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  • Juan Palomino: la tragedia que vivió de niño y lo marcó para siempre

    » Clarin

    Fecha: 14/03/2026 09:31

    A los 64 años, Juan Palomino está en una etapa de disfrute. Por un lado, protagoniza El divorcio del año, en el Multiteatro, obra que lo tiene muy comprometido. Y en lo personal, está muy enamorado. Reflexivo y sincero, aceptó hacer un ping pong con VIVA, donde también recordó momentos duros de su infancia en Perú. -Tenés puesto un anillo de calavera, ¿es por algo en especial? -Porque me gusta la iconografía calavérica. Me gusta mucho la celebración de los muertos en Perú y en México. La imagen del Hamlet del ser o no ser. Me gusta la cultura de celebrar el hecho de no estar más fisicamente. Pero no creo en ningún tipo de conexión después de la muerte. No entro ahí. - Protagonizás El divorcio del año, ¿por qué aceptaste hacerla? -Porque es una obra que tiene mucha profundidad. Cuando me la ofreció (José María) Muscari, le dije: Wow, pero esto no es una comedia como me la vendiste. Tiene un grado de violencia y de tragedia importantes y muy acorde a los tiempos actuales. Con Mariela (Asencio), la otra autora, construyeron una pieza que toca temas profundos. Y el rol del teatro, sea comercial o no, es mostrar algunas de las dificultades reales. En este caso, se refleja cómo se ejerce la maternidad y la paternidad; la competencia de una madre con una hija; cómo las parejas pierden la posibilidad de reinventarse y caen en la rutina y en la violencia verbal. También se ve el egocentrismo, la hoguera de las vanidades, el maltrato y las miserias humanas. Yo hago de un abogado, que decidió no tener hijos y representa al personaje de Fabián (Vena). Yo perdí un hermano cuando tenía 10 años. El tenía 8 y sufrió una muerte súbita en la cama. Eso marcó a la familia - ¿Qué hacés como amo de casa? - Soy el que limpia, el que ordena y el que lava la ropa. Mi mujer, Charo (Bogarin, cantautora), es la que cocina. A veces hacemos limpieza profunda juntos. Somos equipo. También soy el que elige ver determinadas películas fuera del medio. Vivimos al lado del cine Gaumont, así que vamos mucho al cine. - ¿Una virtud? -Aprendí a escuchar. -- ¿A qué le tenés miedo? -A la muerte de un hijo. Yo perdí un hermano cuando tenía 10 años. El tenía 8 y sufrió una muerte súbita en la cama. Eso marcó a la familia. La muerte de un hijo es lo más trágico que te puede pasar. A eso le temo. Recuerdo los gritos de mi padre, totalmente desquiciado y, después, los de mi madre. Ambos fuera de sí. Y me recuerdo caminando solo por las calles de Cuzco con mis hermanos, uno de meses y el otro de un año, yendo a la casa de no sé quién. Era mucha responsabilidad para mí. Pero mis viejos me tiraron ese fardo y me tuve que hacer cargo de esa situación con el dolor de la pérdida, con la responsabilidad de contener a mis hermanos. Fue determinante en mi vida. Por un lado, en la mirada de la contemplación y también en el enojo que he tenido con mi padre. Pero no los juzgo. Lo he trabajado en terapia. - ¿Es verdad que quisiste ser médico? -Sí, cuando terminé el secundario en Perú volví a la Argentina, mi patria de nacimiento. Hice las equivalencias, pero no entré a la Universidad. Pero hice algo mucho mejor: impulsado por mi papá que me instigó a que me busque un trabajo si quería ser actor, entré en el hospital Alejandro Korn. Vivíamos en Melchor Romero. Empecé como sereno, mientras retomaba los estudios de actuación en la escuela de teatro de La Plata. Después seguí como auxiliar de enfermería y después fui enfermero. Y formé un grupo de teatro que persistió en el tiempo. Desde el 83 que se usa como terapia. Cada tanto voy de visita. - ¿Sos lector? -Ahora estoy en crisis con ese tema. Antes leía libros, pintaba mandalas, hacía danza, teatro y me bañaba en silencio. Ahora soy un ruido permanente. Me la paso maratoneando series de dudosa calidad dobladas al español. El dispositivo, el Instagram, me cambiaron la vida. Yo manejo mis redes. Soy el que edita, promociona mi trabajo. He entrado por esa canaleta. - ¿Comida preferida? -Tengo dos: el asado con un rico vino con soda, en familia. Y obviamente la comida peruana, que está casi sintetizada en el pescado y el ceviche y de la mano de La cocina de Yovita, que para mí hacen el ceviche más rico y la chicha morada más deliciosa. . Creo que tengo mejor sexo ahora que cuando era un treintañero. - Estás en pareja hace ocho años, ¿estás enamorado? -Usaría el plural: estamos enamorados. Porque estar enamorado significa estar parejo en lo que uno realiza, piensa, hace y desea. El erotismo es fundamental. No importa la edad. Creo que tengo mejor sexo ahora que cuando era un treintañero. Ni te hablo de cuando tenía veinte: un desastre. Ahora voy a cumplir 65 y estoy en una etapa de mi vida en la que disfruto todo con inteligencia, sagacidad, respeto y delicadeza, también lo que es el erotismo, la sensualidad y la sexualidad. - ¿Coleccionás algo? -Juguetes. Los juguetes me vinculan directamente con mi niño interior, un poco dolido pero también que se sorprende con lo lúdico. La actuación es un hecho lúdico. Tengo el Batimovil, el Joven Manos de Tijera, un muñeco de Frankenstein, soldaditos, el Apolo XI, el auto de Kojak, Starsky y Hutch y la Mujer Maravilla, entre otros. - ¿Qué recordás del colegio? -Fui a un salesiano en Perú, al que había ido toda mi familia. Me pegaban con un palo en las nalgas si no decía bien la tabla de multiplicar o si había cometido una torpeza o si me escondía para no ir a misa. Mucha violencia. Mis viejos también me han dado algunos roscazos. - ¿Seguís haciendo terapia? -No, hice un año nada más. Soy pragmático en ese sentido. Soy actor, no puedo estar sosteniendo una terapia durante años. Aparte, soy peronista. Los peronistas no vamos a terapia, ¿se nota? (Risas). - ¿Una golosina? -Los Sugus confitados. -¿Lo que más disfrutaste de tu carrera? - Amé debutar de la mano de Alejandro Doria en Amores. Luego, el disfrute de Carola Casini de la mano de Adrián Suar, que fue mi cuñado y es el tío de mi hijo. Quereme, lo que me dio popularidad. Soy gitano, el policía de Buenos chicos y haber engordado y hacer de Maradona en el universo de las plataformas. También hice de Perón en el teatro y de Martín Martin Fierro en el cine. Y filmé en el Africa, en Etiopía y en Angola. - ¿Cómo te definirías? - Como una persona inquieta, solidaria, empática y de profundas convicciones. Hice terapia un año nada más. Soy pragmático en ese sentido. Soy actor, no puedo estar sosteniendo una terapia durante años. - ¿Pensaste en escribir un libro? - Tengo ganas. Siempre estoy escribiendo. Va a ser autobiográfico y se va a llamar Al sur del Taguatinyo, en el Cuzco. Es un poco tomando Al este del paraíso, la novela de John Steinbeck, donde trabajó James Dean. Estaba muy obsesionado con él. Me gustaba como actuaba. - ¿Cómo quisieras que te recordaran? - Como un hombre que intentó hacer las cosas con mucha pasión, convicción, con mucho amor y con mucho sentido de la solidaridad. También con mucha capacidad de contemplación, de escucha, y con la posibilidad también de abrir la lucha en esta vida tan particularmente compleja. Mirá también Mirá también Sobre la firma Newsletter Clarín

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