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» Clarin
Fecha: 15/03/2026 07:12
El subte llega al final de su recorrido y las puertas se abren. En segundos, el pasillo se llena de pasos apurados. Algunos suben las escaleras casi corriendo desde el subsuelo; otros llegan desde la calle después de bajarse a las apuradas de los colectivos que frenan sobre la avenida. Todos van para el mismo lado: el andén del tren Roca. Las escaleras se suben de a dos. Nadie se detiene. Hay hombres con la mochila gastada colgada adelante, la cara marcada por el cansancio de todo el día. Hay mujeres que aprietan la cartera contra el pecho mientras avanzan rápido, también agotadas, pero sin bajar el ritmo. Muchos vienen trabajando desde temprano y lo único que quieren es llegar a casa. La pantalla marca las 20.15. El tren ya está en el andén y desde adentro varios miran hacia los molinetes, atentos a los últimos que corren. ¡Vamos, vamos, señora que llega!, gritan dos hombres mientras empujan de lado a lado la puerta para que no se cierre. Otros pasajeros hacen lo mismo: la sostienen con el brazo, con la mochila o con el cuerpo. Todos saben que es el último. Los que alcanzan a subir entran agitados, respirando fuerte. Algunos se apoyan contra las barras para recuperar el aire. Gracias, gracias, dicen casi sin mirar, agradeciendo a quienes sostuvieron la puerta unos segundos más. En ese gesto rápido se resume algo que todos comparten: el cansancio y la urgencia de volver a casa. Es que ese tren marca el límite de la noche. Los días de semana, los últimos servicios del Roca a la estación Bosques en Florencio Varela salen minutos después de las 20.30: el ramal vía Temperley a las 20.33 y el vía Quilmes, a las 20.36. Para miles de personas, llegar a tiempo a Constitución significa la diferencia entre un viaje relativamente directo o una verdadera odisea que puede merodear las tres horas de viaje. El final del tren y el comienzo del problema A esta altura, después de seis meses, cuando el tren se va, la escena en la terminal cambia por completo. Ya no hay movimiento frenético de los andenes. Casi en paralelo, la plaza se convierte en un espacio de espera larga y confusa. Algunos ya saben la fila que tienen que hacer. Las otras opciones son más caras: combi, taxi o esperar un auto de aplicación. Quienes trabajan o estudian hasta más tarde quedan afuera del esquema ferroviario. Y desde hace unos meses el problema se agravó todavía más: dejó de funcionar la línea 148, conocida históricamente como El Halcón, que durante décadas conectó Plaza Constitución con diversos puntos del sur como Florencio Varela, Avellaneda y Quilmes. El impacto fue inmediato. De un día para otro, miles de usuarios se quedaron sin una de las pocas conexiones directas entre la Capital y el sur. Por ahora no hay solución, aunque dos empresas están interesadas en quedarse con el recorrido. Para miles de pasajeros, ese colectivo era la salida cuando el tren ya no alcanzaba o cuando se interrumpía la frecuencia por problemas operativos o algún que otro corte de vías. Era la opción directa para volver al conurbano sur después de una jornada larga. Su desaparición dejó a los usuarios librados a una mezcla de opciones más caras, más lentas y muchas veces inciertas. Desde entonces, la vuelta nocturna depende de lo que haya disponible: combis que salen llenas, taxis compartidos o aplicaciones de viaje. Y también de la creatividad de cada pasajero para armar el recorrido en distintas líneas de colectivos. La noche en Constitución: taxis, combis y viajes compartidos Cuando el tren ya no es una opción, la escena se traslada a la salida de la estación. Sobre la vereda de Hornos, o en Brasil, cerca de la fila de taxis, empiezan a organizarse pequeños grupos de pasajeros. ¿Quién va puerta a puerta?, grita el hombre que organiza los viajes, intentando juntar gente para completar el auto. La frase significa algo simple: llevar a los pasajeros hasta la puerta de sus casas. El viaje cuesta alrededor de $ 8.000 si el recorrido es directo hasta los barrios. Si el taxi solo llega hasta los puntos más céntricos de las localidades, el precio baja a $ 7.000. Otros miran el celular comparando precios. Un viaje en Uber o DiDi desde Constitución hasta Florencio Varela puede rondar entre $ 35.000 y $ 45.000, dependiendo de la demanda de la noche. Para muchos es directamente imposible de pagar. Las combis aparecen entonces como la alternativa más elegida. El problema es que también salen llenas. Vas sentado o vas parado. Mi presupuesto no da para más Sonia Araya hace cuentas todos los días. Trabaja cerca del shopping DOT y vive en Florencio Varela. Cuando termina su jornada, ya sabe que el tren no es una opción. Mi odisea es viajar todos los días. A la noche tengo que venir en combi porque desde Constitución es lo único que tengo para llegar a mi casa, cuenta. Cada viaje le cuesta $ 5.000. A la semana son $ 25.000. Las combis salen llenas. La mayoría de la gente baja en Alpino. Yo bajo en Cinco Esquinas y sigue completa, dice. Antes, el panorama era muy distinto. Con el 148 gastaba unos $ 3.000 por semana. Ahora mi presupuesto no da para más. Estoy pensando en cambiar el horario de trabajo porque entro a las 5 de la tarde y salgo a las 11 de la noche. Ojalá se solucione pronto porque ahora gasto mucho más que antes. Estoy así desde que dejó de andar el 148 y tampoco me sirve venir en colectivo hasta Varela, ya que tengo que gastar en remís hasta mi casa unos $ 4.000 más, remarca. El problema no es solo el dinero. También el tiempo y el desgaste. Diego Mayan lo resume con una frase: Viajar de madrugada al sur es una odisea. Cuenta que las alternativas se fueron achicando. El Halcón no anda, el 197 sacó los servicios nocturnos y el 98 no da abasto. Salís de trabajar y podés esperar una hora para poder irte. A veces ni siquiera paran. Esperás y el colectivo pasa lleno o directamente no frena, cuenta. Florencia Anahí recuerda el año pasado como uno de los más difíciles. Estaba terminando su carrera universitaria y salía de cursar cerca de las 21.30: A esa hora ya no había trenes. Tenía que volver en el 266 desde Lomas de Zamora hasta Varela. Iba parada todo el viaje. El trayecto podía durar dos horas. Con el tren era mucho más directo, remarca. Cuando el transporte define la vida diaria Para muchas familias el problema no es solo el regreso a casa. También afecta la organización cotidiana. Ayelén Mendoza lo vive de cerca. Su marido trabaja en Palermo y cada noche tiene que resolver cómo volver. Viaja hasta Constitución y ahí se toma un chárter a Varela que sale entre $ 8.000 y $ 10.000, o una combi que cuesta $ 6.000, explica. Tienen un bebé de cuatro meses. A veces no nos alcanzaba la plata y nos íbamos a dormir a la casa de mi mamá para que él pueda viajar. Son todos los días entre $ 6.000 y $ 10.000, dice preocupada. Para otros, el impacto fue aún más fuerte. Marisa Elizabeth Bardallo tuvo que dejar la universidad. El tren es una herramienta básica para trasladarse de Constitución a Varela. Tendrían que funcionar por lo menos hasta las 10 de la noche, dice. Cuenta que el gasto se volvió imposible. Gastaba $ 6.000 todos los días. Y ni hablar si tenía que tomar un Uber o un DiDi, que puede salir hasta $ 45.000, señala. La falta de transporte también suma otra preocupación: la seguridad. Magalí Domínguez recuerda una noche en la que llegó tarde al último tren. Tuve que ir hasta Bernal, tomar el 324 y después pedirle a mi papá que me pase a buscar por la estación de Sourigues, relata. El viaje fue largo y tenso. Era cerca de las diez de la noche y estaba sola. Da miedo no saber si va a haber gente en el colectivo o cuando bajás en la estación, explica a Clarín. Cambiar horarios para poder llegar Algunos trabajadores intentan reorganizar sus rutinas para no quedar atrapados en ese vacío de transporte. Karina Fernández lo hizo. Su horario era de 13 a 21, pero pidió modificarlo. Ahora entro a las 12 y salgo a las 20 para poder llegar al último tren, dice. Aun así, todo depende de que el servicio salga a horario. Si ese tren se cancela, para volver hay que darse la vuelta al mundo, grafica. Para Romina Dufur, el transporte terminó influyendo incluso en su empleo. Trabajaba en Palermo, pero los problemas para viajar se volvieron constantes. Siempre llegaba tarde por el 148. Mi jefe me dijo que no vaya más porque él también llegaba tarde a su otro trabajo por tener que esperarme, cuenta. Finalmente decidió buscar trabajo más cerca. Prefiero trabajar en Varela. Si no tengo transporte, me voy caminando. La explicación de Trenes Argentinos Ante las quejas de los usuarios por la falta de servicios nocturnos, desde Trenes Argentinos Operaciones explicaron a Clarín que la reducción del horario del ramal Bosques vía Temperley responde a obras de infraestructura que se realizan en el marco de la Emergencia Ferroviaria decretada por el Gobierno Nacional. Según informaron, actualmente se lleva adelante la renovación integral del sistema de alimentación eléctrica (catenaria) en ese tramo de la línea Roca. Los trabajos abarcan 17 kilómetros de tendido eléctrico de doble vía entre las estaciones Temperley y Bosques y se realizan con maquinaria especializada que permite reemplazar el sistema poste por poste. Desde la empresa señalaron que las tareas se realizan durante la noche para evitar afectar el servicio en los horarios de mayor demanda. Por ese motivo se estableció una ventana de trabajo que va de 22 a 4 de lunes a viernes, de 22 a 6 los viernes y de 23 a 6 los sábados. Actualmente, el primer servicio del ramal parte a las 4.19 desde Constitución y a las 4.46 desde Bosques. De acuerdo con la empresa, la obra tiene un 94,7% de avance y su finalización está prevista para mediados de este año. Sin embargo, ante la consulta sobre si una vez terminados los trabajos volverán los horarios extendidos (que antes llegaban cerca de las 22 o incluso más tarde) desde la compañía señalaron que aún no está definido. SC / AS Sobre la firma Newsletter Clarín
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