18/03/2026 22:38
18/03/2026 22:38
18/03/2026 22:38
18/03/2026 22:34
18/03/2026 22:34
18/03/2026 22:34
18/03/2026 22:33
18/03/2026 22:33
18/03/2026 22:31
18/03/2026 22:30
Crespo » Paralelo 32
Fecha: 18/03/2026 21:05
Durante años, viajar respondió a una lógica relativamente estable: descanso, desconexión, destino. Sin embargo, esa secuencia comenzó a transformarse y, en 2026, el cambio es evidente. Cada vez más viajes se organizan alrededor de una razón específica un concierto, un festival, una experiencia gastronómica o un evento deportivo que redefine no solo el itinerario, sino también la forma en que se planifica, se consume y se valora el viaje. Ya no se viaja únicamente para salir de la rutina. Se viaja, cada vez más, para vivir algo puntual que justifique el desplazamiento. Más viajeros, pero también mayor gasto Este fenómeno ocurre en un contexto de crecimiento sostenido del turismo global. Según el World Tourism Barometer de ONU Turismo, en 2025 se registraron 1.52 mil millones de llegadas internacionales, un 4% más que en 2024, alcanzando un nuevo récord en la etapa posterior a la pandemia. Pero el dato más significativo no es solo el volumen. En muchos destinos, los ingresos turísticos crecieron a un ritmo mayor que las llegadas. Esto sugiere un cambio cualitativo: no solo hay más viajeros, sino que estos están dispuestos a gastar más cuando encuentran una motivación clara. El auge de las experiencias frente a los objetos El comportamiento del consumidor refuerza esta transformación. De acuerdo con el World Economic Forum, dos tercios de las personas entre 18 y 35 años consideran más satisfactorias las experiencias en vivo que la compra de bienes materiales de igual valor. Además, un 62% afirma que planea gastar más en experiencias que en posesiones durante el próximo año. Lejos de ser una preferencia aislada, esta tendencia revela una reorganización más profunda del consumo: el viaje ya no compite únicamente con otros destinos, sino con otras formas de inversión emocional. Estamos viendo que el viaje deja de ser una pausa y se convierte en una extensión de la identidad, explica Carolina Trasviña, Client Services Director Travel & Hospitality en another. Las personas no viajan solo para cambiar de lugar; viajan para conectar con algo que les importa, algo que quieren vivir y también contar. Eventos y cultura pop como motores del turismo Los grandes eventos internacionales continúan siendo catalizadores clave. La Copa Mundial de la FIFA 2026, por ejemplo, movilizará millones de personas. Sin embargo, el fenómeno va más allá del deporte. Las giras globales de artistas, el regreso de bandas icónicas o festivales culturales generan hoy un impacto directo en la dinámica turística. Fans que cruzan fronteras, ciudades que alcanzan niveles máximos de ocupación y destinos que ganan visibilidad internacional durante semanas. Algo similar ocurre con eventos tradicionales como el Oktoberfest en Alemania o el Día de Muertos en México. En todos estos casos, el patrón es consistente: el evento deja de ser una actividad más dentro del viaje y se convierte en su razón principal. Este cambio introduce una transformación estructural en la industria: el turismo comienza a organizarse más por momentos que por lugares. El valor ya no reside únicamente en visitar una ciudad, sino en lo que esa ciudad permite experimentar. Más intención, más planificación Viajar con un propósito concreto modifica el comportamiento del turista. Quienes viajan motivados por un evento tienden a planificar con mayor anticipación, aceptar precios más elevados, extender su estadía y consumir más experiencias complementarias. Para el sector turístico, esto implica un cambio estratégico. El crecimiento ya no depende únicamente de aumentar el volumen de visitantes, sino de identificar qué experiencias son capaces de activar el desplazamiento y el gasto adicional. El World Economic Forum aporta otro dato relevante: el 84% de los turistas que viajan por eventos aprovecha para explorar nuevos destinos, y el 30% planea regresar. Esto convierte a la experiencia en una puerta de entrada a una relación más duradera con el lugar. Generaciones que redefinen el viaje Los millennials y la generación Z son protagonistas de este cambio. Sus decisiones de viaje están cada vez más influenciadas por la tecnología, la sostenibilidad y la búsqueda de experiencias significativas. Estudios recientes muestran que el 61% de los millennials prioriza viajes vinculados al bienestar, mientras que el 70% reconoce haber elegido un destino influido por contenidos culturales o audiovisuales. En este contexto, la cultura pop deja de ser un complemento del viaje y pasa a estructurarlo. El desafío para marcas y destinos Este nuevo escenario obliga a replantear la estrategia turística. Ya no alcanza con ofrecer vuelos, alojamientos o paquetes tradicionales. La clave está en diseñar ecosistemas de experiencia que integren evento, territorio, gastronomía, movilidad y narrativa. El valor no está en el evento en sí, sino en cómo se articula con todo lo demás: el antes, el durante y el después del viaje, señala Trasviña. Ahí es donde realmente se construye preferencia. En este sentido, las marcas y destinos que logren conectar emocionalmente con los viajeros serán los que lideren la nueva etapa del turismo. Un cambio de fondo, no una moda Hablar de viajes con propósito no es referirse a una tendencia pasajera. Es reconocer una nueva lógica de demanda, en la que la experiencia actúa como catalizador, la emoción como justificación económica y la cultura como motor de desplazamiento. Hoy, el turismo ya no compite solo por geografía. Compite por significado. Y en ese nuevo escenario, los viajes más valiosos no son necesariamente los más largos ni los más lejanos, sino aquellos que responden con mayor claridad a una motivación real.
Ver noticia original