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  • Tras la decapitación del régimen islámico, se impone en Irán un liderazgo coral marcado por luchas de poder

    » La Nacion

    Fecha: 21/03/2026 19:08

    Tras la decapitación del régimen islámico, se impone en Irán un liderazgo coral marcado por luchas de poder Las sucesivas muertes de altos funcionarios dejaron el campo libre para el ala dura de la teocracia iraní, con la Guardia Revolucionaria más fuerte que nunca - 5 minutos de lectura' BARCELONA. Hasta el asesinato del líder supremo de Irán, el ayatollah Ali Khamenei, la estructura de poder de la república islámica era bastante clara. Khamenei tenía la última palabra en todos los asuntos políticos de calado, como el programa nuclear y las negociaciones con Occidente. Tras su muerte, se abrió una lucha por el poder entre las diversas facciones del régimen. Ali Larijani, director del Consejo Supremo de Seguridad Nacional y penúltima víctima de los asesinatos selectivos israelíes, formaba parte del sector más pragmático. Con su asesinato, el liderazgo del país se ha vuelto más coral y el sector duro del régimen, articulado en torno a la Guardia Revolucionaria, sale reforzado, lo que aleja un poco más el fin de la guerra con Estados Unidos e Israel. Los equilibrios y las luchas de poder en la república islámica, como suele suceder en todos los regímenes autocráticos, no son precisamente transparentes. Además, el hecho de que su diseño institucional sea muy complejo, con numerosas instituciones sui generis conectadas entre sí, no facilita la interpretación de sus dinámicas políticas internas. Sin embargo, existe un consenso entre los expertos en señalar que, desde su fundación en 1979, la figura del líder supremo ha ido adquiriendo poder en detrimento del presidente, un cargo electo a través de las urnas. Y a la sombra del líder supremo, otra institución ha ido acumulando poder hasta convertirse en un poder fáctico: la Guardia Revolucionaria, guardia pretoriana del régimen y principal ejecutora de la represión de las sucesivas oleadas de protesta de los últimos años. Batalla por el poder La preeminencia de Ali Khamenei no derivaba sólo de las atribuciones de su cargo reconocidas en la Constitución, sino también de la personalidad del líder y de su capacidad de tejer relaciones con las demás instituciones. Por eso, se preveía que, al menos al inicio de su mandato, el nuevo líder supremo fuera una figura más débil e influenciable, lo que abrió una auténtica batalla entre las diversas facciones del régimen, como contó esta semana The New York Times citando fuentes que participaron en la elección. A grandes rasgos, se configuraron dos coaliciones, una que apostaba por el hijo del difunto líder supremo, Mojtaba Khamenei, para que mantuviera la línea inflexible y desafiante de su padre. Dentro de este grupo se encontraba la Guardia Revolucionaria, así como otros influyentes halcones del régimen, como el presidente del Parlamento, Mohamed Ghalibaf. El otro campo, que apostaba por una figura más moderada predispuesta a retomar las negociaciones con Washington, estaba integrado, entre otros, por Ali Larijani, el presidente Masoud Pezeshkian, o el expresidente Hassan Rohani. El relato de la elección del nuevo líder está lleno de intrigas y giros propios del guion de un thriller político, con el uso de las últimas voluntades de Ali Khamenei como recurso de última hora para invalidar la apuesta por Mojtaba Khamenei. No en vano, Ali Khamenei consideraba que la elección de su hijo como líder del país pondría en peligro la legitimidad de la república islámica, dado que podría ser acusada de haberse convertido en un sistema hereditario, como la denostada monarquía del sha. En cualquier caso, los esfuerzos del sector pragmático fracasaron, y los halcones ahora dirigen el país. Un hecho que no está nada claro es cuál es el estado de salud de Mojtaba Khamenei, y hasta qué punto ha tomado realmente las riendas del país. Dado que no ha hecho ninguna aparición pública, desde Washington y Tel Aviv se apunta que podría estar gravemente herido. Otra interpretación posible es que se esconde para evitar ser víctima de un nuevo asesinato selectivo de Israel. Sea como fuere, parece evidente que todo el poder de decisión ya no está concentrado en manos del líder supremo, sino que ahora Irán se encuentra bajo una dirección coral, con la Guardia Revolucionaria como institución clave. La muerte de Larijani, probablemente el individuo más influyente en el régimen, no ha hecho sino reforzar aún más la hegemonía de la Guardia, una especie de Estado dentro del Estado que dispone de decenas de miles de miembros. Más allá de la poca popularidad del misterioso Mojtaba Khamenei apenas había hecho alguna comparecencia pública antes de su elección, un aspecto importante que debilita su figura es el no contar con unas lustrosas credenciales religiosas. De acuerdo con la Constitución, el cargo de líder supremo debe ser ocupado por un teólogo de reconocido prestigio, es decir, un gran ayatollah, grado al que aún no había accedido el último dirigente de la dinastía Khamenei antes de su nombramiento. Así pues, cuál será la configuración exacta de los equilibrios de poder dentro de la república islámica añade una incertidumbre más en el atribulado futuro de Irán.

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