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  • Ecos, de Soda Stereo: porque es un gran espectáculo y qué le falta para ser un emotivo recital

    » La Nacion

    Fecha: 22/03/2026 03:28

    Ecos, de Soda Stereo: porque es un gran espectáculo y qué le falta para ser un emotivo recital Estoy moviéndome, con mis propios latidos; llenando vacíos, así dice la canción de Soda Stereo que fue tomada como título y concepto de este espectáculo que acaba de ser estrenado en el Movistar Arena. Y con un Gustavo Cerati desde el más allá, convertido en una especie de avatar que (según cómo y quién lo vea) no hace otra cosa que llenar el propio vacío que ha dejado, a casi 12 años de su muerte y 16 del preludio de aquella despedida (cuando sufrió el accidente cerebrovascular en medio de una gira de conciertos). Soda Stereo en el Movistar Arena con Cerati, gracias a la IA. Sónica (@Sonica_mx) March 22, 2026 pic.twitter.com/awegYXWeaf Los títulos de los shows de Soda Stereo nunca son un detalle menor. Si para el último concierto que dieron los tres juntos (fue el 21 de diciembre de 2007) el título era Me verás volver, la connotación de este Ecos refuerza el significado de lo que se quiere mostrar. Una reverberación, por un lado; y la manera de ese efecto multiplicador que (de algún modo es el eco) pase del segundo plano al primero. En este show, el eco asume el rol protagónico. Y si acaso es posible proyectar las dos frases de aquella canción (la última de la cara B del segundo LP de Soda Stereo, Nada Personal, que cumplió 40 años meses atrás), hay aquí una disección, entre el ser humano que fue y esta construcción que se hace con un cruce efectivo de tecnologías y que no envejece (como sí lo hacen sus compañeros vivos). En ese plano es en el que reaparece el ex cantante de Soda, y que protagoniza el tramo más sofisticado de este show de magia. Porque, en definitiva, también hay algo de eso en poco más de hora y media de recorrido. ¿Lo viejo funciona? Claro que sí, el problema es que lo hemos dejado voluntariamente en desuso. La prohibición de tomar fotografías o realizar videos con celulares durante buena parte del show responde tanto al efecto que se quiere lograr como a la posibilidad de que el truco no salga bien cuando hay demasiados factores ajenos que pueden interponerse. Por supuesto que el show no fue vendido desde la prohibición sino desde la posibilidad de disfrutar con el corazón. Bien. Todo espectáculo teatral o musical nos ofrece esa posibilidad. No hay novedad aquí. Pero dejar el celular en el bolsillo garantiza la visión directa al escenario. Probablemente, cuando este método tecnológico gane sofisticación y no quede a merced de unos miles de inescrupulosos que molesten con la luz del celular, seguramente no se objetará el uso de los teléfonos. De hecho, fue en este mismo estreno que apenas el escenario cobró brillo y luz suficiente para enfocar con nitidez, afloró el instinto animal de levantar el celu y disparar. Eso ocurrió masivamente en una de las canciones del show (porque las condiciones técnicas lo permitieron o porque la abstinencia de pantalla, tras una hora de espectáculo, doblegaba cualquier fuerza de voluntad que se quisiera interponer). Por otro lado, no está mal de vez en cuando escuchar y mirar un concierto de música. Y llevarse el recuerdo guardado en un lugar que no sea el celular. Mucho más, cuando media algo que, por estos tiempos, escasea: la sorpresa. Generalmente, frente a una gira de conciertos de un grupo o solista famosos, cuando llega a la Argentina, la mayoría del público, gracias a redes sociales, ya sabe, de principio a fin lo que va a suceder. Lo vio en Youtube porque ese grupo o solista ya dio treinta conciertos alrededor del mundo. Ecos tuvo, en esta primera instancia, el sabor de la sorpresa, por todo lo que, en la previa, entró en el mundo de la suposición y la especulación. Y, sobre todo, la discreción. Pasado el primer concierto y con la magia todavía intacta (porque desde bambalinas no se espoilea cómo fue creado este Cerati), vale señalar algunas particularidades de este show. Por un lado, y por más que haya un campo de gente de pie dispuesta a saltar y corear el nombre de la banda en cada pausa musical, Ecos no es un recital. Es un show, calculado en milímetros, con un guión, sin posibilidades de espontaneidad ni improvisación. Es cierto que la mayoría de los shows a gran escala que hoy vemos son así. Cada artista tiene marcada desde la entrada hasta el momento de un tema donde levantará una mano o las palabras exactas que deberá pronunciar para saludar al público. En ese sentido, la culpa no es de Soda sino del modo como en esta tercera década del siglo XXI se producen eventos musicales para arenas y grandes estadios. Es justo decir que, de las propuestas virtuales, la de Soda escala a lo más alto de lo que se ha visto últimamente. Y es de gran ayuda la solidez del repertorio, que es la mejor materia prima con la que se pueda trabajar: Nada personal, Cuando pase el temblor, Persiana americana, Zoom, Ciudad de la furia, Juegos de seducción, Primavera 0, Prófugos y De música ligera, entre tantas otras. Sin embargo, hay instancias que juegan a favor y otra que van en contra. Por un lado, la calidad de las músicas permite que el público pase un rato muy agradable. Por otro, la expectativa mayúscula sobre cómo será la exposición de Cerati acapara protagonismo y puede dejar al resto en segundo lugar. Y es ahí cuando se torna en un desafío la necesidad de sorprender con cada cuadro escénico (es decir: con cada canción). Entre el juego de telones semitransparentes, las penumbras y las luces fuertes la atención está puesta en descubrir a ese fenómeno virtual que canta. Y la memoria emotiva hace su trabajo, por supuesto. Los más fans se emocionan. Pero, ¿qué sucede después del cuarto o quinto tema? Y es en ese momento (minutos más, minutos menos) en el que, si la propuesta no genera sorpresas todo el tiempo, se puede caer en una sucesión de efectos reiterativos. Si con tanto calor de luces el cantante no transpira, difícilmente lo veremos llevarse su mano al rostro y distraerse un instante (a menos que el gesto sea parte del libreto y transpire cada noche del mismo modo en el mismo momento). Lo cierto es que ningún recital es igual al siguiente; pero los shows virtuales (o parcialmente virtuales), sí. Y es aquí donde podemos hacernos la pregunta. ¿Por qué ser espontáneos (dejar el celular en el bolsillo y llevarnos el recuerdo en el corazón) cuando lo que se ve sobre el escenario no lo es?

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