Contacto

×
  • +54 343 4178845

  • bcuadra@examedia.com.ar

  • Entre Ríos, Argentina

  • La Iglesia advierte sobre autoritarismo creciente y violencia en redes, barrios y el Congreso

    Concordia » Hora Digital

    Fecha: 19/03/2026 17:26

    La Conferencia Episcopal Argentina (CEA) conmemoró los 50 años del golpe de Estado que interrumpió la democracia en el país y afirmó que hoy los ciudadanos volvemos a decir Nunca Más a una dictadura y siempre más a una democracia justa, al mismo tiempo que pidió mantener una memoria íntegra y luminosa de aquellos años. En su mensaje, la CEA citó al papa Francisco y su encíclica Fratelli Tutti, recordando que es fácil hoy caer en la tentación de dar vuelta la página diciendo que ya hace tiempo que sucedió y que hay que mirar hacia adelante. ¡No, por Dios! Nunca se avanza sin memoria, no se evoluciona sin una memoria íntegra y luminosa. Los obispos subrayaron que mutilar la historia abre la puerta a la posibilidad de repetir los mismos errores, y que hacer memoria permite comprometerse con los desafíos del presente y orientarnos hacia un futuro mejor. Enfatizaron que la verdad nos hará libres y que no se debe olvidar el dolor de los familiares que enfrentaron la muerte violenta de sus seres queridos, especialmente en el caso de los desaparecidos, cuya ausencia física impide el duelo. La libertad para una Nación nunca se construye por la vía de la violencia y la violación de los derechos humanos de otros hermanos y hermanas, concluyeron. En cuanto a la democracia, la CEA señaló que su finalidad última es el bien común, que implica incluir a todos en el camino hacia la plenitud humana. Destacaron que el desarrollo humano integral es el nuevo nombre de los derechos humanos y que no puede haber felicidad mientras una parte importante del pueblo sufra pobreza. Además, advirtieron que la democracia se envilece cuando deja a alguien afuera, cuando no protege a niñas, niños, adolescentes y jóvenes de la amenaza del consumo problemático y el tráfico de personas. Por ello, reclamaron que una democracia justa debe atender las necesidades básicas de la canasta familiar y el trabajo digno, asumiendo el valor del trabajo como eje central de la cuestión social. Los obispos pidieron que el Estado vele por la dignidad de las personas y la igualdad de todos los ciudadanos, prestando especial atención a las puntas de la vida: los ancianos y los niños. En su mensaje, alertaron sobre una época marcada por un creciente autoritarismo y populismos que explotan la angustia ciudadana sin ofrecer soluciones reales. Denunciaron que predomina una ideología de la supervivencia del más fuerte sobre el más débil, cuando la fortaleza de la democracia debería manifestarse en el cuidado de los más frágiles. La CEA instó a la sociedad a volver a elegir el diálogo para abordar los conflictos y desacuerdos, sin caer en polarizaciones estériles, y pidió liberarse del insulto de cada día al que piensa distinto. Advirtieron que es peligroso acentuar la culpa ajena para proclamar la propia inocencia y justificar una agresión indeterminada, y llamaron a renunciar a toda forma de violencia, recordando que su espiral comienza con el discurso y escala hacia la acción. Rechazaron la naturalización de la violencia en las redes sociales, en los barrios y en el Congreso de la Nación. En el plano económico, los obispos reclamaron rehabilitar una política que ponga la economía al servicio de la dignidad humana, que promueva la paz y que cuide nuestra casa común, empezando por preservar el aire puro y las fuentes de agua dulce y potable. Resaltaron que la democracia siempre debe custodiar la vida y que cualquier agresión a la dignidad humana destruye el sistema mismo. Recordaron que la Constitución Nacional es la ley suprema y que si se garantizaran plenamente sus derechos y obligaciones, todos vivirían con mayor dignidad. Finalmente, la CEA enfatizó que la democracia prohíbe rotundamente la eliminación del adversario, no admite el derramamiento de sangre y sustituye la lucha cuerpo a cuerpo por el debate cívico. Por eso, consideraron clave una presencia inteligente y eficiente del Estado que garantice la igualdad y la participación plena de todos en la vida comunitaria. En la carta magna, dijeron, está la base de todo proyecto de Nación que aspire a la dignidad, la paz social, el trabajo y la prosperidad. Los obispos concluyeron pidiendo al Señor que bendiga nuestra Patria y a la Virgen de Luján que no nos suelte de la mano en la búsqueda del bien común y la solidaridad con los más débiles. Recordaron que el 24 de marzo de 1976 marcó el inicio de esa oscura noche en nuestra historia: la tragedia del terrorismo de Estado que se prolongó por siete largos años hasta el 10 de diciembre de 1983, cuando finalmente recuperamos la democracia. Recalcaron la necesidad de una autocrítica social y eclesiástica para redescubrir y reconstruir la fraternidad entre los argentinos.

    Ver noticia original

    También te puede interesar

  • Examedia © 2024

    Desarrollado por