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» La Nacion
Fecha: 17/03/2026 06:29
Paolo Sorrentino: su gran decepción, la importancia vital de la curiosidad y el film que lo trae de regreso Con La Grazia, que se estrena este jueves 19, el director italiano vuelve a bucear en los dilemas morales de la política, a través de un presidente a punto de terminar su mandato - 9 minutos de lectura' Paolo Sorrentino ha demostrado tener un interés especial en los políticos italianos. En sus películas El Divo y Loro, retrató a dos famosos primeros ministros de su tierra natal: Giulio Andreotti y Silvio Berlusconi, respectivamente. Ambos fueron interpretados por el mismo actor, su colaborador habitual, Toni Servillo. Para poder investigar los dilemas morales de un presidente que se preocupa de verdad por ellos, el director napolitano tuvo que crear, desde cero, a un político ficticio. De nuevo, Servillo fue el elegido para interpretar a este complejo personaje. Mariano De Santis, el personaje principal de su nueva película, La Grazia, que llegará a los cines argentinos este jueves 19, es un destacado jurista, que enfrenta el final de su mandato teniendo que resolver dos temas cruciales. Por un lado, debe decidir si firmar una nueva ley que permitiría la eutanasia, y también, elegir entre dos personas encarceladas para otorgarles un indulto. Al mismo tiempo, el presidente tiene que lidiar con temas personales, como la relación con su hija Dorotea (Anna Ferzetti), quien es su colaboradora más cercana, a pesar de las diferencias de opinión que tienen. Sus problemas de salud y los agujeros negros de la nostalgia en los que se pierde, pensando en su difunta esposa y preguntándose por los problemas que su matrimonio enfrentó en el pasado, completan el sensible panorama de un momento clave en la vida de este hombre poderoso. En una charla con un grupo de medios internacionales de la que participó LA NACION, Sorrentino habló sobre su decepción con los políticos del mundo real, los momentos clave de su carrera, su desinterés por la recepción de sus películas y por su legado, y contó por qué la curiosidad es una fuerza vital, no solo para los líderes, sino para todos los seres humanos. -Hiciste más películas basadas en líderes políticos, pero esta es un retrato de la gran política y de la utilidad de la política. ¿Cuál fue la motivación? ¿Necesitamos más líderes como este? ¿O te decepcionan los políticos? -La verdad es que estoy muy decepcionado con los políticos de hoy en día. Creo que el político protagonista de mi película posee las cualidades necesarias para serlo. A menudo he hecho películas sobre políticos, pero también sobre personas que dedicaron su vida a cosas que yo desconozco. Si dejamos de lado Fue la mano de Dios, que fue mi única película autobiográfica, siempre he hecho películas cuyos protagonistas eran muy diferentes a mí, porque me intrigaban sus motivaciones para hacer cosas que yo jamás haría. No me preocupa lo que piense la gente Es probable que Fue la mano de Dios sea la película más famosa de Sorrentino en la Argentina. Además de su nominación al Oscar a Mejor Película Internacional, el film de inspiración autobiográfica tuvo mayor repercusión en nuestro país por su relación con Diego Armando Maradona, una figura muy importante en la historia personal del director italiano. Cuando Sorrentino era adolescente, sus padres murieron en un accidente por una fuga de monóxido de carbono, en una casa en la que estaban de vacaciones. El director se salvó de ese mismo destino, al no acompañar a sus padres porque quería ir a ver jugar al legendario futbolista argentino. Unos años después, Sorrentino empezó a estudiar economía en la Universidad de Nápoles Federico II, pero abandonó luego la carrera para dedicarse al cine. Comenzó como guionista y luego incursionó en la dirección, con su opera prima El hombre de más, protagonizada por (¿quién otro?) Toni Servillo. Desde entonces, el guionista y director construyó una filmografía en Italia. Se hizo conocido en todo el mundo, a través de films como Las consecuencias del amor; El amigo de la familia; y La gran belleza, por la que ganó el Oscar a Mejor Película Internacional, en 2014; entre otros. El triunfo en los premios de la Academia y su paso por festivales como el de Cannes y el de Venecia, en donde se estrenó La Grazia, en la última edición, fomentó un reconocimiento internacional, que se hizo aun mayor al realizar películas en inglés, como Un lugar donde quedarse, con Sean Penn y Frances McDormand; y Juventud, protagonizada por Michael Caine, Harvey Keitel y Rachel Weisz. Siguiendo los pasos de otros directores de cine contemporáneos, Sorrentino también creó las miniseries The Young Pope y The New Pope. Protagonizadas por Jude Law y John Malkovich, ambas series ofrecen una visión muy imaginativa del Vaticano, con tanto dramatismo como humor filoso. Luego de estrenar Parthenope: los amores de Nápoles, en 2024, el realizador vuelve ahora a su cine enfocado en la política con La Grazia. -Tu protagonista reflexiona sobre su vida. Al recordar tu carrera como director, ¿cuál fue un momento importante que cambió el rumbo de tu carrera? -Hubo varios. Tal vez el primero fue cuando hice mi segunda película, Las consecuencias del amor, y fue elegida para ser parte de la Competencia del Festival de Cine de Cannes. Ese fue un punto de inflexión en mi carrera. Fue un gran avance. Otro momento muy importante fue, sin duda, ganar el Oscar. Después de eso, mi carrera cambió. Así que destacaría estos dos momentos. -Una vez más, regresás al gran lienzo de Roma. ¿Qué crees personalmente que aporta la ciudad al cine en general y a esta película en particular? -Bueno, Roma aparece muy poco en esta película en particular y su presencia no tiene ningún valor. Está ahí porque es donde reside el jefe del estado italiano. Pero no tenía ningún interés en explorar Roma en esta película. Eso es algo que ya hice en La gran belleza. En aquel entonces me interesaba mucho Roma, pero esa experiencia agotó mi interés por ella. -Quería preguntarle por el debate actual sobre cuántos líderes mundiales son hombres mayores y sobre su posible dificultad para conectar con las generaciones más jóvenes y su visión del mundo. Me preguntaba cuánto pensó en esto al crear a este presidente que, de hecho, tiene en cuenta la visión del mundo de su hija. -Me centré mucho en eso, porque la película se inspiró en la relación entre el presidente y su hija, que es fruto de mi propia relación con mis hijos. Y a medida que mis hijos se han convertido en jóvenes adultos y se hicieron mayores, nuestra relación se basó en un gran intercambio de ideas y puntos de vista. Me di cuenta de que lo más difícil para un adulto es poder aceptar y comprender la forma de pensar de los jóvenes, y eso es muy, muy complicado. Pero también es lo único que uno debería hacer si no quiere convertirse de verdad en viejo y antipático. -La película también aborda temas complejos, como la eutanasia. ¿Cómo percibiste las reacciones del público frente al film? -No lo sé, porque en el momento en que termino una película empiezo a pensar en fútbol o en hacer otra película. No me preocupa lo que piense la gente sobre la película que acabo de terminar. Aprendo a terminar un film en el momento en que terminé de editarlo. Así que no estoy muy al tanto de cómo fueron las reacciones. -También es una película sobre el tiempo. En un momento de la película, un personaje dice: ¿A quién pertenecen nuestros días?. ¿Pensás a menudo en eso? ¿Cómo es tu relación con el pasado? -Es una pregunta muy complicada, porque el paso del tiempo depende de la etapa de tu vida en la que te encuentres. Cuando era joven, me obsesionaba la rapidez con la que pasaba el tiempo. Y ahora que soy mayor, me preocupa mucho menos que el tiempo pase volando. Creo que fue Kafka quien dijo que el sentido de la vida es que terminará, y haré mía esta cita de Kafka. -Trabajas de nuevo con el maravilloso Tony Servillo. ¿Qué te aporta construir una relación con un actor y luego retomarla en un papel diferente? ¿Qué aporta eso a tu proceso de trabajo? -Nuestra relación ha sido prácticamente la misma a lo largo de los años. Trabajamos muy bien juntos. Nos llevamos bien. Nos divertimos juntos, y así ha sido durante muchos años. Y creo que esto es maravilloso para dos personas que tienen un trabajo que, en general, es bastante inusual. -¿Por qué te parece que los seres humanos están tan obsesionados con su legado? -No lo sé, porque, personalmente, no me obsesiona en absoluto el legado. No me interesa en absoluto que mis películas se vean en el futuro. Así que, la verdad, no sé cómo responder la pregunta, porque carezco por completo de esa característica. Personalmente, preferiría ser completamente olvidado. Por lo tanto, no sé cómo explicarlo. La curiosidad Sorrentino tampoco quiere opinar sobre los debates en torno a la relación entre el arte y la política, ya que le parece un tema complejo, para el que no tiene una respuesta. Durante la charla con los medios, queda claro que el director está más interesado en dejar que sus películas expresen su visión del mundo, sin entrar en reflexiones posteriores que aclaren lo que ya plasmó en la pantalla. Ciertos elementos que están presentes en sus películas, no requieren de ninguna explicación, sino que su valor está señalizado por el lugar que ocupan en su filmografía. Sobre la presencia de la danza y la música en sus films, el director dice que son muy importantes porque no significan nada y me gustan las cosas que son sólo una expresión de emoción y alegría sin significar nada. Lo cual no quiere decir, de ninguna manera, que Sorrentino no tenga curiosidad sobre la realidad y su representación artística. De hecho, la curiosidad es uno de los rasgos de personalidad más notorios del presidente ficticio que está en el centro de La Grazia. -Una de las características de su presidente es su gran curiosidad. Y me preguntaba si cree que esto es algo que los líderes realmente necesitan tener. -Los líderes, como cualquier ser humano, necesitan ser curiosos, porque cuando la curiosidad muere, la depresión se apodera de nosotros. Así que creo que la curiosidad, al igual que tener un propósito en la vida, son las dos cosas que nos mantienen vivos. Pero esto no solo aplica a los líderes. Esto aplica a todos y cada uno de nosotros.
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