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  • Dos amigos viajaron a España, vieron una curiosa tortilla y crearon un negocio con el que quieren facturar $2300 millones este año

    » TN

    Fecha: 15/03/2026 05:42

    Un viaje entre amigos, una góndola de supermercado en España y una pregunta que quedó flotando en el aire fueron el punto de partida de un emprendimiento que empezó con una inversión de US$5000 y proyecta este año facturar $2300 millones. Todo comenzó cuando cinco socios de Pilar decidieron replicar en la Argentina un producto que en Europa es cotidiano: la tortilla de papas envasada y lista para comer. Así nació Ueno Foods. Ignacio Santa Cruz, Ignacio Belderrain, Ariel Morena, Carlos Guido Gaziglia, Matías García Laplaza y Federico Morena volvieron de vacaciones con una idea que no podían sacarse de la cabeza. Lo que al principio parecía una ocurrencia de sobremesa terminó convirtiéndose en una fábrica que hoy produce decenas de miles de tortillas por mes. Leé también: Dos hermanos empezaron vendiendo maní, invirtieron US$60.000 y ahora tienen 6 locales en Buenos Aires La idea surgió cuando el grupo de amigos decidió emprender juntos, cuando todos estaban buscando nuevos rumbos laborales. El proyecto arrancó en una cocina prestada, con freidoras pequeñas y una inversión pequeña. Hoy tiene una planta industrial en San Martín, 18 empleados y presencia en supermercados de todo el país. La góndola española que disparó la idea La chispa apareció en 2022 durante un viaje a España. Viajaron con sus parejas y, casi por casualidad, encontraron algo que en la Argentina no existía. En el supermercado nos llamó la atención ver góndolas con muchísimas tortillas de papa envasadas al vacío. Las probamos y nos pareció una locura; tenían un sabor espectacular, como de bodegón, contó Santa Cruz a TN. La sorpresa fue doble cuando se dieron cuenta de que no solo estaban ricas, sino que también eran un producto masivo. Nos volvieron tan locos que al día siguiente compramos 30, recordó. En ese momento lo pensaron como una idea millonaria que, según creían, nadie iba a hacer en la Argentina. La idea quedó latente hasta que, meses después, varios de ellos empezaron a replantearse sus carreras. Algunos venían del mundo de las startups y sabían que sus trabajos estaban llegando a su fin. Nos miramos y decidimos emprender, contó Morena. De cocinar en sus casas a producir miles El primer desafío fue simple y complejo a la vez: lograr una tortilla que tuviera el sabor que recordaban de España. Armamos un pizarrón y un cronograma para ver qué necesitábamos. Yo no soy chef, pero cocino bien, así que hice entre cinco y siete pruebas hasta que encontramos la que más nos gustaba, recordó Santa Cruz. Compraron dos máquinas para envasar al vacío e hicieron las primeras pruebas en sus propias casas. La inversión inicial equivaldría hoy a unos $7,1 millones. Las tortillas solo duraban siete días refrigeradas, pero el sabor convenció a todos los que las probaban. Amigos y familiares empezaron a pedir más. El crecimiento inicial fue tan casero como improvisado. Llegó un punto en que nuestras parejas nos pidieron que no cocináramos más en casa por el olor y el desorden, contó Morena. Un amigo les prestó la cocina de un catering una vez por semana. Allí empezaron a producir entre 50 y 150 tortillas por semana y a venderlas entre conocidos. El nombre de la empresa también surgió de manera espontánea durante una de las primeras reuniones para pensar la marca. Alguien escribió bueno sin la b y nos gustó mucho. Después entendimos que la palabra bueno se usa todo el tiempo en nuestro país y nos pareció un nombre cercano, contó Santa Cruz. El salto a una fábrica industrial El siguiente paso fue alquilar la cocina de un club y empezar a producir todos los días. Con un pequeño equipo lograron escalar a entre 100 y 200 tortillas diarias y comenzaron a ofrecerlas en comercios de barrio. Leé también: Le surgió una idea frente a una góndola, invirtió US$10.000 y proyecta facturar US$1,5 millones en un año La estrategia era simple: recorrer negocios con una mochila térmica y convencer a los dueños de probar. Fue algo insólito porque nadie conocía el producto, pero al argentino le gusta la tortilla. Cuando veían que podían comer una rica en dos minutos y medio, la aceptaban, explicó Santa Cruz. En seis meses ya estaban presentes en 50 tiendas de Zona Norte. Para escalar el negocio convocaron al resto de los socios, que se repartieron las áreas de marketing, finanzas, administración y ventas. El gran desafío fue industrializar el proceso sin perder el sabor casero. Descubrieron que las máquinas necesarias para hacerlo casi no existían fuera de España. Y tras meses de búsqueda lograron desarrollar una tecnología que les permitió producir a gran escala. Somos la única empresa de Latinoamérica capaz de hacer tortilla de papa industrial con sabor y textura caseros, aseguró García de Plaza. Un negocio que crece y apunta a exportar El salto definitivo llegó con la inauguración de una planta industrial en la localidad bonaerense de San Martín. La inversión para montar la fábrica superó el medio millón de dólares, financiada a través de una ronda entre familiares y amigos. Los números del negocio muestran la velocidad del crecimiento. En 2024 facturaron $90 millones; en 2025 superaron los $500 millones, y para 2026, el objetivo es alcanzar $2300 millones si se concretan los nuevos acuerdos comerciales. Hoy producen unas 35.000 tortillas por mes, aunque la planta tiene capacidad para llegar a 250.000. La marca ya se vende en grandes cadenas de supermercados, además de aplicaciones de delivery, dietéticas y comercios tradicionales. Entrar a los supermercados suele ser difícil, pero a nosotros nos vinieron a buscar porque querían traer este producto desde España, explicó Morena. Leé también: Son amigos desde la primaria, tuvieron una idea única y hoy facturan $50 millones por mes El próximo paso será ampliar la línea de productos con versiones con chorizo colorado, espinaca y otras variantes y comenzar a exportar a países de la región. Uruguay y Paraguay aparecen como los primeros destinos. La ambición del grupo es replicar en Sudamérica lo que vieron en aquel viaje que cambió todo: que la tortilla de papas, un clásico de la cocina casera, también pueda convertirse en un producto cotidiano de góndola. Y que esa revolución empiece en la Argentina.

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