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  • ¿Un golpe a la negociación? El impacto de la muerte de Ali Larijani en el diálogo con Estados Unidos

    » Clarin

    Fecha: 17/03/2026 13:04

    En un salón de su oficina de primer ministro, Benjamín Netanyahu aparece hablando por teléfono y dando una orden: la ejecución de Ali Larijani, el estratega, filósofo iraní y nominado heredero por el asesinado ayatolá jefe, Ali Khamenei, antes del inicio de la guerra de Israel y Estados Unidos contra Irán. Israel anunció que eliminó a Larijani, presidente del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, y al comandante de la milicia Basij, Gholamreza Soleimani, el martes a la noche, sin que Irán haya confirmado ni desmentido la noticia hasta el momento. El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, afirmó la muerte de Larijani el martes. Fue en una operación nocturna. Soleimani no tiene vínculos con el general asesinado por orden de Donald Trump en Irak. Pero era un alto oficial de la Guardia de la Revolución, afectado por las sanciones. Un Shah con turbante Ali Larijani era como un sha de Irán con turbante, según la definición de un intelectual iraní. El hombre fuerte del régimen combinaba un perfil intelectual excepcional, experiencia en estrategia y una dilatada trayectoria en los más altos niveles del Estado iraní. Filósofo de formación, experto en Kant, negociador consumado con los occidentales, gran conversador y hombre del sistema, representaba un conservadurismo pragmático. Eso le permitía dialogar, discutir y navegar entre las diferentes facciones del régimen islámico sin sufrir purgas. ¿Era el negociador con Estados Unidos? Estados Unidos e Irán estaban negociando una salida a la guerra la semana pasada. Lo anunció Donald Trump y The New York Times. ¿Era Ali Larijani el que estaba dirigiendo las conversaciones? No lo mató una operación norteamericana sino una planeada eliminación israelí, que hasta ahora ha liquidado a todos los eventuales interlocutores iraníes, porque quiere seguir la guerra. Nadie sabe si hubiera sido el Delcy Rodríguez iraní, pero era seguro quien iba a tener la última palabra sobre un eventual fin de la guerra. Haaretz, un periódico de izquierda israelí, resalta cualidades que rara vez se destacan en los perfiles de funcionarios de la República Islámica de Irán en la prensa israelí. Lo describe como un intelectual, filósofo de formación, familiarizado con el pensamiento occidental y con capacidad de pensamiento estratégico. Subraya su competencia política y su habilidad para desenvolverse en la compleja dinámica de poder de Irán. Todos los que conocieron a Larijani, que viajaba habitualmente a Beirut, comía en el muy italiano restaurante Il Dente y se vestía con ropas casi occidentales, lo respetaban. Se podía disentir con él ampliamente. Negoció el acuerdo nuclear con los europeos y Rusia. Larijani emergió a lo largo de su carrera como un actor experimentado y pragmático, capaz de negociar con Occidente. Una poderosa familia de clérigos Ali Larijani proviene de una influyente y poderosa familia religiosa. Nacido en 1957 en Nayaf, en Irak, en el seno de una familia de origen iraní, creció en un entorno impregnado de la cultura clerical shiíta. Su padre, el ayatolá Mirza Hashem Amoli, es uno de los teólogos más respetados del mundo religioso iraní. Tras la Revolución Islámica de 1979, varios miembros de la familia Larijani ocuparon puestos estratégicos dentro del aparato estatal. Su hermano, Sadegh Larijani, dirigió el poder judicial durante varios años. Mohammad Javad Larijani desempeñó un papel fundamental en la diplomacia y las relaciones internacionales del régimen. Sin embargo, dentro de este contexto político y religioso, Ali Larijani desarrolló un perfil atípico. Estudió filosofía y dedicó su trabajo académico al pensamiento de Immanuel Kant. Esta formación intelectual contribuyó a forjar la imagen de un líder con una cultura filosófica poco común en los círculos de poder iraníes. Larijani abandonó rápidamente la academia para incorporarse a las estructuras políticas de la República Islámica. En la década de 1990, asumió la dirección de la radio y la televisión nacionales iraníes, un puesto estratégico que le permitió consolidarse dentro del aparato estatal. Posteriormente, asumió importantes responsabilidades en el ámbito de la seguridad nacional. Como secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, se convirtió en una de las figuras clave responsables de los asuntos estratégicos, en particular del programa nuclear iraní. A mediados de la década de 2000, participó en negociaciones con potencias occidentales sobre el tema nuclear, adquiriendo una valiosa experiencia en la dinámica del poder diplomático. Los negociadores lo respetaban. Pero esta posición le valió críticas de algunos círculos conservadores más radicales, que en ocasiones le reprocharon su relativa apertura a la diplomacia internacional. En 2008, fue elegido presidente del Parlamento iraní, el Majlis, cargo que ocupó durante doce años. Durante este periodo, se consolidó como una de las figuras más influyentes en el equilibrio de poder interno del régimen. La crisis de los estudiantes Uno de los momentos clave de su carrera política tuvo lugar durante la crisis que siguió a las elecciones presidenciales de junio de 2009. Dichas elecciones, ganadas por Mahmoud Ahmadinejad, fueron impugnadas por un amplio sector de la población iraní, que denunció fraude electoral. En la Universidad de Teherán estallaron manifestaciones estudiantiles para protestar contra los resultados anunciados; hubo 12 muertos. En aquel entonces, Ali Larijani, presidente del Parlamento, cuestionó el manejo de la crisis por parte del gobierno. Larijani condenó rápidamente la violencia perpetrada por las fuerzas de seguridad contra los estudiantes. Visitó personalmente varios lugares donde se habían reportado ataques y cuestionó públicamente las agresiones perpetradas contra estudiantes en sus residencias universitarias durante la noche. Afirmó que la ley debía respetarse y enfatizó la responsabilidad política del ministro del Interior en la gestión de estos eventos. Esta postura reforzó su imagen como un hombre de instituciones, preocupado por preservar cierto grado de legalidad política dentro del régimen. A pesar de estas posiciones a veces matizadas, Larijani siguió siendo un fiel partidario del líder supremo Ali Khamenei. Esta relación de confianza le permitió ocupar varios cargos delicados y mantener una influencia duradera dentro del sistema político hasta ser nombrado su heredero. El testamento Larijani solía adoptar un estilo político discreto y mantenía contacto con líderes occidentales. Con frecuencia operaba entre bastidores, favoreciendo las negociaciones y los compromisos. Esta capacidad para dialogar con diferentes facciones dentro del régimen contribuyó a convertirlo en una figura clave en momentos de tensión política. En un sistema caracterizado por complejas relaciones institucionales y fuertes divisiones, este perfil de mediador estratégico le otorgaba una posición única. Por eso fue nombrado heredero por Khamenei si lo mataban en la guerra. Su testamento es un mensaje manuscrito para los marineros que murieron hundidos por un misil de un submarino norteamericano frente a Sri Lanka, en el IRIS Dena. El martirio de la Armada del Ejército de la República Islámica en Dena forma parte de los sacrificios de la orgullosa nación que ha surgido en este tiempo de lucha contra los opresores internacionales, escribió Larijani, en lo que podría haber sido su última misiva. ¿Quién era Soleimani? Gholamreza Soleimani era un oficial militar iraní, alto mando del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán y comandante de las brutales fuerzas paramilitares Basij. Murió en otra operación nocturna. A pesar de compartir el mismo apellido, no tenía parentesco con Qasem Soleimani, comandante de la Fuerza Quds, quien fue asesinado por Estados Unidos en enero de 2020. Gholamreza Soleimani nació en 1963 en la ciudad de Farsan, provincia de Chaharmahal y Bakhtiari. Inició su carrera militar en la primavera de 1984 como voluntario en la Basij durante la guerra Irán-Irak. Se unió al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica en 1982 y ascendió al rango de comandante de compañía y posteriormente de comandante de batallón durante la guerra. Soleimani se desempeñó como comandante de la Organización Basij desde 2019, una de las más represivas del régimen. Estaba sujeto a sanciones internacionales del Reino Unido, Canadá, Estados Unidos, Mónaco y la Unión Europea. 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