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  • El problema no es cuántos impuestos hay, sino quién los paga

    Concordia » Diario Junio

    Fecha: 19/03/2026 22:08

    En todos los países del mundo, los Estados financian sus gastos gravando tres grandes hechos económicos: los ingresos, el consumo y el patrimonio. Cuando se grava lo que una persona gana, hablamos de impuestos a los ingresos, como el impuesto a las ganancias. Cuando se grava lo que compramos, hablamos de impuestos al consumo, como el IVA. Cuando se gravan los bienes acumulados, hablamos de impuestos al patrimonio, como las propiedades, la tierra o las herencias. Sin embargo, no todos los impuestos tienen el mismo impacto social. Los impuestos al consumo, llamados impuestos indirectos, no tienen en cuenta la capacidad económica de las personas. Se pagan cada vez que alguien compra un producto o un servicio. En cambio, los impuestos directos gravan los ingresos o el patrimonio y permiten que contribuyan más quienes tienen mayor capacidad económica. Un ejemplo simple Imaginemos una situación cotidiana. Un joven entra a un negocio de ropa y pregunta cuánto cuesta un jean. El vendedor le responde: $100.000 más IVA ($21.000). Total: $121.000. Supongamos que ese joven gana $1.000.000 por mes. En ese caso, los $21.000 de IVA representan el 2,1% de su ingreso mensual. Ahora imaginemos otra persona que compra exactamente el mismo jean, al mismo precio: $121.000. Pero esa persona tiene un ingreso mensual de $15.000.000. En ese caso, los $21.000 de IVA representan apenas el 0,14% de su ingreso. Los dos pagaron exactamente el mismo impuesto. Pero, para uno, el esfuerzo económico es mucho mayor que para el otro. Esto explica una de las grandes paradojas del sistema tributario argentino: muchas veces, quienes menos tienen terminan pagando proporcionalmente más impuestos que quienes más tienen. Además, ocurre algo más importante. La persona que gana $1.000.000 probablemente destina casi todo su ingreso al consumo. Es decir, termina pagando IVA sobre casi todo lo que gana. En cambio, quien gana $15.000.000 puede ahorrar una parte importante de su ingreso. Y el ahorro no paga IVA. Pero, además, los impuestos al consumo tienen otra característica importante: dependen directamente del nivel de actividad económica. Cuando la economía crece, el consumo aumenta y el Estado recauda más. Pero cuando la economía se desacelera, el consumo cae y la recaudación también disminuye. Esto afecta directamente a las provincias, porque una parte importante de esos recursos se distribuye a través de la coparticipación federal de impuestos. Cuando la recaudación nacional cae, también caen los recursos que reciben las provincias y los municipios, afectando su capacidad para sostener servicios esenciales como la salud, la educación o la seguridad. Lo que dice la Constitución de Entre Ríos En el caso de Entre Ríos, este debate adquiere una importancia particular. Nuestra propia Constitución establece un principio muy claro. El artículo 79 de la Constitución Provincial señala: La Legislatura, al dictar las leyes de carácter tributario, propenderá a la eliminación paulatina de los impuestos que pesen sobre los artículos de primera necesidad, debiendo evolucionar hacia la adopción de un régimen impositivo basado en los impuestos directos y en los que recaigan sobre los artículos superfluos. Es decir, la propia Constitución plantea avanzar hacia un sistema tributario más justo, basado principalmente en impuestos directos que tengan en cuenta la capacidad contributiva de las personas. Lo que muestran los datos Sin embargo, la realidad muestra que todavía estamos lejos de ese objetivo. La evolución de la recaudación tributaria de la provincia lo demuestra claramente: Año Impuestos directos Impuestos indirectos 2008 24,7% 75,3% 2012 36,8% 63,2% 2018 25,4% 74,6% 2022 21,0% 79,0% 2024 15,6% 84,4% Como puede observarse, lejos de avanzar hacia un sistema basado en impuestos directos, la estructura tributaria provincial se ha vuelto cada vez más dependiente de los impuestos al consumo y las transacciones. Un principio simple Por eso, el debate tributario debería partir de un principio muy simple, que existe en la mayoría de los países del mundo: El que más tiene, más paga. Porque el verdadero problema no es cuántos impuestos hay. El verdadero problema es quién los paga. (*) Economista, contador público y docente e investigador en la Universidad Nacional de Entre Ríos (UNER), específicamente en las facultades de Trabajo Social y Ciencias de la Educación, y en la Universidad Nacional del Litoral (UNL).

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