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  • Recen por mí: el día que el mundo miró a la Argentina - TN24

    » tn24

    Fecha: 14/03/2026 04:00

    El 13 de marzo de 2013 el mundo entero miró hacia la Plaza de San Pedro. A las 15:06 en la Argentina, el humo blanco comenzó a salir de la chimenea de la Capilla Sixtina, señal inequívoca de que el Colegio Cardenalicio había elegido a un nuevo líder para la Iglesia católica. Minutos después, el cardenal protodiácono Jean-Louis Tauran pronunció las palabras que paralizaron al país: Habemus Papam Georgium Marium Bergoglio. El entonces arzobispo de Buenos Aires, conocido por su vida austera y por moverse en transporte público, se convertía en Papa Francisco, el primer pontífice latinoamericano de la historia. El cónclave de la sorpresa La elección de Jorge Mario Bergoglio sorprendió a muchos observadores. Aunque su nombre había sido mencionado en el cónclave de 2005 tras la muerte de Juan Pablo II, para 2013 se lo consideraba con menos posibilidades debido a su edad. Sin embargo, durante las reuniones previas al cónclave -convocado tras la histórica renuncia de Benedicto XVI- Bergoglio pronunció un discurso que dejó una fuerte impresión entre los cardenales: pidió una Iglesia en salida, menos centrada en sí misma y más cercana a las periferias. En la quinta votación del segundo día alcanzó los votos necesarios para convertirse en Papa. Al elegir el nombre Francisco, en homenaje a San Francisco de Asís, dejó en claro cuál sería el espíritu de su pontificado. Un pontificado marcado por reformas Durante más de una década, el pontificado de Francisco se caracterizó por su impulso reformista y por un fuerte énfasis en la justicia social y el cuidado del planeta. Documentos como la encíclica Laudato si, dedicada al cuidado de la casa común, y Fratelli tutti, centrada en la fraternidad entre los pueblos, marcaron su agenda y lo posicionaron como una de las voces morales más influyentes del escenario internacional. Un legado que trasciende su tiempo La muerte de Francisco marcó el final de una etapa en la Iglesia católica, pero también el inicio de su dimensión histórica. Aquel saludo sencillo desde el balcón de la Basílica de San Pedro, cuando pidió al mundo recen por mí, resumió el tono de un papado que buscó acercar la Iglesia a la gente común. Trece años después de aquel Habemus Papam, su mensaje de mirar hacia las periferias y cuidar la casa común continúa resonando como una hoja de ruta para el futuro.

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