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La Plata » El dia La Plata
Fecha: 16/03/2026 02:33
La cooperación entre ciudades, las agendas regionales y la diplomacia urbana comienzan a perfilar una nueva etapa para los gobiernos locales frente al repliegue del Estado a nivel nacional Carlos G. Lazzarini Durante mucho tiempo, la política se pensó desde arriba hacia abajo. Los grandes gobiernos nacionales concentraban la iniciativa, definían agendas y establecían prioridades. Pero algo empezó a cambiar. En distintas partes del mundo, las ciudades y los gobiernos locales comienzan a ocupar un lugar cada vez más relevante en la interpretación de los desafíos contemporáneos. Esto sucede no solo desde las llamadas ciudades globales ni desde las grandes metrópolis que desde hace tiempo actúan en red y despliegan su poder diplomático. Se trata, todavía, no de un reemplazo del poder nacional, pero sí de un desplazamiento gradual del centro de gravedad de la política hacia los territorios provinciales e incluso municipales. Vemos con frecuencia lo que sucede en nuestro país con las provincias mineras o las que albergan la mayor capacidad de producción en el sector de los hidrocarburos. Es muy visible tanto protagonismo como su asociación regional en torno a intereses comunes. Este proceso puede observarse en múltiples experiencias internacionales. Redes de ciudades que coordinan políticas ambientales, alianzas metropolitanas que promueven innovación productiva o acuerdos entre gobiernos locales para impulsar infraestructura y desarrollo. En un mundo atravesado por cambios tecnológicos, tensiones económicas y transformaciones sociales aceleradas, las ciudades aparecen cada vez más como espacios de experimentación política. Es en este contexto que, los intendentes, dejan de ser únicamente administradores de servicios urbanos para convertirse también en actores capaces de articular cooperación, construir agendas regionales y vincular sus ciudades con redes nacionales e internacionales. La llamada diplomacia urbana, entendida como la capacidad de los gobiernos locales de generar vínculos más allá de sus fronteras administrativas, empieza a formar parte del repertorio político de muchas ciudades del mundo. Diversos pensadores han advertido este cambio de época. El sociólogo Richard Sennett, por caso, sostiene que, en tiempos de transformaciones profundas, las sociedades necesitan intérpretes capaces de leer los procesos urbanos en toda su complejidad. Y por su parte, el filósofo alemán Hartmut Rosa describe una modernidad marcada por la aceleración permanente, donde las instituciones tradicionales muchas veces pierden capacidad para anticipar los cambios. En ese contexto, los territorios adquieren un nuevo valor como espacios donde esos cambios se vuelven visibles. Las ciudades y los gobiernos locales comienzan a ocupar un lugar cada vez más relevante Las ciudades funcionan, en cierta forma, como sensores sociales. Allí aparecen antes que en otros ámbitos los problemas vinculados al empleo, la movilidad, el ambiente, la innovación productiva o las nuevas formas de convivencia urbana. Los gobiernos locales, por su proximidad con la vida cotidiana de las personas, cuentan con una ventaja singular para percibir esas transformaciones y comenzar a procesarlas políticamente. En la provincia de Buenos Aires comienzan a observarse algunos indicios de esta dinámica. Aunque todavía de manera incipiente, distintos municipios exploran formas de cooperación territorial, buscan articular agendas comunes y promueven vínculos con universidades, organismos internacionales y sectores productivos. No se trata aún de un proceso consolidado, pero sí de señales que podrían anticipar una tendencia en desarrollo. Esto sucede en los municipios más importantes, pero también entre las llamadas ciudades intermedias que son aquellas que están por debajo de los 100.000 habitantes. Estamos viendo, en esos casos, como son capaces de relegar sus diferencias partidarias para unir esfuerzos en favor de defender sus intereses y conseguir objetivos comunes. La conformación de regiones a partir de propósitos compartidos, sean logísticos, productivos, ambientales o culturales, aparece como una posibilidad cada vez más discutida. Este tipo de articulaciones permite que las ciudades superen el aislamiento administrativo y comiencen a construir agendas colectivas capaces de potenciar su capacidad de acción. Gobernar una ciudad también supone interpretar transformaciones en la sociedad En ese marco, el liderazgo territorial adquiere un significado diferente. Gobernar una ciudad ya no implica solamente administrar servicios o ejecutar obras públicas. También supone interpretar las transformaciones que atraviesan a la sociedad y proyectar respuestas que excedan los límites estrictos de cada municipio. Tal vez una parte de la renovación política que hoy muchas sociedades reclaman, no irrumpa exclusivamente de los grandes centros de poder, sino de los territorios. Allí donde los problemas se vuelven visibles, donde las comunidades debaten su presente, y donde la política todavía puede ensayar nuevas formas de cooperación. Si ese proceso logra consolidarse, los gobiernos locales podrían convertirse en uno de los motores de una agenda pública renovada: más cercana a la vida cotidiana de las personas, más abierta a la cooperación entre ciudades y más atenta a los desafíos del siglo XXI. ESTA NOTA ES EXCLUSIVA PARA SUSCRIPTORES HA ALCANZADO EL LIMITE DE NOTAS GRATUITAS por favor, suscríbase a uno de nuestros planes digitales ¿Ya tiene suscripción? Ingresar Diario El Día de La Plata, fundado el 2 de Marzo de 1884. © 2026 El Día SA - Todos los derechos reservados. 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