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  • La muerte del ex comisario Jaisal Adón y el crimen de la videocasetera

    Gualeguaychu » El Dia

    Fecha: 21/03/2026 20:47

    Parece mentira, y hay quienes aún dudan que ese haya sido el verdadero móvil del homicidio que en aquel tiempo espantó a la opinión pública. Habían matado a golpes, con un elemento romo y destrozándole el cráneo, a un ex policía, a sólo tres cuadras de la catedral San José. Para 1989, Gualeguaychú era un lugar tranquilo, sin mayores sobresaltos más que los económicos a los cuales estamos acostumbrados. El crecimiento de la ciudad se mezclaba con la idiosincrasia de un pueblo que se resistía a abandonar, o a resignar, ciertas conductas que la caracterizaban. Pero hasta en los lugares más recónditos del planeta, donde nunca pasa nada, hay días que quedan guardados en la memoria de sus habitantes, y hasta el día de hoy hay quienes se acuerdan de lo que sucedió con Jaisal Alejandro Adón. Horrendo y espeluznante Esos fueron los términos que se utilizaron en los diarios para titular en agosto de 1989 lo que había ocurrido con el Comisario Inspector retirado de la Policía de Entre Ríos que había sido encontrado sin vida en el interior de su domicilio en San José 226, entre San Juan e Ituzaingó. Para ese momento en que los diarios hicieron público lo que había sucedido, la noticia ya corría como reguero de pólvora por la ciudad. Los programas de radio, que no tenían que esperar tanto para dar detalles de lo ocurrido, seguían el minuto a minuto de una investigación que en un principio se mostraba cerrada y misteriosa. Nada se sabía sobre el móvil del terrible crimen. Jaisal Alejandro Adón tenía 68 años cuando el 23 de agosto de 1989 abrió la puerta del garage de su casa y fue atacado con un elemento romo (sin puntas) y contundente, que le destrozó el cráneo. Su cuerpo fue hallado al lado del Citroën que se guardaba en el lugar. Este hombre había sido Subjefe de la Jefatura Departamental de Concordia y su hijo, Héctor Alejandro Adón, que en 1989 era Inspector Mayor, estaba a cargo de la misma Jefatura en la que su padre había ejercido años antes, por lo cual, lo sucedido en Gualeguaychú golpeaba fuertemente a toda la familia policial. En un principio el móvil del robo había sido descartado por dos cuestiones. Por un lado, la puerta no había sido violentada, por lo cual se estableció que la víctima conocía a su asesino. La hipótesis era que le había abierto la puerta, sin la sospecha de lo que ocurriría después. Lo único que en un principio se confirmó que faltaba en la casa era una videocasetera y esto llamó la atención, pero como todo lo demás estaba en su lugar y no había nada revuelto, la primera teoría del móvil no fue la de una muerte por robo. A partir de esto, la investigación se orientó hacia otro lado, como ser una posible venganza o algo que tuviera relación con el pasado policial de la víctima, pero con el correr de las horas esa videocasetera que faltaba jugaría un rol clave en la causa y permitiría llegar al autor del hecho. Pasto seco El ataque ocurrió en la noche del 23 de agosto, pero se cree que Jaisal Adón agonizó alrededor de una hora. Cuando lo encontraron a la mañana del día siguiente, había logrado arrastrarse unos metros hasta la puerta de acceso de la casa sobre la calle San José. Tenía una media colocada hasta la garganta. Pero con el correr de las horas se confirmó que no sólo se habían llevado una videocasetera, sino también una suma de dinero y un par de anillos de oro, que sumaban en total más de un millón de australes (la moneda argentina de aquellos tiempos). Ya comenzaba a hablarse de los asesinos, porque dada la modalidad del crimen se creía que más de una persona había actuado en el crimen. Para el sábado 26 ya se tenía a tres personas detenidas, pero solo una de ellas fue la que finalmente quedó como imputada. Se trataba de un joven de 20 años, conocido como pasto seco en referencia a su pelo. Néstor Arturo Antonio Quintana fue detenido por tener en su poder la videocasetera de Adón. La encontraron en su domicilio de Doello Jurado 1168, casi Rocamora. El juez de Instrucción, Celestino Toller, fue quien tuvo a su cargo la investigación y como era común en aquellos años y hasta el 2013, el mismo magistrado que dirigía la causa e imputaba al sospechoso, era quien estaba a cargo de suministrarle las garantías. Un rol algo esquizofrénico, como supo calificar años después otro Juez de Instrucción de Gualeguaychú. Quintana se mantuvo siempre en silencio. Nunca abrió la boca. Pese a que había sospechas de que no había actuado solo, este joven decidió no declarar. Y así fue como llegó al juicio. Sin responsabilizarse y sin involucrar a terceros. Pero eso cambiaría años después cuando en el debate realizado en Gualeguay dio su versión de los hechos e involucró a dos ex policías. Toller lo imputó de Homicidio agravado en concurso real con robo simple. Se le dictó prisión preventiva y por cuestiones de seguridad fue trasladado a la Unidad Penal de Gualeguay hasta el inicio del juicio que comenzó el 27 de abril de 1992. Dos policías involucrados Entre el 27 y 28 de abril de 1992 declararon tres peritos y 14 testigos, pero los magistrados dispusieron un cuarto intermedio hasta el 8 de mayo porque entendieron que era necesaria la presencia de un joven a quien se señaló como el encargado de vender la videocasetera que había sido sustraída de la casa de Adón. Como esa persona vivía en Buenos Aires o en el sur del país, no estaba muy claro dónde residía, se necesitó de tiempo, pero una vez que se logró comunicarlo y traerlo al juicio, su palabra no agregó nada importante a lo que ya se tenía. Hasta ese momento, una de las declaraciones más significativas había sido la de Héctor Alejandro Adón, hijo de Jaisal y jefe de Policía de Concordia. Este hombre dijo conocer a Quintana y precisó que el joven conocía los movimientos de la casa; y sabía que su padre vivía solo. Incluso reveló que la víctima le había contado pocos días antes que Quintana había concurrido a la vivienda de la calle San José junto a un familiar, con la excusa de que quería ingresar a la Policía. Pero lo más importante vino después, cuando el juicio se reanudó el 8 de mayo. Ese fue el día en que Quintana decidió hablar por consejo de su abogado, Virgilio Cardozo. Dos años y nueves meses después del hecho aseguró que no había hablado por temor a represalias de parte de las personas que sindicó como los autores. Narró que el 23 de agosto de 1989, alrededor de las 20, se encontraba junto a Jaisal Adón en la vereda de la casa y de allí pasaron a una de las salas. Estaban sentados en un sillón, mirando televisión y conversando, cuando tocaron el timbre de la casa. Adón atendió por la puerta del garage, e inmediatamente oyó que entraba gente corriendo. En su declaración mencionó que vio a la víctima tirada en el piso del garage y a dos ex policías que conocía, a quienes identificó con nombre y apellido. Dijo que uno tenía una herramienta en la mano y el otro tenía un arma. Cuando lo vieron se acercaron hasta él, y el que tenía el arma lo tomó del cabello y le dijo: quédate tranquilo, a vos no te va a pasar nada. Relató que logró escapar cuando lo llevaban hacia un apartamento interior que ocupaba a veces el hijo de Adón cuando llegaba a Gualeguaychú. Pudo zafarse del hombre que lo tenía tomado y por una puerta que estaba abierta se escapó. Luego de allí se fue al bar de Campostrini, se tomó una naranjada y se fue a su casa. Pero el relato no terminó allí. Para explicar lo sucedido con la videocasetera, contó que tomó el bolso con elementos de fútbol y se fue para la casa de su novia. Se subió a un colectivo y como conocía al colectivero, el chofer le habría ofrecido el aparato para ver películas y lo tomó. Llevala, le habría dicho el colectivero, pero Quintana no pudo bajar en la casa de su novia porque había mucho barro y por eso regresó a su casa con la videocasetera en su poder. Un relato demasiado extraño. Dijo que recién al día siguiente se enteró de la muerte de Adón y que no dijo nada por miedo. Fue en ese momento en que tomó conocimiento que faltaba una videocasetera de la casa de Adón y entonces se acordó del colectivero. Como lo conocía, se la llevó para regresársela, pero Quintana cayó detenido cuando el colectivero lo marcó como la persona que le había querido vender la videocasetera. En su alegato, el fiscal Antonio Cirigliano enumeró una a una las inconsistencias en el relato de Quintana y destacó que no sólo fue el hecho de la videocasetera lo que implicó al joven acusado. No tenía coartada. Había confirmado que estuvo presente en el crimen y que luego escapó. Además, en un martillo de zapatero y en una campera vaquero que le secuestraron, había rastros de sangre compatible con la de Adón. Incluso, unas zapatillas Adidas y el bolso que reconoció haberse llevado de la casa, también tenían vestigio de sangre, pese a haber sido lavados. Otra de las pruebas que lo incriminaron fueron los pelos hallados en la media que tenía Adón en su boca. Eran coincidente con otros rastros que fueron cotejados a los encontrados en la campera de Quintana. Todo lo comprometía y su relato carecía de toda credibilidad. Probado, con grado de certeza Para la Justicia no hubo dudas respecto a la participación de Quintana en el caso. La única pregunta que restaba responder era si había actuado solo; y esto nunca llegó a esclarecerse con el grado de certeza que se necesita y por ello Quintana fue el único imputado y condenado a 13 años de prisión. Existió una movilización pidiendo la libertad de Quintana, luego de haber sido condenado. Esa marcha se realizó frente a la Municipalidad, y fueron los funcionarios de aquel momento los que recibieron a los familiares. El concejal Ernesto Mindeguía, el secretario de Servicio Público Pablo Baffico y el secretario de Gobierno Daniel Irigoyen escucharon los reclamos y denuncias que tenían como objetivo que se investigue a los dos ex policías que habían sido nombrados por Quintana en el juicio, pero eso era menester de la Justicia. Se la llamó la marcha del silencio, en clara resonancia con lo que ocurría en otros puntos del país, principalmente con lo sucedido con María Soledad Morales en Catamarca, que fue asesinada en septiembre de 1990. Un hecho casi inédito, ya que en Gualeguaychú no se recuerda otra movilización de estas características, escribían los diarios de aquella época. La madre de Quintana denunciaba ante los grabadores de los periodistas: Queremos que se haga justicia. Mi hijo que está detenido no fue culpable de lo ocurrido, simplemente fue testigo del hecho. Y a las personas que Néstor nombró en el juicio, queremos que se las detenga y se las investigue, porque no es justo que vivamos con esta gente. Lo cierto es que nada sucedió judicialmente con estos dos hombres. Lo único que la historia retrata fue la condena de Quintana. Tras permanecer un corto periodo de tiempo en la cárcel de Gualeguay, fue trasladado a la Unidad Penal 2 de Gualeguaychú a cumplir con los 13 años. Se supo que mantuvo un buen comportamiento. Luego, y con los dos tercios de la condena cumplida, comenzó con sus salidas transitorias hasta que finalmente recuperó la libertad. El llamado caso Adón fue uno de los sucesos policiales más recordados en Gualeguaychú.

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