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» Clarin
Fecha: 18/03/2026 20:31
¿Resultó, acaso, el mejor Seis Naciones de todos los tiempos? Esa es la pregunta que se sigue haciendo el mundo del rugby mientras en Francia continúan celebrando el bicampeonato y en Irlanda se olvidan por un rato de la semana de San Patricio y lamentan haber estado a segundos (o a un penal) de la consagración. Los números hablan a las claras de lo que se vio: el récord de los 111 tries conseguidos dejó atrás el de 108 del año pasado y los apenas 30 penales pateados a los palos y convertidos significó la menor cifra desde 1980. Pero más allá de eso el análisis debe realizarse sobre el juego que se vio a sólo un año y medio del Mundial de Australia. Fue, en definitiva, una versión reformateada del Seis Naciones y eso lo hizo mucho más dinámico y más vistoso porque los equipos cambiaron su forma de jugar y evolucionaron durante el torneo. El mejor ejemplo de ello fue Gales que, sin embargo, por tercera vez consecutiva recibió la "Cuchara de madera", un "premio" indeseado para el que termina último en las posiciones. De cal y de arena. Es interesante también señalar dónde están parados Los Pumas ante estos protagonistas del máximo torneo del hemisferio Norte que acaba de terminar. Y lo primero que surge es que el juego que se vio le viene bien al seleccionado porque es el tipo de rugby que busca Felipe Contepomi: dinámico, de mucha intensidad, de tener como plataformas de ataques el line, los contraataques y las pelotas recuperadas, de buscar el rebote de cada patada porque los receptores, ahora, no tienen protección. De cara al Mundial estarán más cerca de marcar puntos aquellos equipos que, cuando logren la presión, la puedan mantener. Como pasó con Francia en el Seis Naciones; como lo buscan Los Pumas. Francia fue un digno campeón y jugó durante todo el campeonato a lo que mejor sabe hacer: producir el caos, desordenar al rival y atacar mucho. Para conseguir dos títulos al hilo por primera vez en casi 20 años (la última había sido en 2006 y 2007), los franceses volvieron a deslumbrar con su brillo ofensivo. Sin el lesionado apertura titular Romain Ntamack, Matthieu Jalibert apareció destinado a ser un 10 formidable y, con tanto talento a su alrededor, detener al seleccionado francés será todo un reto incluso para los poderosos del hemisferio Sur. De todos modos, Escocia expuso algunas de sus debilidades defensivas y sufrió contra Inglaterra. Sin embargo, de la mano de su capitán Antoine Dupont, con Louis Bielle-Biarrey anotando tries con facilidad y Thomas Ramos siempre confiable con el pie, se permitió festejar aún con sufrimiento. Un dato de su ataque fluido: Francia hizo 80 offloads (el pase que realiza el portador de la pelota en el preciso momento del contacto o justo antes de caer tras un tackle) en el torneo, 38 más que ningún otro equipo. Eso le permitió quebrar la línea de la ventaja 58 veces, 22 más que cualquier otro rival. Contundente. La ofensiva del equipo dirigido por Fabien Galthié hizo estragos. Ramos fue el goleador del campeonato con 74 puntos pero Louis Bielle-Biarrey se llevó todos los flashes al lograr nueve tries (record) de los 30 de su equipo. El sábado, en el Stade de France, el wing apoyó cuatro veces y llegó a las 29 conquistas en 27 partidos con la camiseta francesa. Con apenas 22 años tiene todavía toda una carrera por delante y todas las condiciones para hacer historia. Aunque aún está muy lejos de figurar entre los máximos anotadores de todos los tiempos, el implacable Bielle-Biarrey tiene tiempo para alcanzar los 69 tries que el japonés Daisuke Ohata logró en 58 test matches entre 1996 y 2006. Un rugby más estructural, menos dinámico y sin el desorden francés fue el que ofreció Irlanda. Tras un comienzo flojo, reaccionó y estuvo a nada de conseguir un título casi inesperado por cómo venía el panorama. Pero apareció Ramos en París para castigar a Inglaterra y hacer más cruel el subcampeonato irlandés. Las impresionantes victorias contra Inglaterra (en Twickenham) y Escocia fueron lo mejor; pero contra Francia el equipo ofreció poca resistencia y le costó superar a Gales e Italia. Hubo actuaciones prometedoras entre los tres cuartos y allí se lucieron Jamie Osborne, Robert Baloucoune y Stuart McCloskey. Otro aspecto positivo de los irlandeses fue que anotaron en el 58 por ciento de sus ingresos a los 22 metros adversarios y evitaron que sus rivales anotaran en el 67 por ciento de los suyos (ambos números fueron mejores que los del resto). Por algunas dudas e irregularidades pasó Escocia. Arrancó mal con la derrota inesperada ante Italia en un partido en el que no jugaron Blair Kinghorn y Duhan van der Merwe, dos de sus figuras. Entonces, bajo presión, arrancó de atrás y pese a que Kinghorn luego tuvo acción, sostuvo esa decisión de jugar de un modo distinto. Fue fiel a ello y bancó la presión.para jugar con posesión y atacando. Eso le terminó dando resultado y, bajo la batuta de Finn Russell, le permitió llegar hasta la última fecha con chances de ser campeón pero no le pudo seguir el ritmo a Irlanda. La victoria sobre Francia fue, posiblemente, la mejor actuación de cualquier equipo en el torneo y el mejor partido y el mejor resultado de Escocia en mucho tiempo. Un dato: con Gregor Townsend como entrenador, Escocia perdió los nueve partidos que jugó contra Irlanda pero consiguió su sexta victoria contra Inglaterra en la competición en nueve encuentros. La revelación del torneo fue Italia, que no se apartó demasiado de su rugby histórico pero, a esta altura, está claro cuánto creció el equipo de la mano de Gonzalo Quesada quien, en su staff, tiene a un tremendo estudioso del juego como Germán Fernández. Una victoria ante Gales en la última fecha hubiera significado su mejor Seis Naciones, con tres triunfos por primera vez desde su llegada al torneo en 2000. Sin embargo no pudo ser ya que los galeses se escaparon en el marcador en la primera mitad del partido y lo hecho por los italianos en el complemento fue un mero consuelo. La primera victoria contra Inglaterra quedará grabada en la memoria de Italia (y también de los ingleses) y el impresionante triunfo contra Escocia tampoco deberá olvidarse (como el rendimiento de su scrum ante los irlandeses). El equipo sólo recibió 117 puntos en contra y fue su segunda mejor marca de la historia después de los 111 de 2013. Pero, como contrapartida, hubo problemas en el ataque con un promedio de 1,49 puntos por entrada en la zona de 22, muy por debajo del de los demás equipos. Lo de Inglaterra fue un electrocardiograma. Casi con el mismo equipo que perdió contra Italia, a la semana siguiente jugó un partidazo contra Francia. Con Fin Smith como apertura cambió su manera de jugar y atacó mucho más con las manos en lugar de patear. Pero es muy difícil cambiar plenamente lo que se tiene estudiado y aprehendido; Inglaterra lo quiso hacer contra el campeón y no fue tan efectivo. Confiados contra Gales (12ª victoria consecutiva), brillantes contra Francia, pero lamentables en el resto del torneo, los ingleses no pudieron salir de su irregularidad. Sus esperanzas se esfumaron brutalmente con humillantes derrotas ante Escocia, Irlanda y, la más dolorosa, frente a Italia. Si bien ofrecieron una gran actuación contra Francia, ello no fue suficiente para lograr una victoria que deberían haber asegurado de no ser por la indisciplina y su desorganización defensiva. Fue la tercera vez que Inglaterra terminó quinto en el Seis Naciones (2018 y 2021, las anteriores) pero fue la primera en la que sólo consiguió una victoria. Gusto a nada para los creadores del rugby. Por si eso fuera poco, Inglaterra concedió 55 penales, la cifra más alta del torneo, y recibió nueve tarjetas (una roja y ocho amarillas). Gales, más allá de terminar último, terminó con alguna sensación positiva por el cierre ante Italia. Porque lo suyo pudo haber sido mucho peor. Inglaterra y Francia lo arrollaron aunque estuvo cerca de vencer a Irlanda y Escocia, que le arrebató el triunfo con un try de George Turner sobre el cierre. Lo positivo: logró la mejor efectividad en las patadas a los postes con respecto al resto al convertir el 93 por ciento de sus kicks incluyendo cuatro de cuatro penales y 10 de 11 conversiones. No todo fue tan malo... Sobre la firma Newsletter Clarín
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