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» La Nacion
Fecha: 14/03/2026 07:55
De la fantasía de la motosierra a la realidad de la cirugía fina Que se privatizaría, que cambiaría de nombre, que habría despidos masivos, que el edificio de la TV Pública se vendería para construir un shopping... Nada de eso ocurrió a pesar de las fantasías de motosierra expresadas por el gobierno de Javier Milei en sus inicios. En esta nueva línea de cirugía fina, la Secretaría de Medios a cargo de Javier Lanari impulsó los retiros voluntarios para reducir una planta que, hay que decirlo, supera cualquier esquema audiovisual competitivo. Según algunos datos, hay 400 empleados que hicieron consultas sobre el retiro, entre los cuales, 273 se encuentran en una negociación avanzada. La idea es reducir un 10 por ciento de la planta en los próximos ocho meses, confirmó una fuente cercana a las negociaciones respecto de los 2400 personas que trabajan en el complejo de medios del Estado: Televisión Pública, Radio Nacional -con una red federal de 57 puntos de transmisión distribuidas en todo el país- y Radiodifusión Argentina al Exterior (RAE). También incluye Contenidos Públicos SE -Paka Paka, DeporTV y Anilla Cultural-. Cuando empezaron a ofrecerse los retiros, el interés resultó muy exiguo. Sucede que el plan no contemplaba ningún cálculo sobre las horas extra -aún vigentes en la TV Pública- y beneficios de cada encuadre sindical, según comentaron. El Ministerio de Desregulación y Transformación del Estado, a cargo de Federico Sturzenegger, finalmente tuvo que hacer algunas adecuaciones al proyecto inicial para que resultara más atractivo. El plantel general incluye personal con mucha antigüedad que, de todos modos, prefiere todavía conservar su trabajo. Imaginate que tenemos una persona con 60 años en el canal y tampoco quiere irse, expresaron. La gran estructura de medios aún sigue funcionando con excepción de Télam que terminó cerrándose como agencia informativa. Lo que quedó continúa como una unidad administrativa y publicitaria al servicio de distintas dependencias estatales. Llamativamente, aún hay 200 personas residuales de la exTélam, que no cumplen tareas a la espera de una resolución de su situación. Tampoco queremos darles responsabilidades, aclaró una fuente interna. De la amenaza de la motosierra masiva, la administración Milei pasó a hablar de ordenar y hacer eficiente la gestión, sin inversión, pero con una pantalla digna. La razón, en términos fríos, resulta simple: la motosierra representaría muchos millones de pesos en indemnizaciones que hoy, marzo de 2026, el Gobierno no tendría entre sus prioridades. Además, en el caso de la televisión existe un contexto poco favorable para que aparezcan privados interesados en quedarse con un canal de aire de esa envergadura. A todo esto, una eventual privatización de la TV estatal exigiría la aprobación en el Congreso con los votos de dos tercios de los legisladores. La pantalla estatal exhibe actualmente una proporción dividida en tres tercios: noticieros (que se reactivaron tras la intervención en febrero de 2024), coproducciones con privados y contenidos propios (mayormente repeticiones). El programa con mayor rating (0,3 puntos) es el de Carlos Monti, Mediodía bien arriba, un espacio dedicado a los chismes del espectáculo que, a pesar de algunos rumores, quedó confirmado para 2026. En las coproducciones privadas, la TV Pública aporta los fierros: instalaciones, estudios, el servicio de cámaras, pero no invierte en el pago de las figuras artísticas. Al principio, cuando se hablaba de lotear la pantalla, comentó una fuente, hubo muchos interesados privados que luego habrían desistido cuando descubrieron que la mayor parte de los costos correría por su cuenta y no por parte del canal. En los últimos días el nombre del periodista Marcelo Grandio, ligado a la productora Imhouse, saltó al centro de la escena. Grandio es un comunicador con alguna trayectoria en medios (cadenas internacionales) que residiría en Punta del Este y que viajó en uno de los polémicos vuelos privados con el Jefe de Gabinete, Manuel Adorni, con quien mantiene una estrecha relación. Hasta el año pasado tuvo un programa en la TV Pública -que fue levantado- y hasta hoy conducía un ciclo en el canal de streaming oficial. No es un empleado del canal ni cobra un sueldo, su productora entra en las generales de coproducción del resto, aclararon desde adentro del canal. Las viejas discusiones sobre el papel de los medios del Estado, el escaso rating, la calidad de los contenidos, etcétera, quedó en el pasado. En tiempos de migración de las audiencias a los medios digitales, la caja boba y lo que ocurra dentro de ella perdió interés. Cambio de nombre Se está trabajando internamente para cambiar el nombre actual que ni siquiera les gusta a los que están desde antes, expresó una fuente respecto de la TV Pública. Sin embargo, no hay plazos y, por cuestiones presupuestarias, el diseño quedó en manos de las oficinas de la TV Pública, sin la intervención de algún proveedor externo como suele aplicarse en casos de grandes metamorfosis de logos y denominación de marcas. Nuestra prioridad es poner en orden la estructura, el organigrama y los contratos insisten en reiterar, aunque había empezado a sonar el nombre Canal 7 Argentina TV. Es que por debajo de la superficie, la papa caliente de los medios públicos saltó de manos en el último año: de la inventiva dadaísta de Santiago Caputo al pragmatismo político de Karina Milei. Emprendimientos propios En línea con una política de recortes y centralización en los medios públicos, iniciada en diciembre de 2023 con Héctor Cavallero, una de las medidas que más llamó la atención fue la exigencia de que las más de 50 emisoras en el interior del país de Radio Nacional replicaran la programación de la señal central de Buenos Aires. En su momento provocó críticas, porque supuestamente significaba cancelar los contenidos locales de la radio estatal. En perspectiva, según señalaron cerca de la administración actual, la centralización surgió porque Radio Nacional no sólo convivía con señales provinciales y municipales (también estatales), sino que además terminó promoviendo que surgieran pymes. La estructura es incontrolable y surgieron muchos emprendimientos personales -programas locales-, expresó una fuente cercana a la actual intervención y, deslizó que, los resultados económicos de esos programas (pautas publicitarias) eran para beneficio de empleados de Radio Nacional. Es una estructura muy grande que funciona 24 horas y resulta muy difícil de controlar, insistió la fuente, sin descartar que todavía existan casos, en horarios insólitos, en los que no se cumple la medida de centralización y donde emergen los emprendimientos personales. Doma y folklore Antes de la temporada de festivales regionales de este año, alertaron que la TV Pública no transmitiría esos acontecimientos que habían terminado convirtiéndose en un clásico de la programación durante el verano. Luego se informó que la TV Pública había tomado la decisión de recortar el envío de equipos técnicos a todos los festivales del país, aunque siguió transmitiendo los eventos con una señal financiada por los gobiernos locales. Todos los municipios se desesperaban para que la TV Pública transmitiera su festival... estamos hablando de iniciativas municipales que son atendibles, pero que no podían contar con la cobertura de la TV Pública sin poner en orden los papeles sobre derechos de transmisión, acuerdos comerciales y, en todo caso, sin tener en cuenta el rating para el canal, explicaron al señalar que la cobertura a cargo de la TV Pública significaba un gasto enorme. Este verano, los festivales más grandes, como el de Jesús María, pudieron verse por la pantalla estatal. Hizo hasta dos puntos de rating, sin medir el interior, y fue lo más visto en el verano, consignaron cerca de la administración del canal. Un recorrido por el histórico edificio de la TV Pública, alguna vez Canal 7 y ATC, entre los nombres más icónicos, es un viaje en el tiempo. Sigue en Tagle y Figueroa Alcorta, sigue siendo enorme y luce desangelado por fuera, pero por dentro las instalaciones se ven pulcras y activas, aunque sin el ritmo de la TV gloriosa. De la administración de Rosario Lufrano quedó, como una clave, un museo con antiguos equipos y fotos de programas que, difícilmente, formen parte de la historia grande de la televisión argentina.
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