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  • La tendencia de disponer de los cadáveres humanos para que sigan siendo parte del eterno devenir de lo viviente

    » La Nacion

    Fecha: 15/03/2026 07:26

    La tendencia de disponer de los cadáveres humanos para que sigan siendo parte del eterno devenir de lo viviente Conocido un tanto despectivamente como Doctor Amor, el ítalo estadounidense Leo Buscaglia (1924-1998), doctor en ciencias de la educación por la universidad de California del Sur, era profesor en esa institución cuando allí se suicidó un alumno. Impresionado por el episodio creó una cátedra no oficial conocida como Amor 1 y comenzó a escribir y a dar conferencias sobre el valor de los sentimientos, de la comunicación y de los vínculos. Sus libros (entre ellos Amor, Vivir, amar, aprender, y Nacidos para amar) vendieron más de 20 millones de ejemplares y durante los años 80 su programa en la televisión pública fue un fenómeno masivo. El otoño de Freddy y la hoja, dedicado a niños que sufrieron dolorosas pérdidas tempranas, resulta especialmente conmovedor. Narra la historia de la joven hoja de un árbol que teme desprenderse y morir durante el otoño, como ve que ocurre con otras, más antiguas. Una de las hojas viejas le cuenta que nunca morirá, porque al desprenderse y caer al pie del árbol se convertirá en nutriente de este y, ahora de otra manera, seguirá viviendo en él. Cuando Freddy, tal el nombre de la hoja joven, finalmente cae ve por primera vez el árbol completo y siente orgullo de ser parte del ciclo de la vida. Acaso sin saberlo, Buscaglia anticipaba en aquel relato una tendencia que hoy crece, especialmente en países como Australia, Nueva Zelanda, Gran Bretaña, Estados Unidos, Sudáfrica, Canadá e Irlanda. La muerte verde o muerte ecológica. Es la propensión a disponer de los cadáveres humanos de tal manera que sigan siendo parte del eterno devenir de lo viviente a través de lo que se hace con ellos. Eso incluye, entre otras, opciones como sepulturas en los bosques, sin lápidas, entierro de los cuerpos, sin ataúdes, a los pies de un árbol previamente elegido para fertilizarlo, cremación en agua para no contaminar el aire con óxidos de nitrógeno. Cada año, aproximadamente 3.600 millones de kilos de carne y huesos humanos deben eliminarse en todo el mundo, y cada vez es más evidente que los métodos dominantes de los que dependemos para esa tarea (entierro y cremación) tienen un impacto significativo en la Tierra, explican Hannah Gould, profesora de estudios budistas en la Universidad de Melbourne, y Georgina Robinson, del Departamento de Teología y Religión en la Universidad de Durham (Inglaterra). El entierro humano se está replanteando como una oportunidad para reparar nuestra relación con la naturaleza. Un final apacible: una muerte estéticamente bella, que nutre el planeta y restaura la comunidad. Un último regalo nutritivo a otras formas de vida, agregan en un trabajo titulado Cómo convertirse en un árbol. Adhiriendo a esta corriente, en Australia un jardín conmemorativo llamado Mornington Green ofrece un espacio verde de 126.000 metros cuadrados de terreno ganado al mar para enterrar las cenizas de una cremación debajo de un árbol que responda al carácter del difunto. Por ejemplo, el ginkgo para quien fue tenaz y esperanzado; el arce tridente para el original y fuerte; el árbol de fuego, o illawarra, para el carismático y apasionado, y así en más. Incluso invitan a los vivos a pensar con qué árbol se identifican y por qué. Buena oportunidad para mirar alrededor, tomar conciencia del entorno natural, defenderlo y honrarlo. Aunque hay quienes ven en esta tendencia un negocio de la industria funeraria, son más los que la consideran como una necesaria y valiosa reparación de los cuantiosos daños producidos en la naturaleza por la actividad humana depredadora. Una manera de regresar al hogar que destruimos y de repararlo para seguir siendo parte de él. Si no creemos en una vida después de la muerte en un sentido metafísico, podemos encontrar consuelo en la idea de devolver nuestros elementos biológicos al mundo natural y formar parte de un todo mayor, escriben Gould y Robinson. Así sea. (Para Pali, in memoriam)

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