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  • Recordando el 24 de Marzo, a cincuenta años

    » Clarin

    Fecha: 20/03/2026 06:41

    Este 24 de marzo se cumplirán cincuenta años del inicio de una tragedia argentina: el anunciado y previsible golpe de Estado cívico-militar denominado Proceso de Reorganización Nacional (PRN), encabezado por una Junta Militar constituida por el general Jorge R. Videla, el almirante Emilio E. Massera y el brigadier Orlando R. Agosti. Creo que como sociedad no hemos logrado la ansiada reconciliación-que exige reconocimiento y voluntad de enmienda- lo que, en síntesis, es la recuperación de las relaciones entre las personas superando la violencia física o moral y removiendo sus fuentes: la polarización entre pasado irreconciliables. Hemos privilegiado lo que creemos como verdad por sobre la historia, y ésta puede ser remedio o veneno; todos desearíamos que sea remedio que cure resentimientos y enconos. No lo hemos logrado aún. Comparto un concepto del rabino Abraham Skorka: Los que se erigen en conocedores de la verdad absoluta, juzgando con displicencia las acciones de los demás, suelen practicar-con frecuencia- un credo ignominiosamente pagano. Ante incalificables crímenes de las bandas terroristas -Triple A, Montoneros y el Ejército Revolucionario del Pueblo-, a las que se le atribuyen tres mil víctimas y cientos de atentados, el Estado en su respuesta instaló un plan sistemático, clandestino y compartimentado de represión, que marginó todo condicionamiento legal, ético, moral, y religioso, que incluía a los que calificaban de oponentes irrecuperables: políticos, obreros, estudiantes, empleados, docentes, sindicalistas, periodistas, diplomáticos, religiosos, deportistas, militares y soldados conscriptos. Al asumir, el general Videla manifestó: Para nosotros el respeto de los derechos humanos no nace solo del mandato de la ley, es la resultante de nuestra cristiana profunda convicción acerca de la preeminente dignidad del hombre. Asumimos el ejercicio pleno de la autoridad, no para conculcar la libertad sino para afirmarla como valor fundamental, no para torcer la justicia, sino para imponerla. El almirante Massera- símbolo de la impunidad, ilegalidad y corrupción- dijo: Todos obramos a partir del amor, que es el sustento de nuestra religión, no tenemos problemas y las relaciones son óptimas, tal como corresponde a cristianos. Recuerdo que al asumir como canciller del Reich en 1933 Hitler también hizo alusión al Evangelio: Este gobierno hará del cristianismo la base de nuestra moral, y de la familia la célula esencial de la Patria. Se ordenaron, apoyaron y/o consintieron crímenes de lesa humanidad que agraviaron a la sociedad argentina y a la humanidad, tales como violaciones sexuales; robo de bebés, de propiedades y de cadáveres; secuestros extorsivos, tirar desde aviones -vivos o muertos- prisioneros al mar; torturas y miles de desapariciones forzadas que solo Dios conoce. Y se organizaron Centros Clandestinos de Detención. Ningún responsable se arrepintió, tampoco los jefes de las organizaciones guerrilleras autores de actos de terrorismo. El digno general Alejandro Lanusse no obvió expresar: que el Ejército empleó procedimientos ilegales, clandestinos y deleznables, con oficiales y suboficiales en jeans, enmascarados, en vehículos robados. Es lamentable que aún hoy algunos sectores políticos, legislativos y religiosos, califiquen los crímenes perpetrados como comprensibles excesos y manifiesten que el país es injusto con los responsables de esas atrocidades. Matar en nombre de Dios es una blasfemia. Es ideologizar la experiencia religiosa. El Papa Juan Pablo II (Karol Wojtyla) en 1979 se refirió a ello: No podemos olvidarnos cuando nos ponemos ante Dios del drama de las personas desaparecidas. Pidamos que se acelere la anunciada definición de las posiciones de los encarcelados y se mantenga un compromiso riguroso de tutelar la observancia de las leyes, el respeto a la persona física y moral, incluso de los culpables o indicados de delitos. Roguemos para que el Señor conforte a cuantos no tienen ya la esperanza de volver a abrazar a sus seres queridos. Compartamos plenamente su dolor (L´Osservatore Romano, 29 y 39 oct.1979). Comparto con Alain Rouquié que: Desde hace décadas muchos sectores se interrogan sobre las causas de una violencia estatal más cruel que la de la subversión, que indigna incluso a los no simpatizantes de los terroristas. No era necesario el quebrantamiento masivo de los irrenunciables derechos humanos por el Poder del Estado. La actuación de la Justicia en la investigación, esclarecimiento y condena a los responsables del terrorismo de Estado ha sido reconocida aquí y en el mundo. Varios de los represores - mientras gozaban del indulto presidencial- confesaron públicamente- sus crímenes, pero no hubo arrepentimiento ni reconocimiento sino justificación. Lo reitero: aún no hemos logrado la ansiada reconciliación, que no es otra cosa que un proceso a través del cual nos encaminamos de un pasado de divisiones y enfrentamientos a un futuro compartido. Eso y no otra cosa es una Nación unida.w Sobre la firma Newsletter Clarín

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