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» La Nacion
Fecha: 20/03/2026 09:58
A Nora Cárpena (81) le gusta decir que es una mujer de suerte. Que, afortunadamente, nació en el seno de una legendaria familia de actores su padre fue el actor y director Homero Cárpena y su madre, la actriz Haydée Larroca que le transmitió la pasión por el teatro desde la cuna. Y que, afortunadamente, le tocó ser parte del selecto grupo de actores fetiche del gran Alberto Migré, uno de los autores nacionales más prolíficos de radioteatros y telenovelas: sus creaciones, románticas y apasionadas, marcaron a fuego a generaciones de argentinos. Sí, soy una chica Migré. Si bien el teatro lo heredé de mis padres, entré a la televisión de su mano. Migré, con quien con los años nos volvimos muy amigos, me dio todo, asegura Nora en esta charla con ¡HOLA! Argentina. Porque un poco gracias a ser una chica Migré, la actriz no sólo hizo su gran debut televisivo a los 18 años, sino que también conoció a su gran amor: Guillermo Bredeston, el reconocido actor y productor con quien conformó una de las parejas más queridas del espectáculo. Para hacer Palmolive del aire, necesitaban una actriz nueva y sugirieron mi nombre. Migré me tomó una primera prueba y, al poco tiempo, me confirmaron que había sido elegida para hacer una novela en televisión. Yo había debutado en teatro con 12 años en Madrid, durante una gira que mi papá había organizado por España para llevar teatro argentino. Estar en televisión era un sueño. Cuando pregunté con quién iba a estar, me respondieron que sería Guillermo Bredeston. ¿Y hubo química desde el minuto uno? Me encantaba pero estaba casado [con Grece Silva, Bredeston tuvo un matrimonio de dos años]. Durante el primer año, por suerte, hubo bas tante coqueteo y uno o dos besos. Tomamos algún café, pero nada más que eso. No lo vi más hasta el año siguiente: entonces, él ya se había separado y vivía en un hotel. Ese año, nos fuimos a vivir juntos. ¿Cómo lo tomó tu familia? Fue difícil. Yo tenía 19 años: era chica. Mi papá no quería saber nada y tuvo un fuerte encontronazo con Guillermo. A mis padres, el enojo se les pasó un poco cuando quedé embarazada de Lorena [es la primera hija de la pareja, tiene 58 años; Nazarena es la segunda, de 55]. Pero imaginate: él todavía no estaba divorciado [en la Argentina, la ley de divorcio fue sancionada en 1987]. Más tarde nos casamos por Civil, pero no por Iglesia porque Guillermo ya lo había hecho con su primer matrimonio. ¿Te costó convivir con un galán? Y un poco. [Se ríe]. Cuando, por ejemplo, íbamos a hacer teatro en Mar del Plata, las chicas se paraban afuera de nuestro hotel para pedir le autógrafos. Estaba en su época de oro. Pero ¿sabés qué? Yo fui bastante engrupida: estaba muy segura de mí misma y del amor que tenía por él; y, a la vez, estaba segura del amor que él me tenía. Nos llevábamos doce años y estuvimos muy enamorados el uno del otro. Soy una afortunada por haber tenido un amor tan grande como el que tuve con Guillermo. ¿Cuál fue la fórmula para tener un matrimonio de más de cincuenta años? ¡No hay tal secreto! Teníamos muy buena relación y éramos muy buenos compañeros. Teníamos todo: desde las mariposas en la panza del comienzo hasta el buen sexo y la con versación. En los primeros años, fuimos románticos y apasionados, muy migrenianos porque Migré se te mete en la piel. Y, como sucede en casi todas las parejas, nuestra relación fue mutando, la pasión se fue transformando. También atravesamos crisis. Estuvimos más de un año separados porque se empezó a decir que yo lo engañaba con Alberto Martín, mi compañero en una de las novelas de Migré. Llamaban por teléfono a casa contando cosas que no habían ocurrido. Ya teníamos a nuestras dos hijas. Se volvió un tema nacional. Fue un momento muy difícil, pero, al final de ese año, volvimos a estar juntos. La unión de nuestra familia es nuestro mayor legado. Fuiste mamá en un gran momento de tu carrera. ¿Cómo hacías? Estuve un largo tiempo sin hacer televisión y, cuando volví, traté de organizarme: o sólo hacía tele o sólo teatro. ¡Vivía haciendo malabares!: pedía, por ejemplo, que me pusieran escenas en determinados horarios para poder llegar a los actos escolares o las reuniones de padres. Me acuerdo también de que, cuando estaba haciendo Rolando Rivas, taxista, las chicas me pedían que, cuando las buscara al colegio, fuera con un pañuelo en la cabeza: mi personaje, Natalia Riglos Arana, tenía el pelo tan colorado que llamaba demasiado la atención. [Se ríe]. A partir de 2011, la salud de Guillermo se fue complicando: al primer accidente cerebrovascular (ACV), se le sumaron otros cuatro más [empezó con problemas para caminar y después, dificultades para comunicarse; murió el 28 de julio de 2018 a los 84 años] El primer ACV fue circulatorio, isquémico, sangrante. Guillermo fumaba mucho: y siguió fumando incluso después del primer accidente. Me peleaba como loca con él, pero tuve que aceptarlo: cada uno es dueño de su vida. Con los otros episodios, decidí hacer internación domiciliaria: montamos todo en una habitación y teníamos un enfermero las 24 horas. Cuando me iba a Mar del Plata a hacer la temporada porque había que seguir trabajando para hacerles frente a los gastos, Guillermo iba en la ambulancia con el enfermero y yo, en el auto, detrás. En el último tiempo, casi no se despertaba, tenía botón gástrico y, si bien no hablaba, yo lo veía sufrir, lo veía llorar. Y yo me decía Ay, Dios mío, que no sufra más. Fueron siete años muy duros. ¿Cómo los sobrellevaste? Mis hijas y mis nietos me acompañaron siempre: se iban turnando todos los días para venir a casa para estar conmigo y para estar cerca de Guillermo. Mi familia, mi hermana Claudia y mis amigos fueron mi pilar. Y una de las personas que me ayudó mucho fue Moria Casán: convocarme para hacer el programa Incorrectas fue, para mí, una tabla de salvación. Ella dice que fue como una devolución porque fui yo quien le dijo a Guillermo que la eligiera para estar en Brujas [Bredeston fue el productor de esa emblemática obra, que estrenaron en enero de 1991, en Mar del Plata, junto con Graciela Dufau, Thelma Biral y Susana Campos]. Ir al canal, peinarme, maquillarme, vestirme, charlar y hacer ese programa me hizo muy bien. Esas horas eran una balsa. ¿Te costó la soledad? Además de haber sido un buen padre, Guillermo fue un gran compañero. Cuando él estaba bien, viajábamos, salíamos, teníamos nuestras vidas: él iba a las oficinas que tenía con Carlos Rottemberg, que era su socio Me costó mucho llegar a casa y ver que no estuviera. Desarmar ese cuarto de hospital que habíamos armado en nuestra habitación fue muy triste. Es raro, pero lentamente te vas acostumbran do. Antes, con unas parejas amigas, se nos había ocurrido la idea de vivir en una gran casa, como la Casa del Teatro. Pero hoy pienso que lo mejor es que cada uno se quede en su propia casa. [Se ríe]. Hoy no podría convivir con nadie. Estoy muy bien con Firuleta [es la perra que sus hijas le compraron a Guillermo; tiene 13 años] y con Quilmes [una Pomeranian de 6 años que le regaló Moria Casán], mis dos perras. ¿Y cómo te llevás con la edad? En enero, cumpliste 81. No sé cómo me llevo. [Se ríe]. Hay días que bien y hay otros en los cuales me gustaría que todo estuviera como hoy, pero como antes: que mis padres y que Guillermo vieran crecer a nuestros siete nietos: que vieran, por ejemplo, a Solana casada o a Milagros, dedicándose a la producción de teatro y de películas ¿Cómo se hace para que todo mi mundo esté en esa foto? Pero, así como sé que habrá cosas que me voy a perder, tengo, por suerte, un presente con mucho trabajo, ya sea para televisión como para las plataformas. Termino una obra de teatro y me llaman para otra. Además de hacer radioteatro en homenaje a Alberto Migré con Víctor Agú, ahora salgo de gira con Viuda e hijas, la obra que hicimos en el Tabarís. Y tus hijas, ¿no te dicen Basta, mamá: bajate de los tacos y descansá? ¡Claro! Y más de uno me ha sugerido que me dedique a enseñar. Si bien soy maestra normal [y también asistente social], enseñar no me gusta ni tengo paciencia. A mí, me gusta pintarme la cara, como decía la Campoy. Las ganas de seguir haciendo cosas no se me han ido. Guillermo, por ejemplo, dejó de apasionarse por los escenarios: eligió la producción. Los espectáculos que hacíamos en Mar de Plata los produjo él. Le decían Rey Midas: obra que tocaba la convertía en oro. Me encanta subirme a los es cenarios. Y, cuando tengo una obra entre manos, hasta no aprenderme la letra, no me detengo. Ando todo el día estudiando y estudiando. ¿Por qué voy a dejar de hacer eso que me hace tan feliz? ¿Quedarme en casa mirando series? Obvio que veo series y me encanta: veo sólo un capítulo por día, como hacíamos antes con las telenovelas. Y, después, apago la tele para, así, seguir deseando. Producción: Paola Reyes Andaur @paoreyesandaur Maquillaje y peinado: Joaquina Espínola @joaquinamakeupartitst Agradecimientos: hotel MIO www.miobuenosaires.com y @miobuenosaireshotel Ivana Picallo @ivanapicallo y stying: Oscar Colombo Otras noticias de Revista ¡HOLA! 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