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Buenos Aires » Infobae
Fecha: 19/03/2026 10:21
La propagación de superbacterias resistentes, como Candida auris, en hospitales de Nueva York y Nueva Jersey ha encendido la alerta sanitaria y ha obligado a reforzar los protocolos para evitar brotes de infecciones difíciles de tratar. Candida auris es un hongo patógeno identificado por primera vez en Japón en 2009, que consolidó su presencia en Estados Unidos en 2016 y cuya expansión internacional se ha acelerado debido a la presión selectiva derivada del uso extensivo de antimicóticos y antibióticos en entornos médicos, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) y la revista estadounidense. Durante el primer semestre de 2024, New York Post informó que Nueva York y Nueva Jersey concentraron aproximadamente el 20% de los casos nacionales de Candida auris, con 623 casos clínicos y 849 portadores asintomáticos confirmados por las autoridades sanitarias locales. Este avance demuestra la capacidad del hongo de adaptarse rápidamente y persistir en superficies hospitalarias, incluso después de procesos de desinfección. Candida auris desarrolla su resistencia a partir del uso indiscriminado de antibióticos y antimicóticos, lo que selecciona cepas capaces de sobrevivir a los tratamientos convencionales. El mecanismo principal de resistencia tiene origen en mutaciones de genes como ERG11 responsable de la síntesis de la enzima lanosterol 14-desmetilasa y TAC1b, lo que confiere resistencia a los azoles, un grupo fundamental de antifúngicos. De acuerdo con el National Institutes of Health y revisiones publicadas en Microbiological and Molecular Biology Reviews y Frontiers in Cellular and Infection Microbiology, más del 80% de los aislados clínicos muestran resistencia a fluconazol y existen cepas multirresistentes capaces de evadir hasta cuatro clases distintas de antifúngicos. Mecanismos de formación y transmisión de la resistencia La resistencia en Candida auris surge de la presión selectiva ejercida por los medicamentos, mutaciones genéticas y una transmisión eficiente en entornos hospitalarios. El uso prolongado o inadecuado de antimicrobianos, la automedicación y la administración de antibióticos en infecciones virales fomentan el desarrollo de variantes resistentes. Estudios recientes del Sun Yat-Sen Memorial Hospital de China y el NIH identificaron mutaciones en ERG11 (Y132F, K143R, F126L) ligadas a resistencia a azoles y alteraciones en FKS1 relacionadas con resistencia a equinocandinas. El hongo se transmite entre pacientes por superficies, equipos médicos contaminados o contacto directo, ya que sobrevive en el ambiente hospitalario durante largos periodos y resiste ciertos desinfectantes comunes. Esta persistencia ambiental y la existencia de portadores asintomáticos dificultan el control de los brotes e incrementan la presión sobre los sistemas de vigilancia epidemiológica. Según los expertos, los pacientes inmunodeprimidos, críticos o sometidos a tratamientos antibióticos continuos son quienes presentan mayor riesgo de infecciones graves. Los CDC resaltan que más de uno de cada tres pacientes con infección invasiva por Candida auris fallece, dato que muestra el impacto de este patógeno. Diagnóstico, tratamiento y prevención: el desafío actual La identificación precisa de Candida auris demanda técnicas especializadas, como espectrometría de masas MALDI-TOF o PCR dirigida, ya que sus características no resultan distintivas con microscopía convencional, según la microbióloga clínica de la Clínica Mayo, Nancy Wengenack. No disponer de herramientas diagnósticas adecuadas puede retrasar el inicio del tratamiento y facilitar la expansión de la infección. El tratamiento estándar se basa en equinocandinas, aunque la aparición de cepas resistentes obliga a considerar alternativas, como la anfotericina B liposomal, combinaciones de antifúngicos y agentes bajo investigación clínica, tales como rezafungina, fosmanogepix e ibrexafungerp. Ensayos recientes en Frontiers in Cellular and Infection Microbiology han consignado que fosmanogepix logró una tasa de supervivencia del 85% a 30 días entre pacientes con candidemia por C. auris, sin reacciones adversas relevantes. Además, se estudian enfoques complementarios, como antifúngicos naturales, nanoterapias y anticuerpos monoclonales enfocados en proteínas de superficie (Hsp90, Hyr1p), que han demostrado reducir de forma considerable la carga fúngica y la mortalidad en modelos animales. Las medidas preventivas incluyen vigilancia activa, aislamiento de portadores, higiene de manos rigurosa y uso de desinfectantes eficaces, como la lejía. Los hospitales deben seguir protocolos estrictos para aislamiento y protección de pacientes vulnerables. Los CDC hacen hincapié en la obligatoriedad de estrategias de control de infecciones, cribado sistemático y capacitación continua para el personal sanitario. Expertos consultados señalan que la respuesta efectiva ante superbacterias como Candida auris requiere diagnóstico preciso, uso racional de antibióticos, innovación científica y marcos regulatorios sólidos. Adaptar la práctica médica, limitar la automedicación y fomentar incentivos a la investigación farmacéutica son acciones urgentes para contener la expansión de microorganismos resistentes y mantener la eficacia de los tratamientos ante posibles amenazas futuras.
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