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Buenos Aires » Infobae
Fecha: 19/03/2026 17:52
En 2023, Luvo Manyonga permaneció postrado en el suelo tras recibir una paliza con un bate de béisbol propinada por miembros de una patrulla comunitaria en Paarl, Sudáfrica. Había robado un teléfono para costear su adicción al tik, la variante de metanfetamina cristalizada que se extiende por los barrios empobrecidos del país africano. Convertido en una sombra de quien había sido campeón mundial de salto de longitud, ese episodio radicalizó su decisión: debía cambiar o morir. Aquella golpiza marcó un límite. Solo me quedaba la muerte, porque esa es la vida de un adicto a las drogas, declaró Manyonga en entrevista con el medio The Guardian. Manyonga fue campeón mundial en Londres en 2017 y subcampeón olímpico en Río 2016, logrando saltos memorables. Su marca de 8,65 metros, conseguida meses antes del título mundial, fue la mejor del mundo en una década. Durante años, expresó su objetivo de ser el primer ser humano en saltar nueve metros. El ciclo autodestructivo de Manyonga se prolongó durante más de una década. A los 21 años, fue suspendido 18 meses en 2012 tras consumir tik. Pero ni siquiera aquella sanción detuvo su consumo, que continuó en los periodos fuera de competición. Llenaba los espacios vacíos que dejaba el deporte con drogas recreativas; regresaba a Sudáfrica y buscaba sensaciones equivalentes a la exaltación que le proporcionaban las competencias. El deporte te da un subidón natural, así que cuando no estaba en el deporte, buscaba algo que me diera eso, explicó. Entre 2021 y 2023, tras perder a su madre -pilar y sostén emocional-, su dependencia se agravó. Sumido en el duelo, Manyonga se mantuvo alejado de la pista y de cualquier estructura de apoyo. La adicción lo arrastró a nuevos niveles de desesperación. Quedé robando personas, arrebatando teléfonos, entrando en casas, confesó al medio británico. Tras una segunda suspensión, esta vez de cuatro años en diciembre de 2020, por no informar su paradero a los controles antidopaje en pleno descontrol, fue abandonado por su entorno profesional. Tras la golpiza en 2023, decidió dejar Mbekweni, su barrio natal. Se refugió en Eastern Cape, lejos de los entornos que perpetuaban su consumo, para iniciar una vida libre de drogas y delitos. Su castigo antidopaje finalizaba en diciembre de 2024; la planificación de un retorno a las pistas se hizo tangible. En los meses posteriores, comenzó a entrenar en solitario y, luego de casi seis años sin competir, reapareció en una pequeña reunión atlética en Stellenbosch. Su desempeño inicial distaba de sus mejores marcas: registró 7,31 metros, lejos de los 8,65 alcanzados en 2017. Sin embargo, lo vivió como un inicio, según subrayó. Gracias al apoyo de la organización World Wide Scholarships y la tutela de su nuevo entrenador, Herman Venske, se mudó a Johannesburgo y adoptó una rutina disciplinada: gimnasio al amanecer, descanso al mediodía y entrenamiento en pista por la tarde. En octubre del año pasado superó nuevamente los ocho metros, y el mes previo a la publicación saltó 8,11 metros. Esa distancia lo clasificó para el Campeonato Mundial de Atletismo Indoor en Torun, Polonia, donde regresará como el atleta más veterano de la prueba de salto de longitud. Mi experiencia debe servir como advertencia para quienes son arrancados de la pobreza y arrojados de pronto a la fama y el dinero, manifestó. Nunca terminó la escuela y nadie en su entorno poseía herramientas para orientarlo en la gestión del éxito y del dinero repentino; la vulnerabilidad fue el caldo de cultivo para una adicción temprana, incluso antes de conquistar el título mundial juvenil en 2010. El entorno atlético ha reaccionado, en cierto modo, con una apertura atípica para un deportista reincidente. Manyonga vuelve al circuito sintiéndose responsable, pero también rehabilitado. Expresa entusiasmo por volver a desafiar a jóvenes talentos: Sé que aún tengo grandes saltos y medallas por ganar. Siento que mejoro con cada competencia. La memoria muscular no se olvida.
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