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  • "Mi segunda patria": los últimos días en Argentina del francés Michel Rolland y su vino especial que pronto saldrá a la venta

    » Clarin

    Fecha: 20/03/2026 14:57

    El video tiene apenas diez días. Se lo ve revisar el racimo, elegir el grano, probar la uva. Qué rico, vamos a cosechar esta semana, dice. Fue el último posteo en Instagram de Clos de los 7, su proyecto emblemático en Mendoza, antes de la muerte de Michel Rolland este viernes 20 de marzo. La escena lo pinta tal como fue, en un momento cualquiera de su rutina hasta sus últimos días en sus 78 años: nunca dejó de caminar los viñedos. Rolland falleció en su casa de Burdeos, Francia, pero había partido de Argentina el fin de semana anterior, sin saber que se despedía para siempre de su segunda patria, como solía llamar al país, para describir una relación entrañable que trascendía los negocios. Su historia aquí es más o menos conocida: llegó por primera vez en 1988 convocado por su colega Arnaldo Etchart para producir vinos en Cafayate, Salta, e impulsó una revolución que cambió el vino nacional para siempre, particularmente el Malbec. Ya por entonces Rolland no era sólo un enólogo prestigioso, había inaugurado una categoría profesional que no existía y le dio fama global, la del flying winemaker, que viajaba por el mundo asesorando bodegas en los lugares más remotos. Nunca dejó de volver. Su última visita fue una de las cuatro que hacía al año y una de las más especiales, porque coincidió con la vendimia, uno de los acontecimientos que más disfrutaba. El momento de la cosecha seguía entusiasmándolo como en su juventud y no quería perdérselo. Cómo fueron los últimos días de Michel Rolland en Argentina Llegó en los últimos días de febrero acompañado por su esposa Dany y su hija menor, Stephanie (el mayor es Jean-Michel), con quienes compartió casi toda su estadía. Se hizo tiempo para seguir de cerca todos sus proyectos, en los que le gustaba involucrarse personalmente a pesar de tener socios y equipos locales. Cenó en su propio restaurante de Puerto Madero, se entrevistó con clientes, hizo gala de su habitual buen humor. En Mendoza participó de la tradicional Fiesta de la Vendimia y almorzó una cazuela de chivito con su amigo Walter Bressia, enólogo y presidente de Bodegas de Argentina. Estaba fantástico, hacía chistes, se lo veía mejor que nunca y con mucha energía y ganas de trabajar. Me contó que tenía más de treinta proyectos en todo el mundo, observa Bressia. En Clos de los 7 lo sorprendió una tormenta fuerte que no lo detuvo a la hora de recorrer el viñedo. Quiso, como siempre, asegurarse de que la calidad de la uva fuera óptima. De allí se fue a Bariloche, donde lo esperaba la inauguración de un winebar con su marca dentro del hotel Radisson Blue. También se hizo tiempo para jugar al golf, otra de sus pasiones. Nos divertimos, lo pasamos bien, disfrutando la vida, como siempre con él, cuenta Gustavo Paolucci, su amigo y Director Comercial del Grupo Clos de los 7 que lo acompañó. Antes de volar de regreso a Burdeos, donde a los pocos días sufrió el sorpresivo infarto del final, Rolland dejó en Mendoza una de sus últimas creaciones. Un vino muy especial que venía soñando y aún no tenía nombre, un blend con lo mejor de veinte añadas. Él mismo había catado y armado el corte que planeaba lanzar en botella magnum, edición limitada. Un legado que ahora cobra otro sentido tras su partida y un símbolo de su lazo con el país. Sobre la firma Newsletter Clarín

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