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  • Uno de cada tres trabajadores de la salud se saltea una comida en el horario laboral - El Miércoles Digital

    Concepcion del Uruguay » Miercoles Digital

    Fecha: 14/03/2026 12:25

    Un documento elaborado por la UCA y Edenred analizó cómo se alimentan los asalariados argentinos y llegó a la conclusión de que el 22,6% no come en horario de trabajo. La cifra se eleva al 33% para trabajadores públicos, sociales y de la salud. El 83,5% del total de las personas con empleo formal sufre algún tipo de vulnerabilidad alimentaria: el 61,1% de estos se saltea las comidas, el 78,5% elige alimentos menos nutritivos, y el 56,2% padece ambas privaciones. Testimonios. Lo que más nos afecta son los horarios rotativos que no nos permiten hacer una dieta equilibrada. Nos dan un desayuno, pero con alto contenido en harinas. Antes teníamos la posibilidad de comprarnos alguna otra cosa, una fruta, pero ahora se han reducido bastante las alternativas, comentaron ante la consulta de PERFIL trabajadoras del sector público de la salud de la provincia de La Pampa. Vamos comprando entre todas un poquito. Para comer no tenemos mucho tiempo y a veces el espacio físico tampoco está en condiciones como para poder alimentarnos sanamente, agregaron. Un estudio realizado por el Observatorio de la Deuda Social de la UCA y Edenred analizó la situación de las trabajadoras y trabajadores asalariados en Argentina y determinó que el 83,5% sufre algún tipo de vulnerabilidad alimentaria: el 61,1% se saltea las comidas, el 78,5% elige alimentos menos nutritivos, y el 56,2% padece ambas privaciones. El 22,6% del total de los encuestados, además, no come durante su jornada laboral. El documento analiza las diferencias por edad, género, ocupación, acceso a un comedor, ingresos y el acceso a algún tipo de asistencia del empleador para solventar ese gasto. En el caso de trabajadores públicos, sociales y de la salud, la cantidad de personas que dijo no ingerir alimentos durante las horas que pasan en el trabajo es superior a la media: el 33%. El 64,2% de ese total se saltea las comidas por motivos económicos. Los resultados no me sorprenden. Cuando se analizan las condiciones de trabajo en el sistema de salud aparecen varios factores estructurales que ayudan a entender situaciones como esa, aseveró Alejandra Sánchez Cabezas, directora de la Asociación Argentina de Salud Pública (Aasap). El multiempleo, que es una característica que ya lleva tiempo en el sistema de salud en Argentina, implica jornadas muy extensas, traslados entre instituciones y, muchas veces, la imposibilidad práctica de organizar pausas reales de descanso o de alimentación, afirmó. En el caso de las mujeres con tareas de cuidado a cargo, toma una dimensión mucho más preocupante, sobre todo si consideramos que en la salud las mujeres representan entre el 70 y el 71% del total del personal. La profesional destacó que son muy escasos los estudios en este sentido, y compartió con este medio los resultados de uno elaborado por la provincia de Buenos Aires en 2021: el multiempleo es más frecuente entre médicos (92,6%) que entre enfermeros (66,8%). En promedio, los médicos tienen tres empleos; y los enfermeros, 1,9. Es importante porque los resultados son de la provincia de Buenos Aires, donde vive un gran porcentaje de la población, y porque es una provincia que se anima a registrarlo, opinó la especialista. Lo que no se registra, lo que no se mide, no existe. Considerados desde el punto de vista de los trabajadores de la salud, los números sobre la alimentación de las personas asalariadas muestran una situación doblemente problemática: no solo porque afecta la salud y el bienestar de quienes trabajan en el sistema, sino también porque impacta en las condiciones en las que se brinda el cuidado y por lo tanto la calidad de los resultados, afirmó. Que trabajadores de la salud no puedan comer durante su jornada laboral es un síntoma preocupante del deterioro de las condiciones de trabajo en el sistema sanitario, sintetizó. Trabajo en el hospital y soy docente, aseguró en el mismo sentido una de las trabajadoras de La Pampa, que llegó algún momento a tener tres empleos. Sé que varias compañeras mías también trabajaban en dos lugares, en otras instituciones privadas, o la mayoría hacen guardias, lo que implica hacer dieciséis horas o no tener francos para generar un cobro extra. La vulnerabilidad en cuanto a la alimentación en el trabajo golpea más, según refiere el informe citado, a mujeres, jóvenes, trabajadores no calificados y de la región del norte del país (en esta última más de la mitad no come durante la jornada laboral). Además del factor económico como determinante para saltarse las comidas, el estudio señala la falta de un espacio físico destinado a ese fin y del tiempo o disponibilidad para tomarse un receso. En el sector público, de trabajadores sociales y de salud se presenta la tasa más baja entre quienes se toman un descanso para poder comer: son el 64,5% frente porcentajes que van del 76% al 88% en otros sectores. Nunca me pasó de no comer por falta de recursos, pero sí por falta de tiempo. Y sobre todo, de no hacerme yo misma el tiempo para comer, afirmó en diálogo con este medio Gabriela Di Croce, trabajadora de la salud de la provincia de Buenos Aires. No porque nadie me lo impida directamente, sino porque estamos entrenados de forma tal que no pensamos en nosotros en la vorágine de la jornada, explicó. Tememos al desorden que se pueda generar en las salas de espera si nos ven salir del baño o a comer, como si fuera pecado. Natalia Ceballos es enfermera profesional en Córdoba. Más allá de los recursos, el tema es que nuestra cabeza vive pensando en el paciente, en la urgencia, en el otro. Y entonces comemos mal: son más atracones que otra cosa, afirmó ante la consulta de PERFIL. Se busca comida rápida, algo que se pueda comer frío, porque vos no sabes qué es lo que puede pasar. Está incorporado el picoteo, el comer apurado, parado. El 70,7% de las personas que trabajan en el sector público, social o de salud no reciben contribución de sus empleadores para sus comidas, y el 55,5% tiene algún equipamiento para conservar sus alimentos (como una heladera), aunque solamente el 26,7% tiene un comedor. De las personas que sí se alimentan en algún momento de la jornada laboral el 44,7% gasta entre $ 5 mil y $ 10 mil por día. Si se analizan las respuestas de los trabajadores de todos los sectores económicos, el 80,4% valoraría positivamente recibir algún aporte de sus empleadores, concluye el estudio. A las chicas que hacen doble guardia se les pide el almuerzo que es más nutritivo. Cuando hacemos horas extras nos lo dan en el hospital. Por ahí estaría bueno que, cuando hacemos ocho horas, que entramos a las 6 de la mañana, nos dieran algo para almorzar, concluyeron desde La Pampa. Esta nota es posible gracias al aporte de nuestros lectores |

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