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  • Jugó casi 10 años en Boca y hoy organiza bingos en las provincias: Ivar Stafuza y la historia amarga de cómo se fue del club

    » Clarin

    Fecha: 19/03/2026 06:51

    La primera vez que paseaba obnubilado por Buenos Aires, su padre le preguntó sin anestesia: ¿Querés ir a probarte a Boca? El chico de Reconquista, Santa Fe, gritó que sí, llegó a La Candela de San Justo, pasó una prueba, dos, tres, cuatro y sobrevino el shock. "Pibe, usted está adentro. Vaya a fichar a Brandsen 805. Bienvenido", le dijo Bernardo Gandulla. Ivar Gerardo Stafuza intentó no llorar: era 1974 y el sueño implicaba dejar el pueblo, separarse de la familia y volverse adulto con 13 años. "Pasé casi 20 años en Boca. Me hice hombre ahí", cuenta conmovido por esa caja negra de recuerdos que se aclaran, se estiran, se agigantan. Tiene 64 años, abandonó el mundo del fútbol hace 30 y vive en Venado Tuerto, ligado a la tómbola. Sus ex compañeros xeneizes lo tienen agendado como Gustavo Stafuza. No hay error, sino una curiosa historia ligada al registro civil. Sus padres quisieron llamarlo Ivar Gustavo, pero el error de un empleado público lo rebautizó legalmente Ivar Gerardo. "Me enteré muchos años después, cobraban para cambiar el nombre y preferimos dejarlo así. Por eso todos me llaman Gus", explica. Una escultura de cabeza desproporcionadamente grande lo recuerda en la plaza principal de Reconquista. Ojos saltones, boca recta, manos en la cintura como cuando la TV lo ponchaba en la era del "muevo yo, Mauro"... el monumento a ese "soldado" ochentoso no se parece al señor de canas que hoy se mueve por Santa Fe como un pequeño empresario binguero. "¿Usted es Stafuza el jugador?", suelen preguntarle en municipalidades, aeropuertos, centros médicos, los curiosos a los que invade el eco de los viejos relatos de Víctor Hugo, Muñoz o Araujo. "Los futbolistas somos aves de paso, pero a mí me recuerdan y me salvan de filas en aduana", cuenta quien pudo haber sido entrenador, cazatalentos, panelista, pero se desvinculó de la redonda sin culpa. Su amarga salida del club, más otros hechos encadenados, lo llevaron a patear el tablero y a dedicarse al rubro de juegos de azar. -Jugaste en una época en que el club casi desaparece... ¿Será por eso que dejaste huella? -Fueron años verdaderamente muy difíciles. Yo era duro mentalmente, pero llegué a pasar ocho meses sin cobrar, o cobrando lo mínimo indispensable para vivir. Todo era incierto. Jugábamos por la camiseta, no por el dinero. Nos daban migajas, pero Boca es muy grande y uno pensaba "esto en algún momento se va a revertir". -¿Te fuiste en malos términos de Boca? -Hay cosas que nunca conté... De limpiar vidrios a la Bombonera Le debe el Ivar de origen nórdico a su padre, llamado igual y a quien la enfermera del parto llamó así. El primer antecedente periodístico de su carrera se remonta a sus seis años: en el diario de su pueblo publicaron una entrevista en una doble página central y el gurí declaró que soñaba con "jugar en Boca", a pesar de los 800 kilómetros que separaban su casa de la Bombonera. "Yo tenía muy buena pegada. Ofensivamente era bastante inteligente para definir", recuerda esa prehistoria, tiempos en que para comprarse la pelota vendía diarios en la calle, limpiaba vidrios en la estación de servicio del pueblo y lavaba las tazas del bar de su abuelo. "Cuando me fui a probar, quería hacerlo de diez, de volante ofensivo, pero chusmeando con la gente mi viejo averiguó que había un diez que jugaba muy bien, prácticamente estaba dentro del club, y me aconsejó: "No te pruebes de diez, probate de ocho'". -¿Él tenía planeado llevarte a probar tan chico? -¡No! Fue así, muy loco. Habíamos clasificado en Reconquista en el campeonato Evita, y como premio mi padre nos lleva a pasear a Buenos Aires con dos amiguitos. Se ve que fuimos a varios lados, ya no sabía a dónde llevarnos, cómo entretenernos, y de un momento a otro nos dice: "¿Quieren probarse en Boca?". ¿Quién iba a decir que no? En esa época en La Candela veían a 600 chicos por día. Insistió tanto mi viejo y los cansó, estaban Grillo, Gandulla y Damiani. -No imaginó el desarraigo que implicaba para vos tan chiquito. Se desmembró la familia... -Era todo un tema decirle a mi mamá. Ella no lo podía aceptar. A mí me habían dicho en Boca que me quedaba, pero siempre y cuando tuviera donde vivir. La Candela estaba colapsada de chicos. Y me quedé en lo de mis tíos Alcides y Lilian, en Caseros. La comunicación no era como hoy, hablábamos con mis padres por teléfono una vez al mes, nos mandábamos cartas. El problema fue cuando a mi tía le llegó una citación del colegio de acá, de Buenos Aires... -¿Qué habías hecho? -A mí no me gustaba el colegio. Me hacía la rata y en la citación le avisan que hacía un mes que no iba. La tía llama a mi papá, y viene volando desde Reconquista. Imaginé que me iba a llevar a las patadas a mi pueblo otra vez, pero muy inteligente, me sube a una terraza y me dice: "Prepará la valija que nos volvemos, sino tenés que empezar a trabajar". Acepté trabajar. Mi padre habló con otro padre de un chico en La Candela y me dieron trabajo en una ferretería industrial. Así hice inferiores trabajando un par de años... En Boca Juniors, Stafuza aprendió el concepto de paciencia. Desde Novena, pasó casi una década en "incubadora" hasta que llegó el debut en Primera en enero de 1983, ante Quilmes, de la mano de Carmelo Faraone. "La noche anterior fue terrible, de muchos nervios, aunque yo ya era alcanzapelotas y sabía desde adentro lo que era el recibimiento a Boca", admite. "A los pibes nos usaban para llevar desde La Candela a la Bombonera los autos de los jugadores que concentraban en San Justo", recuerda. De 4, de 8 o en el rincón en que lo necesitaran, el hombre llegó a tener figuritas con su cara. "Todo me había costado mucho y lo que iba a hacer era demostrar con trabajo. Nunca le pregunté a un técnico por qué no jugaba yo o por qué no me ponía en tal posición. Era un bombero, el solidario, el comodín. Eso me ayudó mucho para mantenerme tantos años como profesional". Admirador de "El Chino" Benítez, Miguel Angel Brindisi y el Tano Pernía, agachaba la cabeza, acataba órdenes y no defraudaba. "Era un jugador de 6 o 7 puntos, te cumplía". Su punto más alto fue alzar la Supercopa 1989 con el equipo de Carlos Aimar. En el partido revancha de la final ante Independiente pateó uno de los penales que llevaron al título. Si tiene que elegir un partido de los más de 300, Ivar se queda con la noche de 1991 en que la Bombonera bramó. River ganaba 3 a 1 por Copa Libertadores, pero el equipo del flamante DT Oscar Tabarez lo dio vuelta 4 a 3. "No puedo olvidarme de lo que se vivió, goles de Latorre dos, Giunta y Marchesini. Yo pensaba que la cancha se venía abajo. Fue muy fuerte". Cuando Maradona vivió en su casa Todavía se anima a algún picado con amigos, aunque las articulaciones no respondan como cuando volaba con la marca Fate en el pecho. Es una usina de datos asombrosos y cuenta al pasar, sin reparar en la riqueza de la anécdota, que de niño su familia albergó a Diego Maradona unos días. "Jugábamos los Evita y nosotros en Reconquista salimos campeones de nuestra zona. Mi papá llegó a hurguetear y a comunicarse con Argentinos Juniors en épocas de Los Cebollitas, a mis 11 años. En ese momento los chicos paraban en las casas de los rivales y nosotros recibimos a Maradona para jugar un partido", suelta. -¿Cómo fue esa noche de Diego en tu casa? -Él era un año mayor. Pocos conocen esto, en algún libro contó que fue abrazado por la familia Stafuza. Mi casa era de dos habitaciones. La tuvimos que mudar a mi hermana por unos días a lo de una tía, y Diego durmió en la habitación que yo compartía con mi hermana. A un compañero más le tiramos un colchón en el piso. -¿Cómo era ese chico? -Un pibe sensacional. Muy humilde, tranquilo, amiguero... -¿Continuó el vínculo? -En 1981/82 yo hice mi primer contrato profesional, pero no llegué a jugar en ese equipo de Diego. Sí compartíamos entrenamientos. Después, Diego se fue a Europa, vino Lalo Maradona y con Lalo nos hicimos amigos. Hasta me prestaba su vehículo. El choque con Heller y el volantazo Tiene cinco hijos, la mayor de 40 años, el menor de 13, un futbolista en potencia, el pequeño Ivar. Sigue en contacto con amigos como Enrique Hrabina, Esteban Pogany, su coterráneo Gabriel Batistuta, el Cai Aimar, pero se distanció del mundillo del fútbol, herido por su salida de una institución a la que le entregó su adolescencia y juventud. El conflicto boquense fue en varias etapas y lo tuvo en la cuerda floja dos veces, pero casi nadie sabe la verdad del asunto. Hoy Ivar se anima a contar ese episodio que involucra al entonces psicólogo de Boca, a Carlos Heller y a parte de la prensa. "En 1987 nos estaba dirigiendo El Pato Pastoriza y yo hacía un año y medio que estaba sin contrato. En ese momento me hacen una nota y una de las preguntas fue: ¿Cómo es tu situación contractual? Yo comenté que estaba sin contrato, y creía que íbamos a llegar a buen término. El periodismo todavía entraba a los vestuarios", detalla. "En ese momento Carlos Heller, vicepresidente de Boca, estaba con diez o quince periodistas y uno lo interrumpe: 'Discúlpeme, usted dice que están todos los contratos arreglados, pero Stafuza me dijo otra cosa'. Te imaginás a Carlos. ¿Dónde está Stafuza? Yo me estaba cambiando con Comitas y se me vienen todos. 'Decí cuál es tu situación', grita Carlos... Yo dije la verdad y no dudé. Y Heller contesta: 'Ok, digan que Heller se equivocó, pero también digan que Stafuza nunca más va a jugar en Boca". En una discusión acalorada que no llegó a los puños, Stafuza creyó que ya había sentencia: "Pensé, chau, acá se termina mi carrera'. Esa noche no dormí. Al otro día llamé a Pastoriza y me tranquilizó: 'El domingo jugás vos'. Nos reunimos con Antonio Alegre, que me adoraba porque yo era provinciano y hablábamos del campo... Heller me insultaba, yo no me callaba y Don Antonio puso un manto de paz: ¡Tratemos de arreglar todo esto, no hablemos mas con el periodismo!'. -¿Y se arregló el tema? -Medianamente, El Pato me puso pero a las tres o cuatro fechas lo rajaron. Ahí yo ya tenía contrato, me quedaba año y medio más... Viene el Cai Aimar, sale una gira por Japón y Estados Unidos, y me agarra en mitad de cancha: "Sé que sos uno de los referentes del club, pero lamentablemente no te voy a tener en cuenta". Se van, me quedo entrenando solo, vuelve lesionado Hrabina, después no puede jugar Abramovich y me pone a mí dos, tres, cuatro partidos. Ahí yo no quería ni hablar. Era el que se iba último de los entrenamientos. -¿Y cuándo vuelve el conflicto? -Al quinto partido me llama aparte el Cai. "Ya sé lo que me vas a decir", le digo. Me responde: "Te equivocás. Quiero que sigas". Eso me superpotenció. Yo era un tren. Fui titular siempre con él, Supercopa, Libertadores, Liga...Pero cuando viene el Maestro Tabárez me deja como suplente y yo empiezo con el psicólogo, que era más alcahuete de Heller que otra cosa. Me agarró cruzado, yo estaba muy dolido, veía todo muy ingrato y le dije: "No aguanto más la situación, me quiero ir a la miércoles". El psicólogo contaba todo a la dirigencia. Al poco tiempo vino Alegre para decirme que ya no tenía más lugar en Boca. Tras su paso por Banfield en 1992 (justo cuando Boca logró el Apertura tras 11 años de sequía en campeonatos), Stafuza atravesó algún bache y se fue jugar a Guaraní Antonio Franco. Fue cuando llegó el adiós. "No me gustaba tener que pelear tanto por cobrar, y dije: 'Hasta acá llegó mi amor por el fútbol'. No vuelvo más a Buenos Aires. Y me dediqué a otra cosa". -¿Qué es esto de ser "binguero"? -Yo no tengo salas de bingo. Y en esto no se usa efectivo. El sistema es así: en Santa Fe, Córdoba, Buenos Aires,Chaco, Corrientes se hacen sorteos de vehículos, camiones, electrodomésticos. Yo organizo, y en una fecha X, normalmente en verano, vas con la familia a un bingo, no se cobra ingreso y entrás en una fiesta familiar en la que te podés ganar esos premios. -¿Y cómo entraste en ese negocio? -Mi papá estaba con esto de los sistemas de bingo y nos asociamos. Él se quedó en Reconquista y yo fui llevándolo por toda la provincia. Para mí que era futbolista fue muy difícil, pero me adapté. La idea era volver a Reconquista, pero no pude porque tuve que viajar mucho por distintas provincias. Y caí acá en Venado Tuerto hace 22 años. -Pudiste trascender el fútbol. ¿Te costó el proceso de reinventarte? -Me fui preparando para el después. Pensaba "esto algún día se va a terminar, voy a tener que hacer otra cosa". Mirá, cuando estaba en inferiores y volvía en las vacaciones a mi pueblo, lo ayudaba a mi papá a colocar vidrios, porque él tenía vidriería. Ahora me doy cuenta de que todas esas experiencias me fortalecieron, me enseñaron para cuando se pinchara esa burbuja que era el fútbol. -¿Tenés algún contacto con Riquelme? -Ninguna relación. Sólo tengo contactos como Diego Soñora, que ahora trabaja en Boca. Hoy soy más hincha que cuando jugaba, pero ya está. Por mi comportamiento, por la entrega que tuve, podría haber seguido ligado, pero no sucedió. ¡Fueron 18 años! No fue un pedacito, dejé un pedazo grande de mi vida en Boca. Sobre la firma Newsletter Clarín Tags relacionados

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