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  • 10 vinos de diferentes regiones para recorrer la Argentina a través de las copas

    Buenos Aires » Infobae

    Fecha: 14/03/2026 16:51

    El vino argentino está demostrando todo lo que puede dar porque no solo su calidad es la más lograda de la historia, sino que la diversidad ya no está atada solo a una palabra, sino a un concepto que se puede apreciar en los vinos. Por un lado, que la calidad ya no sea una cuestión es muy importante para el consumidor porque significa una garantía, en cualquier segmento cualitativo. Y esto sirve más para los vinos de calidad básica, cuya función es ser lo más correctos posibles, con el foco en la relación calidad-precio. Pero cuando los atributos empiezan a importar, porque son los responsables de la diferenciación, al disfrute se le agregan capas. La variedad y el estilo pueden ser determinantes a la hora de elegir un vino, ya que para muchos consumidores es más fácil aferrarse a algo conocido y placentero, que arriesgarse a probar algo nuevo. Ahí es donde el poder de los varietales hace lo suyo porque le ha facilitado la elección a cientos de miles de consumidores alrededor del mundo. Antes, los vinos eran conocidos por su lugar de origen, una costumbre heredada del Viejo Mundo. Sin embargo, había que ser un experto para dar con un buen vino. Con el auge del Nuevo Mundo, en los sesenta, el consumidor tuvo en el nombre de la variedad, un gancho fácil, y eso acercó mucha gente al mundo del vino. El estilo también es determinante, puede ser tradicional o moderno. El primero se logra a partir de una elaboración más relajada en la que se busca oxidar positivamente los vinos durante la elaboración y la crianza. Con esto se obtienen vinos más suaves, tanto en texturas como en sabores. Mientras que los vinos actuales no temen a mostrarse desnudos. Con el carácter de su fruta joven resaltado por la frescura (acidez) y la textura (los taninos). Es cierto que esto puede generar sensaciones diversas que alteran su equilibrio. Sin embargo, si está bien logrado, con el tiempo, estos vinos ganan en armonía. Pero mientras, reflejan la fuerza de la fruta con intensidad de aromas y sabores. La cosecha o añada puede llegar a ser otra variable de elección, sobre todo para los conocedores. No porque recuerden cómo fue la influencia climática en cada caso, sino porque saben que a los buenos vinos el tiempo no los mejora, pero si los acomoda. Y en la Argentina, a diferencia del Viejo Mundo, las añadas son bastante buenas en general. Y, con el paso de los años, su influencia se siente más. Por ejemplo, de un año cálido no se puede esperar un vino tenso ni un vino longevo, porque la uva maduró rápido. Por el contrario, si la marcha climática fue moderada, las temperaturas medias bajas, las horas de sol no tan intensas y la amplitud térmica bien marcada, la madurez será óptima. La marca o el hacedor, sin dudas, son otros aspectos muy tenidos en cuenta por los consumidores, sobre todo en la era de las redes sociales. Y ya sea por recomendación o por elección, muchas preferencias se asocian al prestigio de una etiqueta o a la fama de un enólogo. Pero hay una variable, relativamente nueva para los argentinos, aunque la más vieja en términos vínicos, que hoy se destaca: el lugar. Sí, hoy en la Argentina, el mayor atributo de un vino estará en su poder de reflejar el lugar de donde proviene, porque es lo único que los demás vinos no pueden copiar. Por algo los vinos del Viejo Mundo son tan prestigiosos, porque no hablan de variedades sino de zonas. Y esas zonas reflejan una cultura, una costumbre, que obviamente incluye variedades y estilos, y que varía con las cosechas a causa del clima. Hasta hace apenas treinta años, en la Argentina, solo se podía hablar de vinos de Mendoza (o Región de Cuyo), Salta (o Región del NOA) y Patagonia, por poner los tres ejemplos más recordados. Pero esas menciones, que referían al origen de las uvas eran ambiguas. No desde el punto de vista geográfico, sino cualitativo y, por ende, de su expresión. Hoy hay mucha más precisión de los lugares, a tal punto que en las etiquetas hablan más del origen que de la bodega o la marca en cuestión. A su vez, la variedad pasó a segundo plano, siendo partícipe necesaria del vino, pero ya sin el protagonismo de hace una década. Los lugares en las etiquetas van de lo general a lo particular, en función de las intenciones de la bodega; provincia, región, zona, departamento, distrito, Indicación Geográfica, viñedo y parcela. Entendiendo que más importante que la división política es la que propiciaron los movimientos geológicos, responsables de la conformación de los suelos. Es por ello que en la capacidad de reflejar lugares está la diferencia y lo más atractivo de los vinos de hoy, porque no solo ofrecen características organolépticas, sino que hablan de un paisaje. Que a su vez viene asociado a una cultura. Y, lo mejor de todo, es que eso se puede sentir desde las copas, pero mejor aún, conocer in situ. Porque el enoturismo llegó para quedarse, y cada vez son más las bodegas que abren sus puertas y ofrecen experiencias, porque saben que es la mejor manera de transmitir un vino. Por eso, si no se puede viajar a las regiones vitivinícolas, al menos se puede disfrutar alrededor de la mesa a través de las distintas expresiones de lugar que tienen para ofrecer los vinos argentinos de hoy. 10 vinos de diferentes regiones para recorrer la Argentina a través de las copas Familia Navarro Torre Sauvignon Blanc Estancia Las Cañitas, Córdoba, Valle de Calamuchita: $18.000 Sin dudas, mucho del carácter de este blanco tiene que ver con su entorno, totalmente diferente a las demás zonas vitícolas del país. De aromas a frutas tropicales frescas, como ananá. Paladar franco y mordiente, en el que sobresale algo más de pera. Es evidente como el clima del año influye en el carácter de este vino, con final persistente y bien logrado. Pequeños Parceleros de la Quebrada Tinto de Maimará El Bayeh, Jujuy, Quebrada de Humahuaca, Maimará: $22.000 La ampliación de las fronteras del vino argentino es un hecho que está dando sus frutos, con vinos únicos y con carácter propio. Acá, la composición varietal es imprecisa, ya que son uvas mezcla de Criolla Grande y Criolla Chica, a lo que se suma un porcentaje menor de uvas de viñedos más jóvenes de variedades francesas como Malbec, Cabernet Sauvignon o Merlot. Así, la familia Manzur logra un vino de buen cuerpo y fluidez, con dejos perfumados, de trago delicado y notas florales secas, con texturas finas. Todo integrado gracias a la guarda. Escorihuela Gascón Organic Vineyard Malbec Escorihuela Gascón, Mendoza, Valle de Uco, El Cepillo: $23.000 El tiempo en botella le hace muy bien a este vino para domar sus ímpetus herbales y frutados. Porque si bien sus aromas siguen estando apoyados en las frutas de baya que hablan del lugar, todo es más equilibrado. Incluso sus taninos, que refrescan su paso por boca y siguen aportando vivacidad al final de boca. Cabe destacar que este es un Malbec orgánico y certificado, que nace en una de las fincas pioneras del Valle de Uco en manejo sustentable. Fabre Montmayou Terruño Reserva Cabernet Sauvignon Fabre Montmayou, Mendoza, Luján de Cuyo: $25.000 Este vino es un clásico de clásicos de las góndolas, y nunca pasa de moda. Por estilo y carácter, este Cabernet Sauvignon se destaca, y se convierte en una de las mejores opciones para compartir de a muchos. Acá, el enólogo Juan Bruzzone utiliza uvas de Perdriel para lograr captar la esencia del varietal de la Primera Zona. Es un tinto de buen carácter, apoyado en las frutas negras, paladar franco, con dejos herbales y texturas incipientes que resaltan su trago fluido. Además, posee cierto potencial, aunque no sea un vino pensado para la guarda. Colomé Auténtico Malbec Bodega Colomé, Salta, Altos Valles Calchaquíes: $27.000 Fundada hace más de 150 años, la bodega introdujo las uvas francesas Malbec y Cabernet Sauvignon en la región. Esas plantas aún hoy están en producción y se consideran patrimonio de la provincia. En 2001 fue adquirida por el grupo suizo Hess, lo que le permitió apertura y una visión internacional. Hoy elabora vinos modernos y estructurados, siempre manteniendo el espíritu calchaquí. Como este Malbec de aromas expresivos y amables, con dejos de frutas rojas leves confitadas, buena frescura, con fluidez y taninos granulosos, buena fruta suave en el final de boca, con hierbas y especias. Un tinto franco de lugar. Trapiche Costa & Pampa Riesling Trapiche Costa & Pampa, Buenos Aires, Chapadmalal: $28.000 Ezequiel Ortego es el enólogo de la primera bodega de influencia oceánica del país, una de las pocas que elabora Riesling, desde hace más de diez años. Esa experiencia, junto con la adaptación de las plantas, le permiten al hacedor, lograr un blanco vibrante, de aromas y paladar austero en sus sabores, pero con texturas que le dan carácter. Ideal para acompañar frutos de mar y pesca con salsas algo picantes. Homo Felix Gran Malbec Homo Felix, Mendoza, Valle de Uco, Gualtallary: $40.000 Muchos que no conocen este vino se dejan llevar por su atractiva etiqueta, y se sorprenden. Es que Patricio Eppinger (propietario) tiene una vasta experiencia en la industria vitivinícola, y elabora vinos a su imagen y semejanza, logrando este Malbec de aromas delicados y estilo moderno. Sus taninos finos y delicados aportan matices complejos a la típica fruta del varietal, dejos de grafito de frutas negras de baya. De buen volumen, con fluidez y una acidez sostenida. Su trago es jugoso y mordiente, casi tenso, con muy buen potencial. Ribera del Cuarzo Clásico Merlot Ribera del Cuarzo, Río Negro, Valle Azul: $50.000 Ya van diez años de observación, y se han logrado muchos avances, sobre todo a manos de este varietal, protagonista del vino argentino más caro de la historia (es de la misma bodega). Tinto con buen cuerpo y agarre, con cierto protagonismo de la madera, pero ganan la fruta y la frescura. De buen volumen, con taninos incipientes y finos que resaltan la delicadeza del cepaje con carácter propio. Finca La Ciénaga Abismo Malbec Xumek, San Juan, Valle de Zonda, La Ciénaga: $60.000 Elaborado con uvas cosechadas a más de 1400 metros, este flamante blend de Malbec con toques de Syrah refleja el carácter extremo del lugar, con buena tensión y frutas rojas, con tonos ahumados persistentes que aporta el Syrah y su paso por madera. Así, el enólogo Daniel Ekkert amplía la propuesta de vinos de alta gama de San Juan, este Malbec de excepción que nace en uno de los viñedos más atractivos e imponentes del mundo, porque más allá del paisaje, ofrece una muestra permanente de obras de arte brutal a la intemperie. Juliana Malbec Casa Petrini, Mendoza, Valle de Uco, Los Árboles: $120.000 Este flamante Malbec argentino, que llega con nombre propio (Juliana Awada) es un gran exponente de lugar. Porque sus aromas frutales y dejos herbales (hay una hierba distinta), son propios de un lugar especial. En boca es amplio, con nervio de texturas vivas y un final a pura fruta roja. Es moderno y bien del Valle de Uco. Fresco, fluido y equilibrado, de trago consistente, con sus taninos domados por el paso del tiempo.

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