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» La Nacion
Fecha: 16/03/2026 16:13
Encontrá las guías de servicio con tips de los expertos sobre cómo actuar frente a problemas cotidianos: Adicciones, violencia, abuso, tecnología, depresión, suicidio, apuestas online, bullying, transtornos de la conducta alimentaria y más. Pienso en mover los dedos y aparecen las letras: lograron que dos personas con parálisis vuelvan a escribir Pensar una tecla y verla en pantalla: un implante logró que personas con parálisis volvieran a escribir - 7 minutos de lectura' La escena ocurre sin movimiento visible, aunque la pantalla frente a los participantes no deja de llenarse de palabras. Dos personas con parálisis intentan mover los dedos como si estuvieran frente a un teclado físico, pero sus manos no llegan a ejecutar la acción. Aun así, las letras aparecen una tras otra en la pantalla frente a ellos, forman oraciones y permiten sostener un intercambio continuo. Ese resultado, que hasta hace poco parecía inalcanzable para alguien que perdió por completo el control de sus extremidades, fue logrado gracias a un sistema experimental que interpreta la actividad cerebral asociada a la intención de escribir y la convierte en texto en tiempo real. El desarrollo fue presentado por un equipo de investigadores de Estados Unidos y publicado en la revista Nature Neuroscience, en un trabajo que expone la posibilidad de recuperar la comunicación escrita con una velocidad y naturalidad cercanas a las de una persona sin discapacidad motora. Los científicos implantaron matrices de microelectrodos en la corteza motora de dos participantes con tetraplejía. Uno tiene esclerosis lateral amiotrófica (ELA) la misma patología que tiene el exsenador, Esteban Bullrich. Se trata de un trastorno neurodegenerativo que deteriora progresivamente la capacidad de mover el cuerpo y de hablar. El otro participante del estudio sufrió una lesión cervical de médula espinal que interrumpe la conexión entre el cerebro y los músculos desde el cuello hacia abajo. En ambos casos, la intervención se orientó a registrar la actividad neuronal correspondiente a la intención de mover cada dedo, incluso cuando ese movimiento ya no se podía ejecutar físicamente. La zona elegida para el implante fue el área responsable del control voluntario de las manos, donde se activan patrones específicos cuando una persona planifica o intenta realizar una acción motora. A partir de esas señales, los investigadores entrenaron un sistema capaz de traducir la actividad cerebral en la selección de teclas de un teclado QWERTY [el de las máquinas de escribir y computadoras] virtual. Para ello recurrieron a un algoritmo que interpreta las fluctuaciones neuronales y asigna, en función de la forma y la intensidad de esas señales, cuál sería la tecla que la persona intentó presionar. La interfaz conserva la distribución tradicional del teclado, de modo que el usuario no necesita aprender una codificación nueva ni un método alternativo de comunicación. Basta con intentar teclear como lo hacía antes de la parálisis, aunque los músculos ya no respondan. La familiaridad con el patrón QWERTY permite que el uso sea intuitivo y que la curva de aprendizaje sea breve. El desempeño alcanzado por los participantes superó los registros previos en interfaces cerebrocomputadora orientadas a la comunicación escrita. Uno de ellos llegó a escribir 110 caracteres por minuto [el promedio para una persona sin discapacidad motora ronda los 180 caracteres], lo equivalente a 22 palabras por minuto, con tasas de error muy bajas y con bloques completos de texto sin errores de palabras. El segundo participante, con un implante de menor cobertura cortical, alcanzó una velocidad de 47 caracteres por minuto, también con niveles de precisión adecuados para la comunicación cotidiana. En ambos casos la escritura fue completamente autorregulada: el sistema no impuso intervalos fijos ni ritmos preestablecidos. La persona iniciaba la frase cuando lo decidía y continuaba al ritmo que podía sostener, lo que resultó clave para mantener un flujo natural de escritura. La calibración fue uno de los aspectos más relevantes del estudio porque definió la practicidad del sistema. Según reportaron los autores, con cerca de 30 oraciones de calibración el modelo ya era capaz de descifrar las intenciones con una tasa de error de palabra que permitía una comunicación fluida. Con más entrenamiento, el rendimiento mejoró aún más. El análisis del comportamiento del sistema entre días distintos mostró que el rendimiento no se deterioraba abruptamente, algo común en interfaces intracorticales que sufren fluctuaciones en la señal. Los investigadores utilizaron métodos de entrenamiento acumulativo que ayudan a mantener la estabilidad sin necesidad de reiniciar el proceso cada día de uso. Comparación con otras técnicas La comparación con otros enfoques, como la decodificación de escritura manuscrita imaginada, mostró diferencias importantes. En los sistemas basados en la reproducción mental de trazos manuscritos, los errores suelen concentrarse en letras con formas semejantes, lo que complica la tarea de los modelos de lenguaje que corrigen la salida final. En cambio, en el teclado QWERTY los fallos tienden a darse entre teclas cercanas, un patrón más previsible y más fácil de corregir automáticamente. Esa diferencia contribuyó a que la interfaz alcanzara una velocidad y una precisión que se acercan a las de la escritura convencional en teclados físicos. El trabajo también exploró cómo influye la configuración del implante en el rendimiento. El participante que alcanzó la mayor velocidad tenía seis matrices de microelectrodos distribuidas entre ambos hemisferios de la corteza motora, con un total de 384 canales de registro. Esa cobertura permitía una lectura más completa de los patrones neuronales vinculados a los 10 dedos. El otro participante tenía un número menor de electrodos implantados en un solo hemisferio, lo que se reflejó en una velocidad más baja, aunque igualmente útil para la interacción cotidiana. Los autores señalaron que la capacidad de decodificar movimientos de ambas manos desde un solo hemisferio es una ventaja, ya que podría facilitar el uso del sistema en personas que no puedan recibir implantes bilaterales. El objetivo final de este tipo de desarrollos es ofrecer una alternativa de comunicación para personas que hoy dependen de métodos lentos o físicamente desgastantes. Muchos usuarios con lesión medular emplean sistemas de seguimiento ocular, que pueden resultar cansadores y menos precisos, mientras que quienes tienen enfermedades como la esclerosis lateral amiotrófica suelen utilizar tableros de letras que requieren confirmaciones sucesivas para construir una palabra. Este tipo de interfaces promete una interacción más rápida, silenciosa y privada, con la posibilidad de integrarse con mensajería, correo electrónico o herramientas de sintetización de voz. El equipo prevé que, en el futuro, el sistema podría incorporar gestos imaginados que permitan cambiar tipos de teclas, acceder a números o activar funciones adicionales como el borrado. Los investigadores subrayaron que se trata de un estudio experimental y que su uso generalizado depende de superar varios desafíos, entre ellos la duración a largo plazo de los implantes, la reducción del número de electrodos necesarios y la posibilidad de simplificar los procedimientos de calibración para que un usuario pueda emplear el sistema sin asistencia permanente de un especialista. También advirtieron que, por tratarse de una implantación invasiva, su uso debe evaluarse caso por caso y considerar los riesgos quirúrgicos. A pesar de esas limitaciones, el trabajo demuestra que la actividad cerebral asociada a la intención de teclear puede convertirse en texto rápido y preciso, incluso en personas que hace años no pueden mover sus manos. El avance abre la posibilidad de reconstruir un canal de comunicación directo para quienes perdieron la movilidad y el habla. Para muchas personas con parálisis severa, la capacidad de formular una frase completa sin depender de otra persona representa una diferencia sustancial en su autonomía. El estudio muestra que un movimiento imaginado, que no llega a traducirse en acción física, puede transformarse en palabras y recuperar un modo de interacción que antes estaba completamente vedado.
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