16/03/2026 08:34
16/03/2026 08:34
16/03/2026 08:34
16/03/2026 08:34
16/03/2026 08:33
16/03/2026 08:33
16/03/2026 08:33
16/03/2026 08:32
16/03/2026 08:32
16/03/2026 08:32
» Clarin
Fecha: 16/03/2026 06:48
Los riñones, cuando están sanos, filtran alrededor de media taza de sangre por minuto. En ese proceso, eliminan los desechos del organismo y el exceso de agua para producir la orina. Cuando están enfermos, esa función vital y el resto de las que se encargan, fallan. En mayor o menor medida, les ocurre a unos 5 millones de argentinos, pero apenas el 10% lo sabe. "Afecta a uno de cada 8. En un almuerzo con familiares o amigos, probablemente haya alguien con enfermedad renal sin saberlo", grafica Marina Papaginovic Leiva, presidenta de la Sociedad Argentina de Nefrología (SAN). Conocer qué tan bien o qué tan mal están haciendo su trabajo los riñones es sencillo, barato, y clave para actuar a tiempo. El problema es que muchos se enteran de que estaban enfermos cuando el nivel de daño es tal que se requiere un tratamiento sustitutivo como la diálisis o un trasplante. Muchos ni siquiera llegan a eso, mueren antes de llegar a la etapa de insuficiencia renal como consecuencia de alguna complicación cardiovascular. "El daño en el riñón es silencioso. Empieza con pequeños cambios en la función, que se van acrecentando año a año y que llevan a la progresión de la enfermedad renal. Estamos llegando tarde, nos llegan pacientes con estadios renales avanzados y a algunos los conocemos directamente el día que tienen que entrar a diálisis", manifestó a Clarín Papaginovic Leiva, en el marco del Día Mundial del Riñón, que fue el jueves 12. "Cuando se diagnostica, muchas veces se ha perdido más del 50% de la funcionalidad", agrega. Es decir, los riñones funcionan a media máquina. Pero previamente no habían dado ninguna señal de alarma, porque la enfermedad renal crónica (ERC) no da síntomas. Ni dolor, ni malestar. Nada. Hay que ir a buscarla. Y se la encuentra fácil. "Con una muestra simple de la primera orina de la mañana y una muestra de sangre podés identificar si el paciente tiene algún grado de enfermedad renal", apunta la nefróloga. "Es básico, es barato, es accesible y nos muestra cómo está ese paciente en ese momento. Y nos permite encontrar a muchos que no están pesquisados y no están tratados. Cuando la detectamos precozmente, les cambiamos el pronóstico." Cómo se detecta la enfermedad renal crónica La detección de la ERC se basa principalmente en la evaluación de dos indicadores fundamentales que miden la función y el daño de los riñones. El primero y más utilizado es la Tasa de Filtración Glomerular estimada (TFGe), basada en los niveles de creatinina, para medir qué tan bien los riñones están filtrando la sangre. Pero el daño puede manifestarse antes de que se afecte la función. Y eso se observa precozmente a través del análisis que mide la excreción urinaria de albúmina, que evalúa la presencia de proteínas que no deberían estar en la orina si el riñón funcionara correctamente. El indicador específico utilizado es el cociente albúmina-creatinina (RAC). Un valor de 30 mg/g o superior se considera generalmente como un signo de daño renal. "Con la relación albúmina-creatinina y la medición de creatinina en sangre ya podemos estadificar al paciente al detectar cambios mínimos que hacen que sepamos que tiene que ser seguido y tratado y cuán incisivos tenemos que ser con ese tratamiento", enfatizó la presidenta de la SAN. ¿Y esto no se pide de rutina? Por lo general, se pide urea y creatinina, que son los dosajes en sangre, aunque la creatinina no siempre se pide. Y en la muestra de orina, muchas veces indican la orina completa, pero no el dosaje de albúmina en orina. Hay médicos clínicos que todavía no piden el RAC. ¿Y a quiénes hay que indicarle estos estudios para buscar la enfermedad renal? A los adultos que vivan con hipertensión o diabetes, que son las dos primeras causas de ingreso a tratamiento sustitutivo renal. También en caso de tener antecedentes familiares de enfermedad renal resistente o hereditaria, de diálisis o trasplantes. A quienes tengan enfermedad cardiovascular o hayan sufrido un infarto, un ACV. A cualquier paciente con obesidad o que tenga un índice de masa corporal aumentado también hay que ir a buscarlo porque puede no ser diabético ni estar hipertenso, pero puede tener enfermedad renal. Y después de los 50 años, a todos, tengan o no factores de riesgo, en el chequeo anual. Para un diagnóstico clínico formal, las guías internacionales requieren que estas anomalías (reducción de la tasa de filtrado o aumento de la albúmina) persistan durante más de 3 meses. El riñón hace muchas cosas Que los riñones funcionen mal no es menor. Conocer de qué se encargan, ayuda a dimensionar el problema. Su tarea principal es la de filtrar los desechos que genera el organismo. Cuando la función empieza a declinar, la capacidad que tienen estos riñones de eliminarlos no es la misma. Hay una parte de esa declinación que es normal, propia del paso de los años. "Es como ir perdiendo la capacidad de correr porque uno va envejeciendo. Al riñón le pasa lo mismo", ejemplifica la especialista. Lo que hacen la hipertensión, la diabetes, la obesidad, entre otros factores de riesgo, es acelerar la aparición del daño en los riñones, "que quieren eliminar los tóxicos de la misma forma que lo hacían cuando no tenían problemas y no pueden". Y así, no solo los tóxicos que deberían filtrar empiezan a acumularse en el organismo sino que, a medida que progresa la enfermedad, se van viendo limitadas otras de sus acciones y "sumando daños a nivel del organismo". ¿Cómo cuáles? Por ejemplo, el riñón generan una hormona para evitar la anemia. A medida que empeora la función renal, el paciente empieza a presentar anemia, que se va profundizando cada vez más. Maneja además el metabolismo mineral-óseo, del calcio y del fósforo. Cuando la enfermedad renal progresa, se empieza a desbalancear ese metabolismo. Y empiezan a aparecer las complicaciones, por ejemplo, fracturas. Maneja también iones, cómo eliminar el sodio, el potasio, que ejercen un rol clave en el control de la presión arterial. Más el balance de los líquidos, el balance hidrosalino, que le decimos nosotros. Cuando orinamos, eliminamos lo que está de más en el organismo. Con la progresión de la enfermedad renal, una de las posibilidades es que se deje de eliminar volumen. Empieza a sobrecargarse de volumen, entonces si este paciente es cardiópata, tiene insuficiencia cardíaca, va a descompensar esa insuficiencia cardíaca al no eliminar los tóxicos ni el volumen. Está todo interrelacionado. Hoy en día hablamos de un eje cardio-reno-vasculo-metabólico. Cada vez se suman más palabras al eje... Sí, porque lo que está detrás es el estado de inflamación que genera daño y ese daño afecta a todos los órganos. ¿La cara positiva? Un puñado de medidas sirven para mejorar la salud cardiorenometabólica. Es decir, lo que sirve para el corazón, sirve para el cerebro, las arterias, los riñones (pero también para mantener la salud general). ¿Cuáles son? Alimentarse bien, hacer ejercicio físico, no fumar, no automedicarse, controlar el peso, la presión arterial, el colesterol y la glucemia y, obviamente, la función renal. Detectar y tratar Una vez que la enfermedad renal se instala no hay vuelta atrás. No se cura. El objetivo del retrasar la progresión. Es decir, que el daño y la pérdida de la función avancen lo más lento posible. Una vez detectada la enfermedad renal, ¿cómo se sigue? Lo primero es establecer qué grado de enfermedad renal tiene el paciente, en qué estadio está. Los nefrólogos no podemos abarcar todos los estadios de la enfermedad renal (van del 1 al 5) porque la población es muy grande. Desde el estadio 3B en adelante nos lo derivan a nosotros. Pero siempre, primero, hay que repetir la muestra, porque no se trata de un valor aislado. Por lo menos tiene que haber dos o tres muestras en las que se repita ese daño renal, ya sea por elevación de la creatinina o por la presencia de proteínas en la orina. Una vez que se confirma, el médico clínico puede empezar a actuar: hoy tenemos fármacos para hacerlo. También hay que ver cómo está el paciente. Se puede pedir una ecografía renal para ver cómo está la estructura de los riñones y empezar a buscar la causa de esa enfermedad renal. Y, por supuesto, en caso de que sea necesaria, hacer la derivación oportuna al nefrólogo. Un problema de salud pública Un análisis sistemático del Global Burden of Disease Study que examinó la evolución de la enfermedad renal crónica en adultos de 204 países entre 1990 y 2023 reveló un aumento alarmante en la prevalencia global de la ERC, que alcanza a casi 800 millones de personas a nivel global y se consolida como la novena causa de muerte. Si se deja sin abordaje y atención, se proyecta que escalará hasta la quinta posición en 2040. Ante este escenario, en la 78.ª Asamblea Mundial de la Salud, la Organización Mundial de la Salud (OMS) adoptó este año por primera vez una resolución específica que reconoce a la enfermedad renal como prioridad de salud pública, insta a fortalecer la prevención y el diagnóstico oportuno. "Hay que hacer prevención y tenemos que ir a buscar la enfermedad renal", insistió Pagaginovic Leiva. Más allá de las campañas y las políticas públicas que deberían impulsarse, desde el plano individual la nefróloga sugiere llevar la inquietud al consultorio: "Quiero evaluar mi salud renal -se le debe pedir al médico- porque si mis riñones están sanos, eso va a hacer que esté sano mi organismo". *** ¿Tenés alguna duda sobre salud y bienestar que te gustaría que abordemos en notas de la sección? Escribinos tu consulta a buenavida@clarin.com Sobre la firma Newsletter Clarín
Ver noticia original