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Fecha: 21/03/2026 15:12
Joaquín se incorporó a Huracán de Parque Patricios casi por casualidad, cuando un buscador de talentos conocido de su entrenador lo vio en el club de su barrio, SITAS (Sociedad Italiana de Tiro al Segno), donde Larrivey creció jugando entre amigos. Cuando estaba a pocos meses de terminar el secundario y la idea de ser futbolista no figuraba en sus planes, el destino quiso algo distinto. Casi no hice inferiores y mi primer partido fue en la reserva. Ocurrió algo muy loco, porque de jugar en el club pasé a estar en una cancha con 5000 espectadores, con mi viejo y mis amigos en la tribuna, en un partido preliminar a la primera, cuenta Joaquín acerca de sus inicios en el Globo. Los 36 goles que marcó en tres temporadas en Huracán y su rol destacado en el ascenso del Globo a primera división dirigido por un joven Antonio Mohamed fueron el motivo que le dio sustento a su primer apodo: Larrigol. Teníamos un equipazo con grandes jugadores como Walter Coyette, Cristian Cellay, Cristian Sánchez Prette, Claudio Úbeda, Leandro Grimi. Y durante esos años, en Huracán se formaron jugadores como Mariano Andújar o Daniel Osvaldo, que se fueron rápido porque el club no los pudo retener. Igual que a mí, que me surgió la oportunidad de jugar en Europa, explica el delantero, cuyo paso exitoso en el Globo le abrió la puerta del Viejo Continente: en 2007, con 23 años, partió a Cagliari de la Serie A de Italia. Fue una experiencia muy valiosa porque vivir en un país nuevo, con un idioma diferente y todo tan joven me marcó; fue un crecimiento personal enorme y me ayudó a forjar mi carácter y mi manera de ser. Imaginate la magnitud del cambio que mi segundo partido fue contra Juventus, donde me hacen un penal y ganamos 3 a 2. Una fiesta, dice Joaquín, que construye un diálogo abierto y entretenido, y refleja en el relato su agradecimiento por todo lo que le brindó el fútbol, más allá de la alegría de los goles. Cuando lo miro a la distancia me doy cuenta de que di saltos muy grandes, porque de estar con amigos terminando el secundario en El Palomar, luego jugar en el Nacional B y al poco tiempo emigrar a Italia, fue un cambio gigante, pero a la vez muy enriquecedor, dice el futbolista. En su paso por el conjunto del sur de Italia protagonizó una situación que lo acercó a los hinchas de Cagliari más allá de sus goles y ocurrió en un encuentro amistoso frente a Bastía, un conjunto rival de la isla de Córcega que finalizó en una pelea generalizada y que Larrivey recuerda así: Fue un partido de pretemporada que tiene historia porque es un clásico y arrancó muy picado desde el comienzo con muchas patadas. Me tocó entrar cinco minutos antes de la jugada que desató la pelea y yo participé en el momento que le pegan a un compañero en el que primero intento separar y luego salgo en su defensa. En esa trifulca recibí y devolví porque la situación llevó a eso. No es algo de lo que me sienta orgulloso, pero lo volvería a hacer porque fue por defender a un compañero y paradójicamente fue algo que me marcó positivamente con la gente de Cagliari porque valoraron ese gesto de mi parte. En Cagliari, a pesar de aportar algunos goles no logró continuidad y en 2009 regresó a Argentina para jugar una temporada a préstamo en Vélez Sarsfield donde vivió una situación que sin dudas fue un hito en su carrera porque con el cuadro de Villa Luro logró el título de liga venciendo en la final, nada menos que al Huracán de Ángel Cappa en un encuentro que lo tuvo como protagonista y que estuvo signado por una serie de sucesos particulares. El partido estuvo muy cerca de disputarse sin público porque una epidemia de Gripe B llevó al Gobierno a declarar emergencia sanitaria y suspender una serie de eventos públicos y a extender el periodo de vacaciones en los colegios, pero el fútbol pudo más y finalmente se jugó con la presencia cerca de 50.000 hinchas. El partido polémico Si bien le tengo un cariño enorme a Huracán soy profesional y dejo todo para la camiseta que visto y así fue en ese partido. Los dos equipos tenían grandes jugadores. En Vélez estaba Nicolás Otamendi, Sebastián Dominguez, Maxi Morales, Fabián Cubero, imagínate que el arquero suplente nuestra era Marcelo Barovero. Lo mismo en Huracán donde jugaban Javier Pastore, Matías Defederico, Eduardo Domínguez, Patricio Toranzo entre otros, relata Joaquín de un partido que estuvo suspendido porque durante el primer tiempo se desató un intenso granizo. A varios de mis amigos que estuvieron ese día la piedra les abolló el auto, recuerda el centro delantero. Ese paso por Vélez fue muy lindo por el título logrado, pero además porque en cada partido venía toda mi familia y muchos amigos, y eso fue algo que nunca más se repitió, sostiene.Pero la jugada que marcó a Larrigol y que resultó determinante fue el choque que protagonizó con el arquero Walter Monzón con quien jugó en inferiores de Huracán y que derivó en el único y definitivo gol que le dio el triunfo al Fortín en un encuentro marcado por numerosas polémicas. Fui a buscar una pelota frente al arquero a la que llegamos los dos juntos y cuando chocamos yo intento recoger las piernas para no pegarle, pero nos golpeamos fuerte los dos. Yo quedé muy dolorido y no vi cómo siguió lo que finalmente fue gol, recuerda Joaquín de aquella jugada que el árbitro Gabriel Brazenas convalidó. Vi mil veces el partido y la jugada y cada vez que me lo preguntan sostengo que yo hubiese cobrado foul pero el que define es el árbitro y no el jugador y Brazenas siempre sostuvo que para él no hay falta, sostiene Larrivey acerca de una jugada y de un partido en el que el juez tuvo un protagonismo espacial porque entre otras polémicas no cobró un evidente penal de Carlos Chiche Arano a Cubero que merecía la expulsión entre varias jugadas destacadas. Después de Velez volvió a Cagliari, donde logró sacarse la espina y tener una última temporada con un buen rendimiento y 10 goles; luego, regresó a nuestro país por una situación especial. En ese momento le pedí al presidente de Cagliari, con quien tuve una excelente relación, que me deje estar en Argentina porque operaban del corazón a mí mamá y necesitaba estar cerca y accedió, cosa de la que siempre estuve agradecido. Y así fue que actuó durante un semestre en Colón. Luego de un paso por Atlante de México partió a España, donde defendió primero la camiseta de Rayo Vallecano y luego la celeste de Celta de Vigo. Creo que mi mejor momento futbolístico y donde me sentí más pleno fue en España, en Rayo Vallecano y Celta, afirma Larrivey, que destaca su paso por la Liga, donde volvió a dejar como huella indeleble 24 goles, 12 en cada equipo y en la que anotó en aquel recordado triunfo por 1-0 frente al Barcelona de Leo Messi, Neymar y Luis Suarez dirigido por Luis Enrique. No fue el gol más importante deportivamente, pero si el más mediático porque fue la primera vez que Celta le ganó a Barcelona en el Camp Nou. Fue un lindo gol por la asistencia que recibo de taco de Nolito. De ese partido me llevé como recuerdo la camiseta de Leo que todavía conservo. Además de ese tenía otra que cambiamos cuando yo jugaba en Rayo Vallecano, pero esa se la regalé a un gran amigo, recuerda el Bati Larrivey. Para el delantero, el mundo es ancho y tiene poco de ajeno porque desplegó su fútbol por destinos que para muchos pueden parecer exóticos. Jugué en Emiratos Árabes y en Japón, y en los dos países tuve grandes experiencias deportivas y de vida. En lugares tan distintos se aprende mucho si uno va con la cabeza abierta y con predisposición para descubrir y disfrutar, cuenta Joaquín, que durante el tiempo que jugó en Emiratos conoció a su mujer, Agostina Reinoso. Nos contactamos por redes sociales durante unas vacaciones en Argentina y al poco tiempo de conocerla le propuse que me acompañara. Fui a la casa a conversar con los padres, porque yo me llevaba a la hija a la otra punta del mundo y nos habíamos conocido hacía poco tiempo. El padre es nada menos que Gerardo La Vieja Reinoso, ex futbolista surgido de Independiente, que también jugó en River y Boca y se transformó en ídolo en Chile. De la hija y del viaje conversamos dos minutos, y después una hora de fútbol, cuenta divertido Joaquín. El corto noviazgo fue suficiente para cimentar la pareja que al tiempo se convirtió en matrimonio y que sumó una primera hija que nació en Japón y un segundo chiquito que vio la luz en nuestro país. Estuvimos casi dos años y la pasamos muy bien a pesar de la barrera que significa el idioma. Teníamos un traductor que nos acompañaba a todos lados y terminó siendo un amigo de la familia. Él estuvo en el parto cuando nació mi primera hija y participó como uno más de la familia porque estaba junto a mi mujer traduciendo lo que decían las enfermeras y el médico. Fue una situación muy loca que recordamos con mucho cariño, explica Joaquín. Larrivey relata su periplo como jugador con una naturalidad que sorprende y que a muchos estresaría con sólo imaginarlo, pero él no se cansa de repetir que su lugar y el de su familia es el mundo, que disfrutan de los cambios y los viajes. Sólo me falta jugar en Oceanía, porque en África estuve en un partido de pretemporada en Marruecos, por lo que jugué en cuatro continentes. Ni pensar en el retiro A los 36 años, cualquier futbolista comienza a pensar en el retiro y a planificar su vida futura, pero Joaquín Larrivey se rebeló al mandato y encontró su mejor momento deportivo en Universidad de Chile. En 2020 surgió una posibilidad a través de un gran amigo de mi suegro, el también argentino Sergio Superman Vargas [ex arquero de Independiente y leyenda del fútbol chileno], que era director deportivo de la U. Me contactó y me planteó que estaban interesados en mí. Me entusiasmó la propuesta, porque a esa altura de mi carrera yo priorizaba que me dieran la posibilidad de jugar y tener continuidad en el arranque porque me tenía una fe ciega de que iba a pagar con goles. Y así fue, cuenta el delantero, que marcó 43 tantos en dos temporadas y que comenzó a estirar su carrera a fuerza de buenos desempeños y de encuentros con la red.Su paso por Chile dejó una muy buena impresión y luego de jugar dos temporadas en la Serie B de Italia, a los 39 años lo convocó Magallanes, un club que buscaba defender la permanencia en primera división apostando por su experiencia y sus goles: Hoy elijo jugar en un lugar donde creo que me valoran y me necesitan, y eso fue lo que sentí cuando fui a Magallanes. Además, mi mujer Agostina y mi familia les entusiasmaba volver a Chile y eso también inclinó la balanza. Deportivamente fue un golpe muy duro, porque primero perdimos la categoría por un punto y en la temporada siguiente quedamos afuera de la promoción por el ascenso, y perdimos la semifinal de la Copa Chile. Pero el reconocimiento de la gente, más allá del resultado fue algo impagable y de lo que voy a estar siempre agradecido, dice Larrivey de su paso por Magallanes. La última escala de este delantero interminable es Deportes Concepción, adonde Joaquín llegó en 2025, y a fuerza de su aporte de goles y de liderazgo consiguió el ascenso a primera. Después de 18 años el conjunto lila volvió a la máxima categoría, en una final épica contra Cobreloa en la que asistieron 30.000 espectadores, un marco inusual para esta división. Fue volver a vivir lo que sentí con Huracán con 20 años, pero ahora con 41, dice Larrivey, que en ese torneo fue elegido como mejor jugador de la temporada. Larrivey es uno de esos tocados por una varita mágica porque atraviesa una carrera deportiva exitosa y pero a la vez extensa que lo llevó a recorrer tres continentes, ocho países y a marcar 267 goles, siendo el cuarto goleador argentino en actividad. Hoy, con 41 años, sigue batallando como el primer día, aunque dejó atrás la melena y hoy luce un prolijo corte a máquina, sin abandonar su andar vertiginoso y su romance con la pelota y el gol. Hoy padre de tres hijos, Faustina 8 años, Milo 7 y Antonio de solo 6 meses, antes de cada partido busca enfocarse y para esto su principal aliada es la música. Al momento de elegir inspiración suena Bersuit Vergarabat, que lo ayuda a poner los pies sobre la tierra y olvidarse de todo lo vivido para centrarse en el aquí y ahora: Por eso no hay que olvidarse, que de tanto galopar el polvo suele engañar y el caballo desbocarse, le dice al oído el Pelado Cordera. En el dialogo abierto y ameno que Larrivey mantiene demuestra que, si bien todavía se siente futbolista, pretende seguir ligado a la actividad tras el retiro. Su deseo es ser entrenador: Hoy miro el juego de manera diferente, me proyecto y en cada situación pienso que haría si yo fuese el técnico. Ya tengo un equipo de trabajo armado con el que interactuamos y discutimos, porque el día que tenga la oportunidad quiero que me encuentre preparado, afirma, aunque al mismo tiempo dice: Por ahora tengo contrato por dos años, así que este no creo que sea el último.
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