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  • Murió Jürgen Habermas, el filósofo que despertó pasiones en Buenos Aires y anhelaba que los ciudadanos se escucharan y acordaran a través de la palabra

    » Clarin

    Fecha: 14/03/2026 16:06

    Jürgen Habermas vivió casi diez décadas, y se podría decir que fue un pensador tan prolífico y sustancial que hubo uno distinto por casi cada década de existencia. Su muerte, este 14 de marzo a la edad de 96 años en Starnberg, Alemania, cierra uno de los capítulos más influyentes del pensamiento europeo contemporáneo. Se fue un pensador que durante más de medio siglo intervino en debates filosóficos, políticos y culturales con una mezcla singular de rigor académico y compromiso público. Y que también fue leído en nuestro país. El pensamiento de Habermas se inscribió en la tradición filosófica de Kant, Hegel y Marx como también de nombres cruciales como Max Weber, Pearson y Mead. Habermas fue uno de los últimos exponentes del nuevo mundo del ayer. Si para Stefan Zweig ese mundo era el de la cultura de Viena y Berlín, aquella Belle Époque, para Habermas el ayer al que nunca renunció es el de la socialdemocracia. Su sueño político era el de una humanidad en la que la palabra fluye entre ciudadanos en igualdad de condiciones comunicacionales con reglas que administran las diferencias en un marco de libertad recíproca. Una utopía bastante más generosa con un futuro deseable que el crudo nihilismo de hoy, lo definió conceptualmente el filósofo argentino Tomás Abraham. Habermas no solo fue leído y estudiado, también fue celebrado en sus visitas históricas a nuestro país. En 1986 dio una conferencia histórica en el Teatro San Martín, allí abordó conceptos centrales de su obra y la situación de la universidad alemana de la posguerra. Nos defraudó un poco. Queríamos escuchar sobre la teoría de la acción comunicativa, decía un muy joven Esteban Ierardo, entonces estudiante de Filosofía. El teatro estuvo desbordado de público, mucha gente se quedó con ganas de escuchar al pensador alemán que no podía creer la insólita convocatoria suscitada. Once años después volvió cuando la UBA le concedió un doctorado Honoris Causa. También dio conferencias en la Facultad de Derecho de la UBA y en el Instituto Goethe. Yo lo escuche ahí, recuerda la doctora en Filosofía Mónica Cragnolini. También estuvo allí el filósofo Ricardo Ibarlucía: Recuerdo una conferencia suya en el Goethe Institut, donde fue presentado por el filósofo Osvaldo Guariglia, al término de la cual compartió una copa de vino y conversó amigablemente con los estudiantes y jóvenes docentes que habíamos asistido. Quién lo leyó tempranamente fue el filósofo y jurista Carlos Nino que encontró en Habermas inspiración en su "ética del discurso". El ensayista, sociólogo y abogado Roberto Gargarella conoció y trabajó con Nino explica: El mayor aporte que nos lega Habermas tiene que ver con los modos en que nos enseñó a pensar en la democracia, sobre todo a partir de lo que denominó una democracia deliberativa. A través de dicha noción, Habermas se refiere a un ideal regulativo, es decir (no una descripción de la democracia tal como que existe, que es lo que le interesara a Robert Dahl, por ejemplo sino) un horizonte normativo a alcanzar, un punto que nos permita afirmar que las decisiones públicas que se toman están justificadas. En la primavera democrática Fue en esos años 80 que el nombre del filósofo alemán era invocado en la jovencísima carrera de Ciencias de la Comunicación de la UBA. La lectura y difusión de Habermas realizada por la profesora Alicia Entel (titular de Comunicación I) permitía superar el pesimismo de los padres de la escuela de Frankfurt, Adorno y Horkheimer que veían en los medios de comunicación solo manipulación e "industria cultural", la lectura de Habermas ofrecía una salida a través de la acción comunicativa y el entendimiento lingüístico. Su nombre se repetía en el clima de recuperación democrática, se lo leía con muchas dificultades de comprensión- para entender cómo reconstruir un espacio de debate ciudadano libre de las presiones del Estado y del mercado, algo vital para una sociedad que recuperaba la palabra pública. Agrega Gargarella: Según Habermas, una decisión democrática, para tener autoridad y validez, debe ser el producto de un debate inclusivo -debe ser el resultado de una discusión en la que han intervenido todos los potencialmente afectados. Por supuesto que eso no es lo que ocurre en la realidad. Ninguna sorpresa: Habermas está hablando, justamente, de un ideal a alcanzar, no de las democracias realmente existentes. La formación de un pensamiento Nacido en 1929, Habermas formó parte de la segunda generación de la llamada Escuela de Fráncfort. Su trayectoria intelectual comenzó en la década de 1950 en el Instituto de Investigación Social de Fráncfort, donde trabajó junto a Theodor W. Adorno. En ese ambiente marcado por la crítica al capitalismo, al autoritarismo y a las formas modernas de dominación cultural, el joven filósofo desarrolló las bases de lo que luego sería su pensamiento sobre la esfera pública y la comunicación democrática. Varias obras y artículos de Habermas estuvieron centrados en una crítica a la izquierda europea por lo que se lo consideró un precursor de las ideas del movimiento estudiantil que conmovió a Francia, Alemania y el resto del mundo en el año de 1968. Pero el sectarismo de los más radicales fue rechazado por Habermas quien los acusó de "fascistas de izquierda". Fue entonces cuando formuló su famosa propuesta de sustituir el nacionalismo que derivó en totalitarismos, por el "patriotismo constitucional" apoyando los valores de la libertad, la justicia social y el igualitarismo así como las normas del estado de derecho y la democracia. Para la filósofa argentina Esther Díaz: Habermas, a pesar de que en su juventud tuvo afinidad con la Escuela de Frankfurt y sus ideas revolucionarias, se fue apartando de aquel movimiento para virar hacia una filosofía tradicional y original al mismo tiempo tradicional porque se hizo universalista y filometafísica, y original porque desarrolló una teoría sobre la acción comunicativa como ética del discurso. Según la cual habría igualdad entre todos los seres humanos siempre y cuando pudiésemos dialogar todos en igualdad de condiciones de existencia. Desde mi perspectiva esto es una utopía inalcanzable. Su larga vida, sus frecuentes viajes por el mundo y la originalidad de su filosofía post Escuela de Frankfurt y su amor por la enseñanza lo convirtieron en uno de los filósofos más destacados de finales del siglo XX. Firme opositor a la guerra contra Irak y la política de Bush, Habermas recibió el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales en 2003. El jurado, reunido en Oviedo, señaló que el filósofo alemán era "un ejemplo de saber humanista y cosmopolita y por ello una cumbre del pensamiento actual". También se lo consideró "un clásico de las ciencias sociales y de la filosofía y se reconoció su compromiso con la investigación y la reflexión crítica sobre las teorías del hombre actual y la sociedad moderna". Para el filósofo y escritor Esteban Ierardo: El legado habermasiano brilla en una restauración democrática, una recuperación del valor de la deliberación, la opinión pública y la integración europea. Un Habermas que desde su defensa de una razón proactiva, bregó por la ilustración moderna (y su promesa de una sociedad justa por la racionalidad) como un proyecto que no fracasó sino que nunca se llevó acabo. Así diferenció la modernidad de la posmodernidad para la que la razón moderna, aún reformada, sólo engendra monstruos. Un mundo en transformación permanente En 1989, criticó las modalidades de la reunificación alemana, guiadas principalmente por las exigencias del mercado y que hacían del marco alemán su estandarte. Estaba convencido de que las ideas debían intervenir en la vida política y en la discusión colectiva sobre el destino de las sociedades modernas. Durante décadas, Habermas sostuvo que la democracia dependía, en última instancia, de algo tan frágil como poderoso: la posibilidad de que los ciudadanos se escuchen, discutan y lleguen a acuerdos a través de la palabra. El filósofo Francisco Naishtat lamenta la muerte del pensador alemán y sostiene que se va quizá el autor del último gran programa filosófico contemporáneo que mantuvo viva la bandera kantiana del cosmopolitismo como un plano realizable al interior de la matriz ilustrada, una bandera que en el presente no alzan los estados ni las coaliciones internacionales, encuadradas semánticamente en el único lenguaje que pareciera posible en la vigente gramatología internacional, es decir, el cinismo político (teñido de realpolitik) y declinado en términos de política de poder. Para el ensayista y docente Ricardo Ibarlucía: Habermas representa el mayor intento filosófico por dar respuesta a los grandes problemas políticos y sociales que hoy mantienen en vilo a la humanidad. Y concluye: En sus libros, así como en todos los debates en los que tomó la palabra, incluso en los oscuros años de la pandemia, advirtió una y otra vez sobre los peligros que amenazan a las democracias en el tardocapitalismo socavando el Estado de Derecho y la convivencia pacífica entre los ciudadanos y los pueblos, a la plena vigencia del Estado de Derecho y a la convivencia pacífica entre los ciudadanos y los pueblos: la crisis de representatividad, la creciente degradación de la esfera pública, los relativismos epistemológicos y morales extremos, el auge de los fundamentalismo religiosos, el despertar de un nuevo irracionalismo. Nadie vio más claramente que él cómo el posmodernismo se tornaba la ideología del neoliberalismo.. En 2004 Habermas mantuvo un diálogo con el entonces teólogo Cardenal Joseph Ratzinger, un año antes de ser nombrado Papa. Hablaron de los fundamentos éticos de la sociedad liberal y la crisis de valores en la modernidad. Acordaron que la democracia requiere valores compartidos (prepolíticos) que la razón secular sola no puede garantizar, proponiendo un diálogo de "complementariedad" entre fe y razón. Todo ellos sigue vigente. Especialmente la necesidad de un diálogo fundado en el humanismo para un mundo que hace de la guerra la excepción permanente. Sobre la firma Newsletter Clarín

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