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  • Qué es el mindfulkiss, el beso consciente que activa un cóctel hormonal y reduce el estrés

    » Clarin

    Fecha: 20/03/2026 10:37

    En tiempos de hiperestimulación, vínculos acelerados y exigencia constante de rendimiento, incluso los gestos más íntimos corren el riesgo de volverse automáticos. Frente a esa lógica, empieza a ganar espacio una práctica inspirada en el mindfulness que propone frenar y volver al cuerpo: el mindfulkiss o "beso consciente". Lejos de ser una técnica nueva o una moda pasajera, el mindfulkiss apunta a recuperar algo que parece haberse perdido en la dinámica actual de las relaciones: la presencia. Así lo explica la psicóloga y sexóloga Jacqueline Orellana a Clarín, quien señala que este tipo de beso no cambia tanto por la forma de hacerlo, sino por el lugar desde el que se vive ese encuentro. Es un beso en el que la intención no es avanzar hacia otra cosa, ni cumplir con una expectativa, sino estar plenamente presentes en la experiencia", señala Orellana. Y explica que la diferencia con un beso tradicional no está en la técnica, sino en la posición subjetiva. Según la especialista, en muchos vínculos el beso se vuelve un gesto funcional: un saludo rápido, una antesala del sexo, una rutina más. El beso consciente, en cambio, suspende la prisa y la meta para registrar lo que sucede en el cuerpo y en la emoción. El cuerpo no es un objeto que usamos, sino el lugar desde donde vivimos el mundo. Un beso consciente recupera esa dimensión encarnada del vínculo: no es un gesto mecánico, es una experiencia vivida, asegura. Qué pasa en el cuerpo cuando el beso es consciente Desde el punto de vista biológico, besar activa un verdadero cóctel hormonal asociado al bienestar y al vínculo. Pero, según Orellana, cuando el beso se da de manera consciente, esos efectos pueden potenciarse. Un beso activa múltiples procesos neurobiológicos: liberación de oxitocina (hormona asociada al apego y la confianza), dopamina (placer y motivación), serotonina (bienestar) y una disminución del cortisol (estrés). Cuando el beso se da sin apuro ni distracción, el sistema nervioso sale del modo automático y ansioso. De acuerdo con la sexóloga, "la atención plena favorece la regulación emocional y la conexión segura". Y agrega: La oxitocina, especialmente, fortalece la sensación de cercanía y pertenencia. No solo aumenta el deseo, sino la sensación de estar con alguien y no simplemente al lado de alguien. Cómo practicar el mindfulkiss Orellana (@psi.sexologia) asegura que no requiere una técnica especial para practicar el beso consciente, aunque rigen ciertas condiciones para llevarlo a cabo correctamente. Bajar la velocidad, evitar distracciones como el celular o la televisión, registrar la respiración propia y la del otro, permitir que el beso dure más de lo habitual y prestar atención a las sensaciones corporales y emocionales son algunas de las claves. "Es importante que haya consentimiento y disponibilidad emocional. Si uno está apurado o desconectado, el ejercicio pierde sentido", subraya la experta. Qué puede cambiar en una pareja y qué beneficios trae Incorporar el mindfulkiss puede tener efectos concretos en los vínculos, tanto en relaciones largas como en encuentros recientes: "Puede generar mayor intimidad emocional, reavivar el deseo en parejas apagadas por la rutina, disminuir la ansiedad de rendimiento, fortalecer la conexión afectiva y mejorar la comunicación no verbal". En parejas estables, explica, ayuda a recuperar una dimensión erótica que no siempre pasa por el sexo. La dimensión erótica no siempre pasa por el acto sexual, sino por la presencia. Y en una cita, incluso, puede transformar por completo la experiencia. Puede convertir un gesto superficial en un momento memorable. "Un gesto de resistencia" Para la especialista, no es casual que hoy aparezcan conceptos como el mindfulkiss. Vivimos en una época de hiperestimulación, velocidad y rendimiento. Incluso el deseo y la intimidad quedan muchas veces atrapados en la lógica de la inmediatez. En ese contexto, frenar tiene un peso simbólico. Detenerse en un beso sin meta productiva es casi un gesto de resistencia. No busca optimizar la relación, sino sentirla. Y para ella, tal vez allí esté la clave del fenómeno. Quizás no necesitamos aprender a besar mejor, sino recordar cómo permanecer. En una cultura acelerada, detenerse en un beso es casi un acto contracultural". "Cuando el presente se vuelve frágil, cualquier gesto que nos devuelva al cuerpo y al encuentro real adquiere una potencia que va mucho más allá del beso", concluye. Newsletter Clarín

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