco Manrique, del partido Federal, Álvaro Alsogaray, del partido Nueva Fuerza, y Rafael Martínez Raymonda, del Partido Demócrata Progresista, advirtiendo sobre la gravedad de la crisis. Raúl Alfonsín, líder del Movimiento de Renovación y Cambio del radicalismo, era otra voz de referencia de la oposición más frontal, tanto frente al gobierno de Isabel Perón como ante el inminente golpe militar. Jorge Rafael Videla, Emilio Eduardo Massera y Orlando Ramón Agosti, los tres comandantes en jefe de las Fuerzas Armadas mantenían interlocución directa con la Presidenta y sus colaboradores, y tras el derrocamiento, se hacen cargo del Gobierno como miembros de la Junta Militar. Días después, Videla sería designado Presidente de la Nación por la propia Junta de Comandantes en Jefe. En la segunda línea de los militares con actuación protagónica aparecen Luciano Benjamín Menéndez, Santiago Omar Riveros, Guillermo Suárez Mason, Ramón Camps y Albano Harguindeguy, entonces segundo jefe del estratégico I Cuerpo del Ejército, nombrado en los días finales del gobierno de Isabel al frente de la Policía Federal con autorización de asistir a las reuniones de gabinete y luego, instalada la dictadura, designado ministro del Interior. José López Rega, el ex hombre fuerte y monje negro del gobierno de Perón-Isabel Perón, como ministro de Bienestar Social y cerebro de la banda parapolicial conocida como "Triple A", ya no se encontraba en Argentina. Había huido del país ocho meses antes, el 19 de julio de 1975, tras el estallido social contra el "Rodrigazo" y la presión de las Fuerzas Armadas y el propio sindicalismo peronista. Entre los jefes de las organizaciones armadas, Mario Eduardo Firmenich era el máximo líder de Montoneros. Había pasado a la clandestinidad en septiembre de 1974 y mantenía una fuerte hostilidad con el gobierno de Isabel Perón. Se le atribuye una visión según la cual el golpe era considerado un paso necesario" o inevitable para "agudizar las contradicciones sociales y acelerar un proceso revolucionario". Lo secundaban Roberto Perdía y Fernando Vaca Narvaja. La otra organización guerrillera, el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) era liderada por Mario Santucho y Benito Urteaga, que mueren en un enfrentamiento con fuerzas del Ejército el 19 de julio del 76. Los principales referentes de la Iglesia tuvieron también una actuación relevante en los acontecimientos de la época. Raúl Primatesta, arzobispo de Córdoba, asumiría luego como presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, cargo que ocupaba Adolfo Tortolo. Victorio Bonamín, vicario castrense, y Pio Laghi, el nuncio apostólico, mantenían contacto permanente con los jefes militares. Otros, como los obispos Vicente Zaspe, Jaime de Nevares y Enrique Angelelli, sostendrán su actividad pastoral denunciando las violaciones a los derechos humanos previas y posteriores a la instalación de la dictadura. El 4 de agosto del 76, Angelelli fue asesinado, mientras regresaba de El Chamical a la ciudad de La Rioja. Robert Hill, embajador de Estados Unidos en Argentina entre 1973 y 1977, desempeñó un papel de observador estratégico y facilitador diplomático en los días previos y posteriores al 24 de marzo de 1976. Semanas antes de la fecha, Hill envió cables secretos a Washington detallando los planes de los militares. En el documento "Immediate 4675", predijo con exactitud que Videla sería presidente, el Congreso sería cerrado e Isabel Perón detenida. Hill mantuvo encuentros con líderes militares como el almirante Emilio Massera, quien le confirmó el 16 de marzo que "se harían cargo muy pronto" del gobierno. Hill incluso rechazó una petición de los militares para reunirse con el entonces secretario de Estado Henry Kissinger antes del golpe, argumentando que tal encuentro podría malinterpretarse como una instigación directa. José Alfredo Martínez de Hoz fue uno de los referentes empresariales más relevante de esos días. En 1976 era presidente de Acindar y líder del Consejo Empresario Argentino (CEA). Fue el mentor del plan económico del Proceso de Reorganización Nacional y asumió como Ministro de Economía el 2 de abril de 1976. El periodista británico Robert Cox, director del diario Buenos Aires Herald fue una de las pocas voces que desafió las órdenes militares de no informar sobre la represión ilegal, secuestros y desapariciones antes y después del golpe del 24 de Marzo. Decidió publicar cada caso de desaparición que contara con un respaldo legal (como un hábeas corpus), convirtiendo al Herald en un refugio para las denuncias de familiares de víctimas. Andrew Graham-Yooll, cronista del Herald, trabajó junto a Cox documentando la violencia política y las desapariciones desde antes del golpe hasta que fue forzado al exilio debido a las amenazas de muerte. Sobre la firma Newsletter Clarín Tags relacionados
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