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Buenos Aires » Infobae
Fecha: 21/03/2026 09:01
En medio de la escalada de tensiones en Medio Oriente, Dani Dayan, ex cónsul de Israel en Nueva York, estuvo en Buenos Aires para encabezar el traspaso de la presidencia de la Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto (IHRA, por sus siglas en inglés), que ahora lidera Argentina. Durante su viaje a la capital argentina, diálogo con Infobae sobre el rol de la Alianza, el contexto internacional marcado por el conflicto en Irán, y el aumento del antisemitismo tras el ataque terrorista de Hamas del 7 de octubre. Destacó la iniciativa del presidente Javier Milei de postular a la Argentina para liderar la IHRA, y consideró que podría servir de impulso para que otros países latinoamericanos se acerquen a la organización. En ese sentido, analizó la relación de América Latina con la memoria del Holocausto y lamentó que, muchas veces, la política exterior de los gobiernos de la región interfiere con el compromiso de recordar la Shoá. Señaló como ejemplo la salida de Brasil de la IHRA bajo la presidencia de Lula, criticando la tendencia a confundir la postura hacia Israel con el deber universal de combatir el antisemitismo. Tras el atentado del 7 de octubre, Dayan advirtió sobre el aumento de comparaciones erróneas entre ese ataque y el Holocausto, indicando que, aunque existen similitudes en cuanto a la violencia y la intención genocida, las diferencias históricas y de escala son notables. No obstante, afirmó que el antisemitismo ha crecido en la región y también en Estados Unidos, especialmente en espacios universitarios, donde la incitación desde sectores académicos representa un serio riesgo social: Hace años que en las universidades de Estados Unidos y de Europa, principalmente, se está diseñando, se está formando una teoría pseudoacadémica, pseudocientífica, pseudointelectual, que llama a la eliminación del mapa del Estado de Israel, del Estado judío. Respecto al conflicto con Irán, el ahora ex presidente de la Alianza lo calificó como una amenaza existencial para Israel y una preocupación global, destacando la relevancia de la respuesta preventiva de Israel y Estados Unidos ante el desarrollo de misiles iraníes: Irán tenía un plan de trabajo que iba a culminar en algún momento con un 7 de octubre balístico. Por último, consideró que una eventual caída del régimen es posible, pero no seguro: Al final es la decisión del pueblo iraní si sale a las calles o no. Sin embargo, aclaró que, aunque la República Islámica logre sobrevivir, un debilitamiento del régimen persa beneficiaría la paz mundial, ya que restaría recursos a Teherán para financiar el terrorismo y avanzar en sus amenazas nucleares. Una caída del régimen abriría horizontes increíbles para el Medio Oriente y el mundo, concluyó. -Su visita a la Argentina se da en un momento complejo en Medio Oriente. Me gustaría empezar hablando del motivo de su viaje al país y que nos cuente un poco de la Alianza. -El motivo principal es la toma de mando de la IHRA, de la International Holocaust Remembrance Alliance, la Alianza Internacional del Recuerdo del Holocausto, de Israel a la Argentina. Israel tuvo la presidencia de la organización desde el primero de marzo del 2025 al primero de marzo del 2026 y ahora la presidencia la asume la Argentina. Yo fui presidente durante el año de la presidencia israelí y Marcelo Mindlin, el presidente del Museo del Holocausto de Buenos Aires, y la embajadora Fabiana Loguzzo van a ser los presidentes durante la presidencia argentina. IHRA es una organización muy importante. Son treinta y cinco gobiernos que forman una alianza dedicada exclusivamente al recuerdo del Holocausto. El hecho que el presidente Milei decidió presentar la candidatura argentina para la presidencia es muy indicativo. Argentina hoy es el único país latinoamericano que es miembro de la Alianza y espero que eso cambie durante la presidencia argentina. Aunque hubo algunos signos, soy un poco pesimista. Por ejemplo, Brasil, que era observador en la Alianza, Lula decidió retirar en un acto realmente inexplicable, que no hay manera de justificarlo. En medio de una ola de antisemitismo en todo el mundo y de negación del Holocausto, hacer retirar a un país como Brasil de la Alianza del Recuerdo del Holocausto es imperdonable. Y tampoco Uruguay, que es el otro observador, lamentablemente está muy inactivo en la Alianza. Hace un año, ya como presidente, visité Montevideo, me reuní con el canciller Lubetkin y creía que quizá iban a acceder a ser miembros, no solo observadores, pero no sucedió absolutamente nada. Por el contrario, no llegaron al plenario que se organiza en Jerusalén el año pasado. Pero quizás haya otros países latinoamericanos que, usando la presidencia argentina, se van a unir a la Alianza, primero como observadores, es un proceso, y después como miembros. Es muy importante porque el Holocausto es algo universal. Por supuesto, ocurrió en Europa, por lo tanto, los países europeos están más involucrados, pero no hay ninguna justificación el hecho que Argentina sea el único país latinoamericano miembro de la Alianza. -En el último tiempo hubo algunos cambios de gobierno en ciertos países que se han mostrado más cercanos a Israel, como los casos de Paraguay, Bolivia, y hace una semana asumió Kast en Chile. ¿No ve positivo esto para que haya nuevos miembros en la Alianza? -Mira, tendría que ser en un mundo perfecto, quizá utópico. Eso no tendría que tener ninguna relevancia. Cuál es tu actitud hacia Israel, cuál es tu actitud hacia Netanyahu, tu actitud ante el conflicto con los palestinos. No tendría que tener ninguna importancia en el tema del recuerdo del Holocausto y la lucha contra el antisemitismo. Pero no estamos viviendo en un mundo perfecto, en un mundo utópico y lamentablemente hay gobiernos, también en Latinoamérica, que confunden entre sus posiciones políticas y el deber universal de recordar el Holocausto para que no ocurra nunca jamás; no solo a los judíos, sino a ningún otro grupo étnico o religioso. -Esta postura la vimos en la región después del ataque terrorista del 7 de octubre. ¿A qué lo atribuye? -En muchos casos hay una combinación de ignorancia y maldad. Por supuesto hay quienes hacen esa comparación entre el 7 de octubre y el Holocausto, pero es una comparación no vigente. El 7 de octubre no es una continuación del Holocausto, no es el Holocausto 2.0. Son dos hechos completamente distintos. Hay, por supuesto, similitudes: la crueldad, la intención genocida, pero las diferencias son enormes, no solo en la magnitud. La gran diferencia entre el Holocausto y el 7 de octubre es que en el Holocausto los judíos estábamos a la merced de otros. Las comunidades judías del continente americano, de la tierra de Israel, rogaban a Roosevelt y Churchill que bombardeen las vías de tren que conducían a Auschwitz. Ahora hicimos lo necesario, lo que consideramos necesario, aun cuando había críticas para defender a los judíos. La comparación entre el Holocausto y el 7 de octubre también es contraproducente. Eso es lo que Hamás quiere. Terrorismo es terrorizar a la población de tu enemigo. Si nosotros, judíos israelíes, vivimos en la conciencia que estamos otra vez llegando a Auschwitz o llegando al gueto, Hamas ganó. Pero lamentablemente hubo mandatarios latinoamericanos que no solo hicieron la comparación, sino hicieron una comparación malvada, la comparación entre Israel y los malos de aquella época. Puedo traer como ejemplo a Lula, que ya lo nombramos, y más que a nadie, a Petro, en Colombia. Petro dice que visitó Auschwitz y él sabe de lo que se trata. Mira, no sé si visitó Auschwitz, pero te puedo decir con seguridad, que si visitó Auschwitz, no entendió absolutamente nada. -Trump está centrando mucho su política exterior en la región. De hecho hace pocos días encabezó la cumbre Escudo de las Américas. ¿Su influencia podría ayudar? -Sí, por supuesto que es importante, pero ante todo quiero elogiar la decisión del presidente Javier Milei de presentar la candidatura argentina a la presidencia de IHRA. No era obvio. Es la primera vez que la presidencia de IHRA pasa al hemisferio sur, y a un país latinoamericano. Dijimos que Argentina es el único miembro latinoamericano y el hecho que él presentó la candidatura y fue aprobada unánimemente por los treinta y cinco miembros, por supuesto con el apoyo de Israel, es muy significativo en un mundo como en el que estamos viviendo con olas terribles de antisemitismo. No hablo solo de los ataques a Israel. En las últimas semanas hubo ataques contra sinagogas en Michigan, en Ámsterdam, en Rotterdam, en Lieja, en Toronto Sin hablar de las masacres que hubo en Australia, en Bondi Beach, en la sinagoga de Manchester, en Yom Kipur y en otros lugares. En ese sentido, la comunidad judía argentina, las comunidades judías latinoamericanas y en especial la argentina, están viviendo una realidad distinta. Argentina está demostrando al mundo que se puede actuar de una manera diferente. La amistad de Javier Milei hacia Israel, la forma clara y moral en la cual él ve la situación de Israel, la situación del mundo, el antisemitismo, es realmente impresionante. Unos amigos me preguntaron quién es más popular en Israel, si Milei o Messi, y creo que Milei ya es más popular. -Usted bien decía que no hay comparación entre lo que fue el Holocausto y el 7 de octure. Sin embargo, desde el ataque de Hamas vimos un preocupante repunto del antisemitismo. ¿Considera como muchos que es el momento de mayor antisemitismo desde la época del Holocausto? -Ninguna duda. Eso es un hecho que es indiscutible. Mira, te voy a decir. En el verano del 2022 llegó a Yad Vashem el presidente norteamericano Biden. Yo era el anfitrión y lo acompañé de su coche a la sala del recuerdo. Ahí lo esperaban el presidente de Israel, el primer ministro, pero tenía unos minutos para estar solo con él. Decidí decirle dos cosas. La primera cosa que le dije: Señor Presidente, es importante que entienda que Israel no fue creado gracias al Holocausto, sino pese al Holocausto. No es un premio de consuelo que el mundo nos dio a los judíos por haber sido exterminados un tercio de nuestro pueblo. Al contrario, tuvimos que luchar por nuestra independencia, tanto contra los británicos como contra los árabes. Y lo tuvimos que hacer en el momento más débil de nuestra historia, cuando recién tres años antes, un tercio de nuestro pueblo fue diezmado. La segunda cosa que le dije, y eso es relevante a tu pregunta: Mire, si usted quiere entender a los israelíes individualmente y colectivamente, incluyo al gobierno de Israel y algunas de sus decisiones, usted tiene que saber, estar consciente que el Holocausto está omnipresente en nuestras mentes. Está siempre acá -se señala la cabeza-. Y de eso, por supuesto, me acordé el 7 de octubre, cuando escuchábamos relatos de madres tapándole la boca a los chicos para que no lloren y no los descubran. Eso es Holocausto clásico. Ahora con el surgimiento del antisemitismo ante todo, no hay duda que el 7 de octubre destapó algo que existía, no creó algo, lo destapó. En cierta manera le dio legitimidad a algo ilegítimo; le dio excusa a algo inexcusable. El odio a los judíos y al Estado judío, es el denominador común de todos los extremistas. Extrema derecha, extrema izquierda, extremo islamismo y otro tipo de extremismo. Se odian entre ellos -la extrema derecha odia a la extrema izquierda, la extrema izquierda odia a la extrema derecha y a la extrema islam-, pero cuando se llega al antisemitismo y al odio al Estado judío, no solo que no se odian, sino que son aliados, crean sinergia. Veo gente de extrema derecha likeando un tuit de alguien de extrema izquierda, y viceversa, pero solo cuando es respecto a los judíos. Y eso es algo patológico. ¿Cómo se combate eso? Por supuesto, la educación es la primera y la medida más importante. Pero yo no soy ingenuo para creer que la educación solo va a cambiar todo. Por lo tanto, se necesita también leyes y reforzar las leyes de antiodio, antisemitismo, antidiscriminación. Me dicen: ¿Por qué decís antisemitismo? ¿Por qué no decís antirracismo?. Por supuesto que yo estoy totalmente opuesto a todo tipo de racismo, pero nunca me olvido que el antisemitismo, estadísticamente, empíricamente, es la forma más letal de racismo que ha existido, por lo menos en los últimos cien años. -Hicimos bastante foco en América Latina, ¿pero le llamó la atención la magnitud de manifestaciones en Estados Unidos, sobre todo en sus universidades? -Mira, yo fui cuatro años cónsul general de Israel en Nueva York. Conozco muy bien las universidades, las entidades élite, las universidades más prestigiosas de la costa oriental. Hablé prácticamente en todas. Y también mi hija estudió durante cinco años en la Universidad de Columbia, y era muy activa en la actividad proisraelí. Así que creía que nada me podía sorprender. Pero cuando sucedió el 7 de octubre y empecé a escuchar lo que sucede en Columbia, en Yale, en la Universidad de Nueva York, en Harvard, en la Universidad de Pensilvania, me sorprendió muchísimo. Y decidí viajar a verlo personalmente. Viajé unas seis semanas después del 7 de octubre, y me encontré con las presidentas de Columbia, de la Universidad de Pensilvania, y con estudiantes judíos. Ante todo, los encuentros con los estudiantes judíos, por un lado, era muy deprimente. Por otro lado, me alentaba ver realmente chicos y chicas con coraje y con determinación. Pero lo interesante fueron las reuniones con las presidentas. No entendían el problema en absoluto. Y si lo entendían, lo ocultaban porque no tenían coraje para enfrentarlo. En Estados Unidos llaman a los presidentes de las universidades, a los rectores, a los decanos, los llaman administrators -administradores-. Ese día entendí por qué. Porque actúan como administradores. Qué tarjeta de plástico va a abrir esta puerta y qué no va a abrir, de quiénes abre y de quién no abre Pero no había ninguna actitud moral, nada. Cuando les encaré, les dije: ¿Cómo permiten en la universidad, no solo a estudiantes, también a profesores, enseñar, no solo demostrar que hay que eliminar de la existencia al Estado judío de una manera automática?. Todas me contestaban lo mismo: la libertad de expresión, la libertad académica, la primera enmienda de la Constitución. Y yo le dije: Mira, decime la verdad. Si un profesor de Sociología en tu universidad escribe un artículo, un libro, una conferencia, una charla en la que dice que hay que sacar de la sociedad a toda la comunidad LGBTQ, ¿no lo despedís al día siguiente?. Por supuesto que sí, y con razón. Pero si llama al aniquilamiento, al exterminio del Estado judío, hay muy buenas posibilidades que lo promuevan a un cargo más alto. Por lo tanto, eso es hipocresía. Hasta que no entiendan que el llamado al exterminio del país, del Estado judío, es una forma de racismo. Yo estoy mucho más preocupado por los profesores que incitan, que por los estudiantes incitados. Y te digo que no empezó el 7 de octubre, empezó mucho antes, pero el 7 de octubre tomó más fuerza. Hace años que en las universidades de Estados Unidos y de Europa, principalmente, se está diseñando, se está formando una teoría pseudoacadémica, pseudocientífica, pseudointelectual, que llama a la eliminación del mapa del Estado de Israel, del Estado judío. Y hasta que las universidades no entiendan que eso es una posición que no puede ser parte del discurso, de la conversación, va a seguir el problema. Me acuerdo decirle a una de las presidentas de las universidades, algo que me costó decirlo, porque esas comparaciones para mí como presidente de Yad Vashem son muy difíciles de hacer Le dije: Señora, la Universidad de Heidelberg, en Alemania, en los años veinte del siglo pasado, era un bastión de liberalismo. Diez años después, le daban el respaldo pseudocientífico, pseudo intelectual, pseudo académico a Adolf Hitler. Y la Universidad de Heidelberg va a ser recordada hasta el fin de la historia como la universidad que le dio el respaldo a los nazis. ¿Cómo va a ser recordada Columbia? Y te voy a decir algo más. Hay una idea romántica que dice que causas avanzadas por intelectuales, sobre todo por estudiantes, son siempre positivas. A veces están adelantadas a la historia, como la oposición a la guerra de Vietnam o la lucha por los derechos civiles de los afroamericanos en el sur de Estados Unidos. Pero al final entendimos todos que tenían razón. Eso es una mentira tremenda. Los que quemaron libros en las escaleras de la Universidad de Berlín no eran las masas ignorantes de Berlín, eran los profesores y los estudiantes. Y eso de alguna manera se repite. -Lo paradójico es que estamos hablando, en el caso de Estados Unidos, del país con la mayor comunidad judía, fuera de Israel. -Y sí, y te voy a decir algo más. Yo solía decir, y todavía lo digo, pero ya con algunas reservas, que no estamos en Alemania de los años treinta, no estamos en Europa de los años treinta. Y la gran diferencia, yo solía decir, es que en Alemania de los años treinta, el antisemitismo venía de abajo y de arriba, del pueblo y del gobierno, y aplastaban a los judíos. Y hoy hay gobiernos que muestran su antisemitismo contra Israel, pero no hay gobiernos antisemitas clásicos. Cuando miro lo que está pasando ahora en Nueva York, ya no estoy tan seguro. -¿Se refiere al alcalde Zohran Mamdani? -Sí. -Me gustaría pasar a la coyuntura actual. ¿Cómo ve el conflicto con Irán? -Hay quien dice que esta guerra fue una guerra, digamos, de discreción; no era que Israel Estados Unidos eligieron hacer una guerra. No es verdad. Yo muchos años era ingenuo y creía que ese reloj que hay en una plaza en Teherán que cuenta los días hasta que Israel va a ser eliminada, va a ser exterminada, era una bravata. Me llevó tiempo entender que era un plan de trabajo. Era un plan de trabajo que iba a culminar en algún momento con un 7 de octubre balístico. Nosotros nos despertamos el sábado de una fiesta judía, Simchat Torá, el 7 de octubre a las seis y media de la mañana con un ataque terrorista al sur de Israel. Un ataque tremendo que dejó mil doscientos muertos, y más de doscientos cincuenta secuestrados. Pero nos podíamos también despertar ese 7 de octubre, o el 7 de octubre, yo qué sé, del 2029, con un ataque de centenares de misiles balísticos de Irán y misiles del Líbano y de Gaza, con el ejército no preparado para la defensa civil, con la fuerza aérea no preparada para interceptar. Y eso hubiese sido mortal. No era lo que sucedió el 7 de octubre, que fue terrible, pero no fue mortal. Eso hubiera dejado centenares de miles de muertos en un país de nueve millones de habitantes, y ciudades completamente destruidas. No sé si eso hubiera ocurrido bajo la cúpula de una Irán nuclear, cualquier cosa podía suceder. Por lo tanto, lo que se hizo ahora fue realmente, en el mejor uso de la palabra, un ataque preventivo para un peligro existencial para Israel y para el mundo. Cuando Irán desarrolla un programa de misiles balísticos intercontinentales, no son solo para Israel. Irán e Israel están en el mismo continente. Intercontinentales son para Europa y para los Estados Unidos. Y es algo quizá irónico que una persona como Donald Trump, que digamos, yo quiero hablar diplomáticamente, una persona distinta al estadista convencional, fue el que lo entendió. El que lo entendió y decidió tomar acción. Y eso es realmente impresionante. -¿Las protestas en Irán influyeron en esa decisión de Trump? -Me imagino que sí, que eso también lo impulsó. Dijo también que no va a permitir que siga sucediendo eso, pero me imagino que cuando algunos documentos se publiquen, vamos a saber más y mejor cuál fue el trigger, lo que llevó a esa decisión. Pero es una decisión histórica, esa decisión que, lamentablemente, una persona como Neville Chamberlain en Gran Bretaña no tomó en 1937 y 38 y a principios del 39. -Llevamos más de tres semanas de conflicto. ¿Ve factible una caída del régimen? ¿Y qué representaría esto, no sólo para Israel, sino a nivel global? -Puede caer, pero no es seguro. Al final es la decisión del pueblo iraní si sale a las calles o no, y puedo entender por qué hay aprensión hoy a salir a las calles después de una masacre de treinta mil manifestantes. Pero un cambio de régimen traería un mundo mucho mejor, mucho más pacífico, mucho más estable. Abriría horizontes increíbles para el Medio Oriente, para todos los países del Medio Oriente y para todo el mundo. Pero debo decir, aun si no sucede, una Irán debilitada es, por supuesto, importante. Si Irán va a tener en los próximos años que tener que dedicarse a su reconstrucción, inclusive militar, no va a tener los recursos para exportar terrorismo, para financiar grupos terroristas en todo el mundo y, por supuesto, sin la amenaza nuclear. -Para cerrar y agradecerle por su tiempo, después de todo lo que hablamos, me interesa conocer cuáles son las actividades que realizan en la Alianza, en relación tanto al Holocausto como al auge del antisemitismo post 7 de octubre, también cuáles son los desafíos a futuro ante este contexto que tenemos hoy. -La Alianza es una organización sui generis porque es un mix, una mezcla de diplomáticos y expertos. Los jefes de las delegaciones son generalmente diplomáticos de las cancillerías, pero los miembros de las delegaciones son expertos, historiadores, directores de museos, etcétera. Y eso le da a la Alianza un tipo de profundidad que otros organismos internacionales no tienen. Hoy tenemos un problema en todo el mundo de preparar una nueva generación de investigadores del Holocausto, porque investigar el Holocausto es difícil, se necesita saber idiomas europeos, checo, húngaro, polaco y uno de los proyectos que iniciamos es un seminario internacional, dirigido por Yad Vashem, para preparar una nueva camada de investigadores. Otra de las iniciativas de nuestra presidencia fue preparar un nuevo set de guías, de cómo educar sobre el Holocausto. Educar sobre el Holocausto es un desafío, es educar sobre un trauma sin traumatizar, educar en distintas edades, basarse en el futuro y no solo en el pasado. Otra decisión que se tomó en la plenaria, que se llevó a cabo en Israel, es también llamar a los gobiernos miembros en IRA a proteger las instituciones de estudio del Holocausto, los museos del Holocausto, que lamentablemente también ellas están en ataque. Cuando digo proteger, no solo financiar, sino protegerlos inclusive físicamente. Yo tuve la deprimente vivencia de acompañar al presidente de Israel Herzog a la inauguración del Museo del Holocausto en Ámsterdam, y vi con mis propios ojos cuando el rey, junto con un sobreviviente del Holocausto y su nieto, cortaron la cinta y pusieron la mezuzah -lo que se pone en las casas judías-, y a cincuenta metros de ellos manifestantes les insultaban y les gritaban cosas antisemitas y antiisraelíes. Así que, lamentablemente, llegamos a una situación en la cual se necesita llamar a los gobiernos a proteger a las instituciones de recuerdo del Holocausto. Y te voy a decir que en IHRA las decisiones son tomadas por consenso, por unanimidad. Si no hay unanimidad, no se puede. Y si crees que fue fácil aprobar esa resolución, hubo países que tenían reservaciones, que tenían dudas si hay que hacerlo y por qué hablamos del 7 de octubre, del antisemitismo, y no mencionamos otras cosas. Estamos viviendo en un mundo, lamentablemente, en el cual hay que mejorar cosas. Yo tenía la ilusión que después del Holocausto íbamos a tener por lo menos doscientos años sin antisemitismo. No solo por el precio que nosotros los judíos pagamos, sino por el precio que el mundo pagó. Europa quedó destruida. Pero me equivoqué.
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