Contacto

×
  • +54 343 4178845

  • bcuadra@examedia.com.ar

  • Entre Ríos, Argentina

  • Cansancio digital: Cada vez más jóvenes recurren a prácticas vintages para desconectarse

    » La Nacion

    Fecha: 21/03/2026 07:58

    Cansancio digital: Cada vez más jóvenes recurren a prácticas vintages para desconectarse Atravesamos el pico de la innovación tecnológica. La inteligencia artificial se volvió omnipresente y las redes sociales viven su momento de mayor expansión: están en todos lados y, especialmente, entre los más jóvenes, que ya nacieron en esta era digital. Sin embargo, muchos de ellos buscan huir de ese ecosistema que los asfixia. En esa fuga priorizan su bienestar, su salud mental, su cuerpo y su creatividad. Para reducir el uso de pantallas, los jóvenes encuentran muchas veces la solución en prácticas manuales, vintage. Bárbara García Grassi, de 24 años y licenciada en psicología, lo vivió en primera persona: Arranqué con la costura a los 17 años y, desde hace un mes empecé con la cerámica. En su momento y hoy también, siempre fueron espacios en los que encontraba mi lugar. Podía explayar mi creatividad, algo que en otros aspectos de mi vida no me pasa. Yo valoro mucho mis tiempos, conmigo misma". Y añadió: Cuando empecé costura iba al colegio y hacía hockey, eran muchas actividades en grupo y me costaba encontrar esos momentos. Lo mismo me pasaba con las redes sociales, que siempre me sobrecargaron. La exposición constante y estar viendo cosas todo el tiempo me resultaba abrumador. Con esos momentos recargo energía, bajo diez mil cambios y, a través de las artes manuales, logro una tranquilidad que en otros aspectos de mi vida no alcanzo. Un camino similar atravesó Valentino Pavía, de 23 años, a mediados de 2023. Empecé cerámica por una situación personal en la que necesitaba desconectar y, a la vez, conectar con algo ajeno a mi rutina. Necesitaba salir de lo cotidiano, distraerme. Soy muy creativo, me gusta el dibujo y la pintura, y estaba buscando algo relacionado con el arte, contó. En la cerámica encontró lo que necesitaba. No quería un hobby como la lectura ni tampoco encerrarme en el celular o la computadora. Necesitaba algo distinto, salir de mi zona de confort y meter mano. Que no fuera algo tan frío como una pantalla. La cerámica era todo lo opuesto, me pareció espectacular, sostuvo. Aprendí un montón Y añadió: Hice un montón de piezas y me gustó mucho poder crear y hacer regalos para otras personas con algo hecho por mí. Incluso ahora puedo enseñarles a amigos que empezaron a hacer cerámica desde sus casas, y eso está buenísimo. Además, noté un cambio en mí: estoy más relajado. Me encantó. Formé un grupo divino y aprendí un montón. En el inicio del año, la consultora Voices realizó una encuesta a jóvenes de entre 18 y 24 años. Una de las preguntas del sondeo fue si habían intentado hacer un detox digital en los últimos 12 meses, es decir, tomarse un descanso de los dispositivos o de las redes sociales. Un 19% aseguró que lo intentó y lo logró, mientras que un 21% dijo haberlo intentado sin éxito. Por su parte, un 37% no lo hizo, pero le gustaría, y un 16% afirmó no estar interesado. El 6% restante no supo o no respondió. Para la psicóloga Belén Raffo, las redes sociales y pantallas para los jóvenes son un arma de doble filo: Así como facilita un montón de cosas, también vemos chicos con muchas dificultades para vincularse con el otro y tener experiencias reales, ya que todo pasa por lo digital. Chicos con muchísima ansiedad y depresión, por sobre todas las cosas, porque todo es tan inmediato que nada los termina de satisfacer. La dopamina que genera en el cerebro el scrolleo es tan inmediata como efímera, y hasta genera adicción. Y ni hablar de la autoestima, tan vulnerable en este momento de sus vidas, y tan manipulada por las redes sociales, que constantemente les muestran cuerpos y vidas que no son reales. Ante la soledad, la principal respuesta sigue siendo digital. El 51% recurre a las redes sociales y más de un tercio a los juegos online. Pero, empiezan a aparecer alternativas más analógicas o corporales: un 29% elige salir a caminar, un 28% pasar tiempo con mascotas y un 22% realizar actividades artísticas. Estamos viendo una relación ambivalente con la tecnología: los jóvenes siguen hiperconectados, pero al mismo tiempo crece el deseo de desconexión. El detox digital aparece como una forma de recuperar control sobre el tiempo, la atención y el bienestar. No es una vuelta romántica a lo analógico, es una reacción al cansancio digital. Los jóvenes no están dejando las pantallas, están tratando de sobrevivir a ellas, explicó a LA NACION Constanza Cilley, directora ejecutiva de Voices. Valentina Horiuchi tiene 24 años y es graduada en Psicología. Poco a poco intenta utilizar menos el celular y las redes sociales: A veces intento hacerlo porque te quedás scrolleando y se te pasa el día sin hacer nada, y eso me hace sentir mal, pero igual lo hago. Cada tanto hago un detox: borro las redes por un tiempo y trato de no usarlas. Sin embargo, para ella, no se trata necesariamente de elegir entre el mundo digital y las actividades manuales, sino que consigan cohabitar. Las redes sociales a veces te dan ideas, como Pinterest, TikTok o YouTube. Podés encontrar algo que te inspire y después llevarlo a la vida física, producirlo. Entonces siento que no es una relación tan causal, sino que muchas veces se retroalimentan. Por ejemplo, me inspiro en algo que veo y lo llevo a la práctica, o estoy haciendo algo y, si no sé cómo seguir, lo busco, contó. Y añadió: Es verdad que las redes sociales son muy estimulantes, te activan mucho la cabeza. En cambio, cosas como el crochet, donde repetís una misma acción, te llevan a un estado casi meditativo. Al principio cuesta, porque estás aprendiendo y te frustrás, pero una vez que le agarrás la mano, lo mismo pasa con pintar o hacer collage: entrás en un estado de tranquilidad, con tu mente y los materiales, pensando cómo crear algo que te guste. En ese sentido, es terapéutico y una buena alternativa. Su familia es japonesa y de chica le gustaba mucho hacer origami. También hacía otras manualidades como dibujar y escribir. En la secundaria las dejó un poco, pero en la facultad las retomó. Ahora hago crochet, empecé hace poco. También me gusta hacer collage, pintar y, a veces, origami. Lo que más hago es collage, sobre todo para regalar. Además, cada tanto trabajo con porcelana fría: hago anillos o accesorios, los tiño y los barnizo. Me gusta mucho todo lo que tenga que ver con crear objetos. Desde muy pequeña, Lucía von Büren, una venezolana de 25 años que vive en la Argentina desde hace casi ocho años y es estudiante, siempre expresó muchísimo interés por las artes manuales. Probó muchas actividades distintas y mantuvo ese vínculo a lo largo del tiempo. Desde su adolescencia, lo que le llamaba la atención era aprender a esculpir, pero por distintas razones nunca lo llegó a concretar. Muchísimos años después, ya estando en la Argentina, inicié terapia y mi psicóloga empezó a acompañar de cerca mi evolución artística y personal. Empecé a esculpir en 2024, en parte porque ella me estuvo animando durante meses a participar en actividades grupales fuera de casa. A su vez, yo quería explorar otra faceta de mí misma y tener un espacio en el que otras personas pudieran nutrirme y también dejarse nutrir por mí, explicó. Y agregó: Siento que es necesario tener actividades fuera de las pantallas que te obliguen a pensar y enfocarte en una sola cosa a la vez, de forma calmada. Personalmente valoro mucho el proceso y cierta lentitud que a veces conlleva elaborar algo manual, porque contrasta mucho con la inmediatez que suelen mostrar y vender las redes sociales. Conocer lo que uno hace y cómo lo hace requiere tiempo. Conozco mucha gente que le da más importancia al plano social de las actividades presenciales, y también es interesante ver cómo los demás construyen sus proyectos poco a poco: no hay trucos de magia. Te da otra perspectiva de cómo funciona crear en la vida real y de toda la parte más humana que hay detrás. En paralelo a esta tendencia, empezaron a surgir propuestas que buscan canalizar ese deseo de desconexión. María Magdalena Maimone, de 27 años, y Ramiro Pascuet, de 30, pareja y creadores del proyecto Somos Refugio (@somosre.fugio), decidieron dar un paso en ese sentido. Solían hacer talleres creativos como pareja y un día se preguntaron por qué no generarlos en lugar de esperar a que aparecieran propuestas que les interesaran. Así fue como decidieron crearlo y compartirlo. El proyecto autogestivo ya lleva dos años en funcionamiento. Es un espacio donde suceden diversas experiencias vinculadas al arte, pero con un foco claro en el encuentro y la presencia. Las propuestas son variadas: incluyen actividades de escritura, música y talleres regulares, tanto presenciales como online. Hay distintos formatos, algunos asincrónicos y otros más estructurados, pero el objetivo es siempre el mismo: que las personas se acerquen a su creatividad, a lo que tienen para decir, que se encuentren con otros, con el juego y que puedan habitar más el presente, alejándose un poco de la vorágine diaria, explicó Maimone. Y añadió: Lo que pasa en Somos Refugio es que, de alguna manera, el tiempo se suspende. Se diluye la idea de pasado y futuro, y uno entra en una especie de cápsula. De repente estás creando, observando o escuchando, y cuando te das cuenta, el tiempo pasó sin que lo percibas. No porque estés distraído, sino porque entraste en un flujo creativo o vincular con otros. Ahí es donde la gente realmente está presente en lo que está viviendo. En Refugio aparece mucho la sorpresa de no haber tocado el celular ni haber estado pendiente. A veces nos piden fotos a nosotros porque no sacaron ninguna. Creo que hay una búsqueda, consciente o no, de refugiarse de la dinámica en la que todos estamos inmersos hoy: la pantalla, la sobreestimulación, la sobreinformación. Además de salir de la pantalla, hay algo en la energía de hacer con nuestras propias manos que cada vez perdemos más. Eso no solo aparece en la escritura, se puede encontrar en otros ámbitos, como arreglar cosas en la casa o la jardinería. Es una forma de volver a conectar con algo más esencial. Y añadieron: También hay algo de lo analógico, de descubrir en el camino cómo hacer las cosas, en lugar de buscar inmediatamente la respuesta. Hoy, con la inteligencia artificial y herramientas como ChatGPT, uno tiende a preguntar directamente cómo se hace. En cambio, en estos espacios aparece la búsqueda: no sé cómo voy a hacerlo, pero lo voy descubriendo en el proceso. Y eso también tiene un valor enorme. Juliana Dicosimo, de 31 años, abrió en abril de 2025 su taller de cerámica Cobre Fugitivo (@cobre.fugitivo). Desde entonces, enseña y observa que muchas personas llegan al espacio en busca de desconexión. Lo manual es algo que logra desconectar un poco de lo que está sucediendo afuera: implica concentración y atención en lo que estamos realizando. Muchos de mis alumnos, en su primera clase, me dicen que vienen para despejarse, desconectarse del trabajo y de las redes, además del interés que tienen por aprender cerámica, explicó. Desde chica fue una apasionada por esta disciplina. Mi primer encuentro con la cerámica fue a los 11 años, en la Escuela de Estética de La Plata. Todavía conservo mi primera pieza: es una carita de cinco centímetros, pintada con colores rosas, celestes y amarillos, que tengo colgada en una pared de mi casa, sostuvo. Más adelante, continuó su formación en la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), donde en 2013 cursó una materia que terminó de profundizar su vínculo con la cerámica. Sobre el clima que se genera en el espacio, afirmó: No sabría decirte si se sienten mejor, pero lo que yo percibo desde mi rol es una buena energía, un espacio para compartir. Charlamos, contamos lo que nos pasó en el día, tomamos mate. Muchas veces se generan amistades: hay alumnos con los que después nos juntamos a comer o compartimos otros momentos. Es un espacio que se disfruta y que se busca, más allá de hacer cerámica. Para Raffo, estas actividades son esenciales para fomentar la desconexión con el mundo exterior y la conexión directa con el mundo interior de cada uno. Necesitamos, en primer lugar, nuestras manos. Y, en segundo lugar, requieren toda nuestra atención y concentración, por lo que es necesario dejar de lado el celular o cualquier aparato digital para poder realizarlas. Nos conecta con la creatividad, con la tolerancia a la frustración, con el deseo, explicó. Y concluyó: Este retorno a prácticas más vintage es muy eficiente para la regulación emocional y la sobreestimulación digital. Sumo también la actividad física, individual o en equipo, la cual me parece imprescindible para los jóvenes, más en estos tiempos. Últimas Noticias Ahora para comentar debés tener Acceso Digital. Iniciar sesión o suscribite

    Ver noticia original

    También te puede interesar

  • Examedia © 2024

    Desarrollado por