Contacto

×
  • +54 343 4178845

  • bcuadra@examedia.com.ar

  • Entre Ríos, Argentina

  • Las varias funciones que tenía Adorni y ya no puede cumplir: ¿Por qué sigue?

    » TN

    Fecha: 20/03/2026 12:38

    El ascenso de Manuel Adorni al cargo que todavía ostenta, jefe de Gabinete, obedeció a un tiro a tres bandas de Javier y Karina Milei. Es decir, de él esperaban recibir al menos tres beneficios. Primero, consolidar una figura electoral exitosa en territorio porteño para no depender de Patricia Bullrich y mejorar las chances de desplazar al PRO de la ciudad que le dio origen. Conquistando la gestión de un distrito por primera vez para LLA, y uno además muy importante, podían abrir la puerta para ir por otras gobernaciones, con lo cual reducirían un hándicap en contra que vienen arrastrando desde su origen. Leé también: Según el recibo, el vuelo a Punta del Este de Manuel Adorni lo pagó una productora vinculada a la TV Pública Segundo, convertir la Jefatura de Gabinete en un instrumento dócil en sus manos, una repartición que pudieran manejar a control remoto, sin depender de actores ni siquiera mínimamente independientes, como había sucedido con Guillermo Francos, y antes, con peores resultados, con Nicolás Posse. Adorni sería un empleado obediente de Karina para supervisar la tarea de los ministros, sin que esta tuviera que exponerse a hacerlo directamente, y quedar afectada por conflictos menudos de la gestión. Lo que involucraba en particular la supervisión que ella pretendía ejercer sobre Diego Santilli, quien no casualmente se convirtió en ministro del Interior en simultáneo con el ascenso concedido al vocero presidencial, en noviembre del año pasado. Tercero, terminar de resolver la disputa interna con Santiago Caputo a favor de la hermanísima, y consolidar la disciplina del equipo de gobierno, premiando a los fieles y desalentando la emergencia de nuevos díscolos o disidentes. Es claro que el hundimiento de la figura de Adorni, por tanto, beneficia a Bullrich, a Santilli y a Caputo, probablemente en ese orden. Y es también claro que pone en aprietos la forma en que los Milei han venido trabajando para darle un poco más de cohesión y solidez a una gestión que luce en muchas áreas por completo inerte o desencaminada, y un poco más de variantes a un plantel dirigencial que tiene en verdad un único campeón electoral, y mucha tropa sin sex appeal, sin sangre, ni arrastre, ni vida propia. La idea que animó esta apuesta podía ser más o menos razonable. El problema fue, desde el principio, que el elegido no calificaba para cumplir esas funciones. En especial no calificaba para la segunda de ellas. Porque su experiencia en gestión y rosca era nula, y su capacidad de aprendizaje al respecto no parecía ser mucho mayor. Y los anuncios dirigidos a proveerle credenciales en esos oficios, como los que plantearon que la jefatura comenzaría a supervisar la asignación de recursos a las provincias, o que tendría reuniones regulares con el resto del gabinete, e incluso su inclusión en la mesa política (que con el tiempo se ha vuelto la única instancia más o menos efectiva de coordinación interna del Ejecutivo) no repararon esas falencias. Aunque lo cierto es que el pecado definitivo del ahora encumbrado funcionario correspondió con lo que se suponía que él sí sabía hacer: comunicar. Y es sin duda este el problema que vuelve desde ahora muy difícil que siga cumpliendo cualquiera de las tres misiones que los Milei meses atrás le asignaron. Adorni demostró, al reaccionar tan mal ante la primera crisis comunicacional seria que tuvo que enfrentar como jefe de Gabinete, y que lo involucra directamente, algo que ya se había insinuado cuando era vocero, aunque pasara un poco desapercibido: que estando en control de la situación y mientras pudiera direccionar la agenda y los roles en la conversación, las cosas podían salirle medianamente bien; podía elegir a los interlocutores más convenientes y cancherear con tuits y respuestas cortantes o agresivas, dosificando cuotas de información, cameleo y descalificaciones; pero en cuanto la cosa se complicara, porque surgían problemas que el gobierno no controlaba, en particular acusaciones que lo ponían en el banquillo y le quitaban el rol de máximo inquisidor, la agenda se le desordenaba, trastabillaba y mostraba alta propensión a meter la pata. Sucedió con el caso Libra, con Espert, con ANDIS, con cada complicación comunicacional que tuvo que atender. Así que no llama tanto la atención que, en cuanto los focos apuntaron a su persona, reaccionara aún peor. ¿Lo sostendrá mucho más Milei en el cargo? Es probable que intente hacerlo, porque no debe tener un reemplazo del que pueda esperar que le cumpla siquiera dos de tres de las misiones que le asignara a Adorni. Y también porque parece no haber aprendido mucho de la experiencia: ya le pasó con Espert, el presidente aguanto y aguantó, a la espera de que la tormenta mediática y judicial escampara, y terminó soltando lastre muy tarde, pagando costos importantes, y con un alto riesgo de pagar otros mucho mayores. La opinión pública entonces lo disculpó, tal vez principalmente por la propia sensación de crisis galopante, de estar al borde del abismo. Ahora que impera un mayor cansancio moral y económico frente a las políticas de gobierno, y no hay a la vista un abismo cambiario, financiero y electoral que discipline, tal vez las cosas sean aún peores para el prestigio del oficialismo y del propio presidente.

    Ver noticia original

    También te puede interesar

  • Examedia © 2024

    Desarrollado por