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» Clarin
Fecha: 20/03/2026 00:02
LeBron James llegó hasta donde parecía imposible y todavía no se detiene. En una NBA que devora carreras y castiga el paso del tiempo, el número 23 de Los Angeles Lakers volvió a desafiar la lógica: este jueves, en Miami, alcanzó los 1.611 partidos de temporada regular y se subió a un pedestal que durante casi 30 años tuvo un solo dueño, Robert Parish. No fue una noche más. Porque en el Kaseya Center, con la camiseta visitante y después de haber jugado apenas 24 horas antes, LeBron volvió a hacer lo que mejor sabe: estar. Competir. Resistir. Ser protagonista cuando el cuerpo ya debería pedir tregua. Y lo celebró con una buena victoria por 134 a 126, en la que completó 37m52 sobre el parquet con un triple doble. Terminó con 19 puntos (8-12 en dobles y 3-5 en libres), 15 rebotes y 10 asistencias. Otra señal de la vigencia y de la importancia que sigue teniendo en los Lakers -tiene un récord de 45-25 y llevan ocho victorias consecutivas para ubicarse terceros en la Conferencia Oeste-, más allá de los obscenos 60 puntos con los que acabó el esloveno Luka Doncic. A los 41 años, con dos décadas encima en la NBA, James igualó una marca que parecía hecha de otro tiempo, de otra era. Parish, legendario pivote de los Boston Celtics que lideraba el mítico Larry Bird, la construyó en 21 temporadas, entre 1976 y 1997. LeBron la alcanzó en pleno 2026, en un básquet mucho más físico, más exigente, más vertiginoso. Por eso el número dice mucho más de lo que muestra. Porque no se trata solo de partidos. Se trata de continuidad en la élite. De sostener un nivel competitivo cuando las piernas pesan y los calendarios no dan respiro. De reinventarse una y otra vez para seguir siendo relevante. En Miami, además, todo tuvo un aire especial. Ahí donde supo ser campeón en 2012 y 2013, James escribió otro capítulo de su historia interminable. No levantó un trofeo, pero dejó una huella igual de profunda: la de un jugador que convirtió la longevidad en arte. El récord, claro, es de temporada regular. Pero si se amplía la mirada, el impacto es todavía mayor: sumando playoffs, LeBron ya superó holgadamente los 1.900 partidos. Una cifra que no solo impresiona, sino que obliga a repensar los límites de una carrera profesional. Y esto no termina acá. El calendario ya le marca el próximo desafío: Orlando Magic. Allí, el próximo sábado, si vuelve a pisar la cancha, quedará solo en la cima. Superará a Parish y se convertirá en el jugador con más partidos de temporada regular en la historia de la NBA. Como si necesitara más credenciales. Porque LeBron ya es el máximo anotador histórico, ya acumuló presencias récord en el All-Star y ya atravesó generaciones enteras manteniéndose en la conversación de los mejores. Pero sigue. Siempre sigue. En ese camino, apenas otros tres nombres lograron superar los 1.500 partidos: Kareem Abdul-Jabbar, Vince Carter y Dirk Nowitzki. Leyendas. Gigantes. Referencias de distintas épocas. Ahora, LeBron los mira -y los supera- desde otro lugar. Incluso hay una frontera nueva en el horizonte: los 2.000 partidos. Una cifra que suena irreal, pero que con James nunca conviene descartar. Porque si algo dejó claro a lo largo de su carrera es que lo improbable, para él, suele ser apenas el comienzo. Y en la NBA, mientras el reloj corre para todos, LeBron James encontró la manera de que el tiempo juegue a su favor. Newsletter Clarín
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