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Parana » Cuestion Entrerriana
Fecha: 15/03/2026 13:45
Este fin de semana, el presidente argentino Javier Milei fue el orador principal del Madrid Economic Forum, un evento para empresarios y políticos conservadores. Una vez más, la agenda oficial se mezcló con sus gustos y conveniencias personales. Desde que asumió Milei en la Casa Rosada, entre el 25 % y el 30% de lo gastado por el erario público argentino en vuelos se destinó a actos partidarios, presentaciones de sus libros o recibir premios personales. A menudo se mezcla el interés genuino del país con cuestiones meramente autoreferenciales. La Nación ya invirtió varios millones de dólares en aviones, traslados terrestres, viáticos, hospedajes y operativos de seguridad dentro y fuera del país. El 90% de esa cifra se utilizó para el alquiler de aviones privados o gastos del ARG01, un Boeing 757-256 adquirido en la gestión de Alberto Fernández. Los gastos en este tipo de periplos no oficiales contradicen el discurso de austeridad del oficialismo y no tienen un objetivo claro para la Argentina en términos de diplomacia. Es elocuente que existe una contradicción evidente entre el discurso de no hay plata con el hecho de tener a un primer mandatario desplazándose para recibir premios de dudosa calidad. La estadística es contundente: en un contexto de profunda crisis económica y social, el presidente Javier Milei pasó uno de cada siete días fuera del territorio nacional. Tras 822 días de gestión, el balance de los movimientos del presidente arroja una cifra que contradice el discurso libertario de austeridad: registró un total de 111 días en el exterior, lo que representa que casi el 14% de su tiempo de gobierno transcurrió fuera del país. Con un acumulado de 35 viajes internacionales visitando apenas 15 países, la frecuencia de sus salidas promedia un viaje cada 23 días, una cifra que pone en duda el foco real de una administración que, paradójicamente, pregona buena administración de los recursos y la urgencia de las soluciones locales. El análisis detallado de los destinos muestra una prioridad geográfica que roza la obsesión. De las 35 salidas registradas, 16 tuvieron como destino Estados Unidos, lo que equivale a casi la mitad de sus desplazamientos internacionales. Sin embargo, al observar los motivos de estas visitas en las fuentes, surge un patrón: gran parte de estos viajes no responden a misiones comerciales estratégicas para el Estado, sino a una agenda de posicionamiento ideológico y personal. Entre los hitos en suelo norteamericano se destacan múltiples participaciones en la CPAC (la conferencia de acción política conservadora), reuniones bilaterales con el presidente Donald Trump, visitas al Instituto Milken, e incluso viajes para recibir entrega de premios o participar en foros como el Escudo de las Américas. Mientras la agenda interna demanda atención diaria, el presidente parece priorizar su rol global para promocionar su imagen y utilizar el tiempo oficial para fortalecer sus vínculos personales en el hemisferio norte. El contraste entre el tiempo dedicado a las potencias y el interés por los socios regionales es abrumador. Mientras Milei realizó giras extensas, como la de junio de este año donde permaneció 9 días en una travesía que incluyó Italia, el Vaticano, España, Francia e Israel, sus visitas a los vecinos del Mercosur fueron, en su mayoría, protocolares y efímeras. Los datos son elocuentes: los viajes a Paraguay, Uruguay y Brasil figuran en los registros con cero días de estancia. Esto significa que las visitas se resolvieron en el mismo día y la cantidad de tiempo se computó solo por el número de horas en el exterior. Este desbalance sugiere una diplomacia de baja intensidad con los socios estratégicos fronterizos, en contraposición a los 8 días que pasó combinando EEUU y el Foro de Davos en enero, o los otros 8 días dedicados a la gira por Israel, Italia y el Vaticano en febrero. Para concluir El podio de los destinos más visitados, después de los inalcanzables 16 viajes a EE. UU., lo ocupan: Italia: 5 visitas. Brasil, España, Suiza, Vaticano, Paraguay: 3 visitas cada uno. Israel y Francia: 2 visitas. Llama la atención que, a pesar de las recurrentes visitas a países como España o Brasil, el tiempo de permanencia efectivo en ellos es mínimo comparado con sus estancias en el norte global. La relación entre sus 111 días fuera y los 822 días de gestión indica que, por cada semana de mandato, el presidente pasó casi un día completo en el extranjero.
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