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  • Adorni, la mujer del César y cómo sacarle jugo al Estado antes de destruirlo

    » Clarin

    Fecha: 15/03/2026 21:42

    Era el año 62 a. C. en Roma y esa noche se celebraba en casa de Julio César, pretor y Pontífice Máximo, la fiesta de la Bona Dea, reservada a las mujeres. Disfrazado, el joven aristócrata Clodio logró colarse en el festejo. Descubierto, fue arrestado, acusado de sacrilegio y, aunque nunca se confirmó, también de adulterio con Pompeya, la mujer del dueño de casa. En el juicio, César negó ese cargo para Clodio. Cuando le preguntaron por qué entonces había repudiado a su mujer si no la creía adúltera, respondió: Considero que los míos deben estar tan libres de sospecha como de culpa. La frase atravesó la Historia: no basta con que la mujer del César sea honrada; también debe parecerlo. Una máxima que dirigentes y funcionarios suelen reclamarle a sus rivales cuando están en el llano pero que parecen olvidar rápidamente una vez que acceden al poder. Un video de agosto de 2024 muestra a un enfático Manuel Adorni proclamando que se terminaba el privilegio de llevar familiares en vuelos oficiales. Ya convertido en jefe de Gabinete, el pasado 26 de febrero firmó la Decisión Administrativa 9/2026 que restringe las comitivas oficiales en los viajes al exterior, las limita a un funcionario por evento y aclara que en caso de que se agregue alguien, deberá ser expresamente justificado. Como se sabe, su mujer, coach ontológico, apareció en el vuelo oficial a EE.UU. para la Argentina Week , con las consiguientes repercusiones, su desafortunada explicación (Vine a deslomarme a Nueva York y quería que mi compañera de vida me acompañe) y una serie de aclaraciones que, más que aclarar, oscurecieron. Como que la invitación la había hecho Milei. ¿Cuál sería la diferencia? Se trataría en cualquier caso de un viaje con la nuestra. O de borrar con el codo lo que se escribió con la mano. Lo mismo ocurre con el viaje en avión privado de la familia Adorni a Punta del Este, la confusión entre lo que es público y privado cuando se es funcionario, el revoleo de cifras en dólares que despiertan suspicacias, el lapsus del amigo periodista que pretendía defenderlo (lo pagó él con plata del Estado) con conchabo en los medios públicos y otros comportamientos dignos de la casta más rancia. Y como corresponde a la más pura de las castas, -lo vimos todo el tiempo con el kirchnerismo-, lo primero que saltó fue la palabra operación: quién filtró el video del avión privado, quién estuvo detrás de la difusión de la foto. Más allá de las maniobras que una interna pueda poner en juego, una vez más parece que lo que escandaliza es cómo se filtra un hecho y no el hecho en sí. Cambian los nombres y las caras, pero las mañas siguen siendo las mismas. Semanas atrás se supo que Cancillería contrató por $113 millones a una asociación que dirige la mujer de Federico Sturzenegger, ministro de Desregulación, para dar cursos de inglés a diplomáticos y aspirantes. La explicación oficial fue que se había renovado un contrato vigente desde 2018. Otra vez la mujer del César... A la luz de nuevas revelaciones, se reavivó en estos días el caso $LIBRA, la criptomoneda promovida por Javier Milei el 14 de febrero del año pasado que culminó en una colosal estafa que analiza la Justicia. Las sospechas sobrevuelan al Presidente y a su hermana, secretaria general de la Presidencia. Una buena manera de despejarlas hubiera sido presentarse ante la comisión del Congreso que citó, entre otros, a Karina Milei. La única respuesta fue el silencio. Y todavía sigue dando vueltas en la Justicia el caso ANDIS, los supuestos sobornos en Discapacidad que, según los presuntos audios, rozaban a Karina Milei y a Lule Menem. Nadie está obligado a ser funcionario. Si lo acepta, tiene que saber que debe rendir cuentas por cada uno de sus actos. Y ser como la mujer del César. Sobre la firma Newsletter Clarín

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