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» Clarin
Fecha: 19/03/2026 06:21
Inteligencia Artificial dice que Miserere es una expresión latina que se traduce como «ten piedad» o «apiádate». Proviene del imperativo del verbo latino misereor y es la primera palabra del Salmo 51 (o 50 en la Vulgata), utilizado en la liturgia católica como un canto de arrepentimiento y solicitud de misericordia. Nombre poco acertado para nuestra Plaza Miserere, llamada vulgarmente Plaza Once, o solamente Once. Allí proliferan los puestos de choripanes, salchichas, tortillas de diverso origen y textura, helados, papas fritas, garrapiñadas, juguetes. Niños y niñas que venden estampitas, lavan parabrisas, piden comida o alguna moneda que ya es prehistórica, pastores que se desgañitan anunciando las bondades de algún dios pronto a salvarnos, aunque no se sabe cómo y cuándo será esa salvación. A su alrededor, almas cansadas, desesperanzadas, angustiadas, solitarias, suelen formar un círculo minúsculo pero atento. Muchos duermen en algún rincón el sueño de los desgraciados, los útiles para nada, porque han sido desplazados del mundo del trabajo. La plaza está llena de colores, ruidos, voces, gritos. Parece estar en movimiento al ritmo de quienes caminan, corren, se detienen, hablan solos o con otros. Todo lo que ocurre en esa histórica plaza gira alrededor del enorme bodoque que es la tumba de Rivadavia. ¿Estarán los huesos de Rivadavia en ese acementado cubo rodeado de rejas? ¿O será solo un cenotafio? Esos monumentos funerarios construido en honor a una persona pero que no contiene sus restos. Tal vez solo es una sombra gris de Rivadavia. Esa es la escenografía ignorada por los miles de seres humanos que diariamente esperan tomar un colectivo para regresar a sus hogares. A ellos no les importa si está o no Rivadavia. Les preocupa saber cuánto tiempo deben esperar la partida de los colectivos y si podrán ir sentados en alguna de las líneas apiñadas en la calzada. Colas de una o dos cuadras de mujeres, hombres, jóvenes, viejos, niños, embarazadas, paralíticos, ciegos, enfermos, esperan con la paciencia de Job, con toneladas de paciencia, la llegada y partida incierta de líneas que son de jurisdicción nacional, dado que cruzan límites entre la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y la provincia. Los colectivos son cochambrosos, las frecuencias aleatorias, la velocidad queda a criterio de los patrones que imponen horarios indescifrables y quienes pagan por este desmadre del transporte son quienes trabajan y no tienen otro medio de transporte que el desvencijado transporte público. El destrato, la indiferencia y la injusticia de la que son víctimas todos los que se ven obligados a perder tres o cuatro horas de su vida para llegar a destino, incumple de manera flagrante el artículo 42 de la Constitución Nacional que establece la protección de la salud, seguridad y condiciones de trato digno y equitativo en los servicios públicos, lo que aplica al transporte. Pongamos en la agenda pública la necesidad de garantizar un transporte público eficiente para quienes trabajan entre ambas jurisdicciones. Se puede comenzar por Plaza Miserere. Rivadavia no se va a enterar. Pero los miles de seres humanos que esperan bajo el sol, la lluvia, el calor o el frío se sentirán respetados y dignos y mucho menos cansados al llegar a su casa después de trabajar. Sobre la firma Newsletter Clarín
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