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  • Música para las algas marinas: descifran el proceso clave de una crema facial que combate el deterioro de la piel

    Buenos Aires » Infobae

    Fecha: 20/03/2026 12:45

    Los beneficios de las algas marinas para la piel resultan amplios y están respaldados por cada vez más investigaciones científicas recientes. Pero ninguna de ellas es tan particular como la historia de una investigación en un laboratorio estadounidense, que demostró que el uso inteligente de recursos marinos, acompañado de procesos tecnológicos avanzados, puede maximizar los efectos beneficiosos de las algas sobre la piel y abrir nuevas vías en la cosmética científica. En un laboratorio de Long Island, científicos de la Estée Lauder lograron aislar el mecanismo que eleva a un producto emblemático de la cosmética a la categoría de mito moderno. El equipo, que trabajó durante años con registros, objetos y grabaciones del físico Max Huber, identificó que la combinación de biofermentación y estimulación sonora sobre las algas marinas permite obtener un ingrediente con propiedades singulares para la piel. La fórmula, protegida como secreto industrial y conocida como el Caldo Milagroso, constituye el eje de la crema facial Crème de la Mer, un cosmético con un valor comercial que ronda los 390 dólares por frasco de 57 gramos. El proceso de desarrollo no partió de la clásica experimentación química, sino de la reconstrucción detallada de los pasos originales de Huber, quien sufrió quemaduras y dedicó más de una década a formular una crema que ayudara a regenerar la piel. La búsqueda de la receta exacta llevó a los científicos a explorar no solo la composición de las algas, sino también los entornos y estímulos a los que eran sometidas. El primer indicio relevante surgió cuando observaron que los microorganismos presentes en las algas, al alimentarse de ellas, generaban un subproducto similar al buscado por Huber. La biofermentación emergió como la clave de la reacción, asociada tanto a la textura como al aroma final del producto. Sin embargo, la investigación avanzó cuando el equipo de Estée Lauder detectó que Huber utilizaba grabaciones de sonidos oceánicos y placas de cobre en su laboratorio. Al replicar estas condiciones, introdujeron vibraciones sonoras a través de los calderos con algas, lo que alteró la interacción molecular y permitió obtener un compuesto distinto al que surgía en ausencia de estos estímulos. Paul Tchinnis, uno de los responsables del laboratorio, relató: Me reí, la verdad; no podía ser que lo dijeran en serio. Tras comprobar que las ondas sonoras actuaban como catalizadores, el equipo consiguió reproducir la fórmula original y consolidó el método de producción. El Caldo Milagroso se convirtió en el pilar de la línea La Mer y en un estándar de culto en el universo del cuidado de la piel. El proceso no solo involucró química y tecnología, sino también el manejo de materias primas delicadas. Las algas utilizadas, recolectadas en la isla de Vancouver, se congelan de inmediato para preservar sus propiedades antes de llegar a la planta de Nueva York. El producto final mantiene una composición estable y una eficacia uniforme lote tras lote, en parte gracias al seguimiento estricto de condiciones de luz, temperatura y sonido durante la fermentación. La fascinación por este método radica en que la ciencia, y no el misticismo, explicó el éxito de la crema. Aunque la historia de Huber y la compañía está rodeada de relatos singulares, la base comprobable es la acción sinérgica entre la biofermentación de las algas marinas y la estimulación por vibraciones, que libera compuestos bioactivos de alto valor para la piel. La investigación inspiró a otros laboratorios a explorar el potencial de las algas como fuente de agentes funcionales para la cosmética y la dermatología. Avances en la ciencia de las algas marinas y la piel El interés por los extractos de algas marinas en la dermatología tiene raíces profundas. Estos organismos, reconocidos por su capacidad de adaptación y su riqueza en metabolitos, fueron estudiados durante décadas como fuentes renovables de compuestos funcionales únicos. Los avances recientes, presentados por la Biblioteca de Medicina de Estados Unidos, confirmaron que las algas contienen polisacáridos como fucoidano, laminarina y carragenano, además de pigmentos, aminoácidos y antioxidantes, todos con aplicaciones directas en la prevención y el tratamiento del envejecimiento cutáneo. La piel humana, que constituye el órgano más extenso y complejo del cuerpo, enfrenta múltiples desafíos ambientales. Su función como barrera protectora depende de una red de mecanismos biológicos sensibles a factores como la radiación ultravioleta (UV), la contaminación y los agentes patógenos. La exposición continua a la radiación UV, detalló la Biblioteca de Medicina de EEUU, produce radicales libres y especies reactivas de oxígeno (ROS), que activan cascadas de señalización y favorecen el fotoenvejecimiento y el daño celular. Frente a estos desafíos, los compuestos derivados de algas marinas demostraron poseer efectos antioxidantes, antiinflamatorios y protectores. Los polisacáridos como el fucoidano y la laminarina mostraron capacidad para eliminar ROS en células irradiadas, mientras que los aminoácidos tipo micosporina (MAA) se destacaron como filtros naturales de rayos UVA. La Biblioteca de Medicina de EEUU (NHI, por sus siglas en inglés) indicó: Las industrias del cuidado de la piel y los cosméticos se han convertido en dos de los sectores industriales de más rápido crecimiento y prosperidad. La demanda de productos anti-fotoenvejecimiento nuevos e innovadores está en constante aumento. Los resultados de diversos estudios clínicos, citados por la NIH, confirmaron que los extractos de algas como Undaria pinnatifida y Fucus vesiculosus favorecen la expresión de sirtuina 1, una proteína asociada con la longevidad y la protección celular. En ensayos realizados con extractos ricos en fucoidano y polifenoles, los investigadores observaron mejoras en la elasticidad, el tono y la hidratación de la piel, así como una reducción en los signos visibles del envejecimiento. Usos y aplicaciones de los extractos marinos en la cosmética El atractivo de las algas marinas en el mercado cosmético proviene de su versatilidad y eficacia comprobada. Los extractos obtenidos de diversas especies se integran en cremas, geles, sueros y mascarillas, donde aportan propiedades remineralizantes, alcalinizantes y exfoliantes. De acuerdo con la Biblioteca de Medicina de EEUU, muchas personas recurren a las algas para preservar la flexibilidad y el tono de la piel, aunque los beneficios van más allá de la simple hidratación. Los componentes bioactivos presentes en estos extractos favorecen la eliminación de toxinas, la reducción de la inflamación y la regeneración de tejidos. Una de las aplicaciones más valoradas es su capacidad para combatir el acné. Los extractos de algas marinas contienen agentes antiinflamatorios que pueden reducir brotes y minimizar la irritación. Además, su acción limpiadora permite extraer el exceso de líquidos y productos de desecho de la piel, mejorando el aspecto y la salud del tejido cutáneo. Además, el innovador proceso de biofermentación, potenciado por vibraciones sonoras, optimiza la liberación y estabilidad de los compuestos activos, ofreciendo una alternativa sostenible y natural frente a los ingredientes sintéticos. La incorporación de extractos marinos en productos de uso diario permite a los consumidores acceder a los beneficios de estos organismos, respaldados por evidencia científica y por la experiencia acumulada en la industria. La investigación sobre los beneficios de las algas marinas para la piel continúa ampliándose, con nuevas especies y técnicas de extracción que permiten identificar compuestos con propiedades específicas. El desarrollo de formulaciones resistentes al fotoenvejecimiento y a la contaminación ambiental se apoya en la capacidad de estos extractos para neutralizar radicales libres y reducir la inflamación, así como para modular los procesos biológicos responsables del envejecimiento celular. La innovación técnica, unida al conocimiento tradicional, posiciona a las algas marinas como un recurso central en el desarrollo de productos de alta eficacia y aceptación global.

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