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  • Era abogado en Buenos Aires, viajó a El Calafate por una invitación y terminó cambiando su vida para siempre

    » TN

    Fecha: 14/03/2026 05:51

    Ignacio Alcántara llevaba una vida ordenada en Buenos Aires. Abogado, con estudio propio frente al Congreso y jornadas que empezaban a las siete de la mañana y terminaban cerca de las 21, había construido una carrera estable después de años de esfuerzo. Pero su historia tomó otro rumbo cuando una invitación inesperada lo llevó a conocer El Calafate y, poco después, a replantear su vida. La separación de la madre de su hija coincidió con ese momento de cambio. Lo que había empezado como un viaje ocasional al sur terminó convirtiéndose en una mudanza definitiva. Cuando conocí El Calafate, me enamoré, contó a TN. Leé también: Dos hermanos empezaron vendiendo maní, invirtieron US$60.000 y ahora tienen 6 locales en Buenos Aires Hoy, más de una década después, su vida transcurre entre la Patagonia y España. Tiene un estudio jurídico, una inmobiliaria, un restaurante, una agencia de turismo y un café cowork para nómades digitales en El Calafate. En paralelo, prepara nuevos proyectos gastronómicos en Barcelona junto con César, el chef con quien formó pareja tras un encuentro inesperado. Del pueblo a Buenos Aires y del derecho al emprendimiento Alcántara nació en Germania, una pequeña localidad del noroeste bonaerense. A los 17 años se mudó a la Ciudad de Buenos Aires para estudiar Derecho en la UBA y comenzó desde abajo: primero trabajó en una imprenta, luego como cadete administrativo y más tarde en tareas de administración. Mientras cursaba la carrera, entró a trabajar en un estudio jurídico. Cuando se recibió, decidió independizarse y abrió su propio despacho en la esquina de Rivadavia y Uruguay. Con el tiempo se mudó a un piso más grande frente a la Plaza Congreso, donde trabajó casi una década. Estuve ocho años trabajando a pleno, de las siete de la mañana hasta las nueve de la noche, recordó. La estabilidad profesional parecía consolidada hasta que una audiencia judicial cambió el rumbo de su historia. Todo surgió por un accidente con un cliente en una audiencia en la Cámara de Trabajo. Él vivía en Calafate y nos hicimos muy simpáticos con una persona que pensábamos que era la secretaria del juzgado, pero terminó siendo la jueza. De esa anécdota surgió la invitación para venir a conocer el lugar, recordó. Ese viaje coincidió con su proceso de separación. Decidió ir con su hija a conocer el destino patagónico. Durante años habíamos veraneado en Villa La Angostura o San Martín de los Andes, pero cuando esos lugares se volvieron tan masivos, conocimos El Calafate, contó. La experiencia fue decisiva. El salto al sur y una cadena de proyectos Al principio, Álcantara viajaba de manera periódica para atender casos en Santa Cruz, pero las amistades que fue construyendo y el volumen de trabajo hicieron cada vez más difícil sostener la dinámica entre Buenos Aires y la Patagonia. Tenía tantos clientes por las amistades que empecé a hacer en El Calafate que me demandaba mucho tiempo, explicó. Decidió instalarse de manera definitiva en 2014. Lo que siguió fue una sucesión de oportunidades que terminaron transformándolo en un emprendedor multifacético. Alquiló una oficina en la inmobiliaria más antigua de la ciudad para instalar su estudio jurídico. Seis meses después, el dueño le ofreció quedarse con el negocio. De repente, Ignacio, o Nacho, como lo conocen en El Calafate, se encontró administrando una cartera de más de 300 clientes. Leé también: Le surgió una idea frente a una góndola, invirtió US$10.000 y proyecta facturar US$1,5 millones en un año Dividió los espacios y empezó a expandirse: dejó el estudio jurídico en un local, mantuvo la inmobiliaria en otro y, como quedaba un tercer espacio al lado, abrió un bar. Como sobraba un local, abrí un bar porque me gusta la gastronomía, recordó. Ese primer proyecto gastronómico luego se transformó en restaurante tras la pandemia. En paralelo, lanzó una agencia de turismo y, más recientemente, un café cowork orientado a nómades digitales que llegan a la Patagonia para trabajar de manera remota. Una historia de amor que empezó en Barcelona En medio de esa vida entre emprendimientos y viajes apareció también la historiga de amor que cambió su vida personal. El vínculo surgió a través de un amigo de la infancia. Sebastián había sido su compañero inseparable del jardín en Germania y, aunque perdieron contacto en la adolescencia, años después se reencontraron de casualidad en Buenos Aires. Tiempo después de su separación, ese amigo volvió a contactarlo desde Barcelona y lo invitó a visitarlo. Allí comenzaron a organizarle cenas para presentarle a argentinos que viven en Cataluña, pero en especial a uno que, curiosamente, nunca aparecía. Todas las noches me organizaba cenas para presentarme a su mejor amigo, pero nunca llegaba, recordó entre risas. El encuentro finalmente ocurrió justo antes de su regreso a la Argentina. Cuando ya me estaba por volver, apareció César, contó. El amigo misterioso era César, un chef que había sido compañero de adolescencia de Sebastián en Buenos Aires. El vínculo fue inmediato. Con el tiempo formaron pareja y comenzaron a construir una vida entre España y la Patagonia. Negocios entre la Patagonia y España La sociedad entre ambos también se trasladó al terreno de los negocios. En Barcelona llegaron a tener cuatro pizzerías-cafeterías junto a un socio cordobés, pero tras el fallecimiento de ese amigo decidieron cerrar los locales. Ahora preparan un nuevo proyecto gastronómico: una vinería con tapas típicas de Cataluña. En paralelo, Alcántara mantiene su actividad jurídica colaborando con colegas españoles en lo que define como un puente jurídico para argentinos con trámites en España o españoles con asuntos en la Argentina. Su vida, de hecho, transcurre entre dos paisajes muy distintos. Estamos entre el mar y la montaña, resumió. El destino genera oportunidades para quienes saben crear cosas nuevas. Si me hubiera quedado en mi pueblo, no habría podido desarrollar nada de esto, reflexionó. El futuro: más proyectos y un sueño social A los 51 años, Alcántara dice que no piensa en retirarse. Por el contrario, su impulso emprendedor sigue generando nuevos proyectos. Uno de los más recientes es la concesión para escalar un cerro cercano al glaciar Perito Moreno que planea desarrollar como turismo invernal. La idea es crear un espacio que permita el contacto con la nieve y ofrezca un mirador privilegiado frente al glaciar. Es mi nuevo bebé, dijo. Leé también: Son amigos desde la primaria, tuvieron una idea única y hoy facturan $50 millones por mes También comenzó a escribir cuentos inspirados en su infancia en Germania, que comparte en una página personal y planea convertirlos en un libro que rescate personajes y anécdotas del pueblo donde creció, y planea crear una organización para rescatar perros de la calle. En lo personal, la vida también le sumó un desafío inesperado: fue designado tutor legal de un niño de cuatro años al que acompañará hasta la mayoría de edad. Siento que es el broche de oro para mi carrera, aseguró.

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