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  • La guerra en el Golfo dificulta mantener las luces encendidas en Bangladés

    » TN

    Fecha: 17/03/2026 15:14

    Las últimas vacaciones del Ramadán comenzaron antes para los estudiantes universitarios de Bangladés, el 9 de marzo, pero por motivos muy desafortunados. Las principales escuelas del país anunciaron que las clases se cancelaban, con efecto inmediato, hasta finales de mes. El gobierno cerró los campus para ahorrar electricidad, una respuesta drástica a la crisis energética mundial provocada por la guerra en el golfo Pérsico. "A mí no me parecen vacaciones", dijo Abdullah Al Mahmud Mehedi, de 23 años, quien está cursando una maestría en Ciencias Sociales en la Universidad de Daca. Al igual que otros países, Bangladés está preocupado por su suministro de crudo y gas natural. El acceso al gas es especialmente preocupante. Aproximadamente la mitad de la electricidad de Bangladés procede de instalaciones generadoras de electricidad que queman gas. Casi un tercio de ese gas procede de Catar, y la guerra en el Golfo prácticamente ha bloqueado su flujo. Además de cerrar las universidades, el gobierno ha empezado a imponer apagones temporales y otras medidas para conservar la electricidad. Si se acaba el gas, también se acaba la electricidad que enciende las luces y alimenta las fábricas que son cruciales para la economía bangladesí, que está orientada a la exportación. Todo esto tiene como telón de fondo la delicada situación política de Bangladés. El país votó un nuevo gobierno hace apenas un mes, el primero en ser elegido desde que el reinado de Sheikh Hasina se derrumbó en agosto de 2024. Tarique Rahman, el nuevo primer ministro, tomó posesión de su cargo en febrero y declaró que su victoria "pertenece a la democracia", pero advirtió que el país "comienza nuestro viaje" con una economía frágil. Hasina fue derrocada, tras 15 años en el poder, por un movimiento dirigido por estudiantes que aprovechó un profundo sentimiento de indignación por una crisis financiera. El modelo económico de Bangladés combina la dependencia de la fabricación de prendas de vestir --casi el 85 por ciento de sus exportaciones-- con la importación de combustible y otros bienes esenciales. Ese modelo expone a Bangladés a fuerzas más allá de sus fronteras. Cuando Rusia invadió Ucrania y perturbó el comercio e hizo subir el precio de los alimentos y el petróleo, la economía bangladesí se tambaleó. La industria textil del país sobrevivió a esa crisis y al caos político que la siguió, así como se rehizo tras el derrumbe de una fábrica en 2013, que causó la muerte de 1134 trabajadores y ahuyentó a los compradores extranjeros. Ahora, la resistencia de las fábricas bangladesíes se enfrenta a otra prueba. Mohiuddin Rubel, exdirector de la Asociación de Fabricantes y Exportadores de Prendas de Vestir de Bangladés, quien dirige varias fábricas propias, atribuyó la vulnerabilidad del país a su tendencia al encasillamiento. "Los bangladesíes son muy buenos para hacer una sola cosa, como ropa confeccionada", dijo. "No estamos diversificados". Y lo mismo ocurre con su red eléctrica, que, en su opinión, utiliza muy poca energía renovable. Shafiqul Alam, analista del Instituto de Economía Energética y Análisis Financiero de Daca, dijo que le preocupaba la inminente escasez de gas y la necesidad de mantener las fábricas en funcionamiento. Bangladés ya utiliza lo que se denomina desconexión de carga, o apagones programados, normalmente de un par de horas de duración, para reducir la tensión de las sobrecargadas centrales eléctricas. Son el azote de las fábricas modernas, que no pueden permitirse dejar inactivos a miles de trabajadores. La mayoría tienen preparados enormes generadores diésel para cubrir los cortes de suministro. Estos generadores son un sustituto caro de las centrales térmicas de gas, pero Bangladés tiene fuentes alternativas de diésel, como Singapur y Malasia. Otra preocupación es el calor del verano, que llega temprano a Bangladés. El gobierno podría tener que empezar a reducir la carga en abril, cuando se espera que el pico de demanda supere los 18.000 megavatios, dijo Alam. "Pero deben planificarlo adecuadamente para que el sector industrial no se vea afectado negativamente", añadió. La forma de hacerlo, dijo Alam, es que los bangladesíes ahorren electricidad en casa. Los hogares consumen el doble que todas las fábricas juntas. "El gobierno tiene que concientizar a la población sin provocar el pánico", dijo. Por ejemplo, podría señalar cuánto dinero podría ahorrarse un hogar con aire acondicionado al cambiar el termostato de 24 a 25 grados Celsius. Puede haber una oportunidad diplomática oculta en la crisis. Las relaciones entre Bangladés y su vecina India han sido difíciles desde 2024, cuando Hasina se refugió en Nueva Delhi. Pero Aninda Islam Amit, funcionario del Ministerio de Energía de Bangladés, dijo: "Se espera que lleguen de India un promedio de 13.60o toneladas de diésel al mes". Y, dijo Amit, "apoyar a un vecino durante una crisis es una cuestión de cortesía". En el principal centro industrial bangladesí, la Zona de Procesamiento de Exportaciones de Daca, el suministro de electricidad está garantizado, y las fábricas de Rubel tienen un lugar privilegiado en su interior. La zona, creada en 1993, es un ejemplo de la gran prioridad que Bangladés ha dado a su industria de la confección. Las máquinas de coser de su interior serían las últimas en sufrir por un apagón. Pero Rubel sabe que muchos bangladesíes, incluidos muchos de sus colegas, están dolorosamente expuestos a la escasez. Todos tienen generadores de diésel. "Fuera de la zona", dijo, "la gente suele necesitarlos a menudo". Alex Travelli es corresponsal del Times en Nueva Delhi, donde se ocupa de asuntos económicos y empresariales en la India y el resto del sur de Asia.

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