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Concordia » Entre Rios Ahora
Fecha: 14/03/2026 03:19
A seis meses de su llegada a Paraná para dirigir los destinos de la Iglesia Católica, el arzobispo Raúl Martín dispuso una serie de sorpresivos cambios en la curia. En la Iglesia Catedral Nuestra Señora del Rosario, donde estaba vacante la función de párroco tras la salida del vicario general Eduardo Tanger -ahora radicado en España- se nombró al sacerdote Fabián Minigutti, que venía gestionando la obra de construcción del Hogar Sacerdotal Jesús Buen Pastor en su nuevo emplazamiento, el exCentro Mariápolis, en el Acceso Norte. También dispuso correr al párroco de la parroquia Santa Teresita, donde desde hace más de dos décadas estaba firme Diego Rausch, responsable además del complejo educativo. Allí irá el vicario de Educación del Arzobispado, José Carlos Badano. Rausch, además, es asesor espiritual del Club Atlético Patronato y fanático del club. Su nuevo destino es la parroquia Nuestra Señora de La Paz, en La Paz, aunque no como párroco. En la parroquia San Agustín, donde estaba Ignacio Patat como párroco irá Javier Margheim. Patat fue destinado a la parroquia Nuestra Señora de la Merced, de Cerrito. Ariel Follonier irá a la parroquia San Roque, en tanto Mario Olivera fue designado capellán del Carmelo Nuestra Señora del Carmen, de Nogoyá. La salida más relevante es, claro, la de Diego Rausch. Es hermano de Hernán René Rausch, la primera víctima que declaró al inicio del juicio oral a Ilarraz, y que es considerada la declaración más contundente y sin fisuras respecto de los hechos de corrupción de menores que se le endilgan al sacerdote, que fue prefecto de disciplina en el Seminario de Paraná entre 1985 y 1993. El 6 de julio de 1995, Hernán Rausch brindó su testimonio en el proceso que el entonces arzobispo Estanislao Esteban Karlic abrió contra Ilarraz. Contó de los abusos que soportó de Ilarraz siendo pupilo en el Seminario Menor. Al año siguiente, en 1996, Karlic le impuso la sanción el destierro a Ilarraz, pero no denunció los delitos en la Justicia. El proceso penal recién se inició, de oficio, en 2012, por pedido expreso del Procurador General de la Provincia, Jorge Amílcar García. El caso llegó a juicio oral y terminó en condena: 20 años de cárcel para Ilarraz. Pero ese pronunciamiento, que había quedado firme en la Justicia de Entre Ríos, fue anulado por la Corte Suprema de Justicia, adonde acudió Ilarraz amparado en la prescripción de la acción penal. El cura fue dejado en libertad. El 10 de julio de 2015, cuando la jueza Susana María Paola Firpo dictó el procesamiento del cura Ilarraz, en su extenso escrito dividió a los testigos que declararon en la causa en varias categorías. A Diego Ariel Rarusch lo puso entre los que tuvieron un conocimiento «periférico o de oídas» de los hechos, aún cuando su propio hermano era uno de los siete denunciantes. ¿Qué declaró el sacerdote Diego Rausch -fanático de Patronato, como Ilaraz- en la causa penal por los abusos en el Seminario? En el voluminoso expediente Ilarraz se lee que el sacerdote sostuvo en Tribunales que sólo tuvo conocimiento de los hechos «por lo que ha sido publicado» en los medios a partir de 2012, y por «las denuncias que se hicieron». Una, hecha por su hermano. Dijo que antes había escuchado algunos comentarios pero no supo recordar de dónde, ni cuándo. Que tuvo por parte de su hermano conocimiento del tema pero no supo establecer en qué momento fue que le comentó eso. Que Hernán le dijo que había visto hechos de abusos de parte de Ilarraz, pero no recordó que le haya contado detalles de los hechos. Que su hermano le comentó los hechos que él había sufrido. Que obviamente le sorprende lo que a él le pasó dentro del Seminario. Contó que Hernán habló con sus hermanos y con su mamá, que su hermano no le dio detalles por ser una «situación compleja» para relatar, que en el momento le dijo que habían «pasado cosas» pero nunca indagó más porque le parecía que la situación que él le estaba contando «no daba». Cuando se le preguntó si le creía a Hernán, dijo que sí, que «no le va a mentir a él, que es su hermano de sangre», que le creyó. Sabe que su hermano hizo un tratamiento psicológico, durante el tiempo que estuvo en el Seminario, viajando algunas veces a una psicóloga de Buenos Aires. También, expresó que su hermano realizó un viaje con Ilarraz, pero en su declaración no pudo precisar a qué lugar. El sacerdote Rausch aceptó que tuvo «cercanía con Ilarraz pero no fue su guía espiritual». Que era común tomar mates en la habitación de Ilarraz, que haya diez o doce gurises, estar ahí, compartir, pero siempre eran varios. También jugaban al ajedrez los que sabían. Otros frecuentaban la pieza de (el cura Andrés) Senger por ejemplo, que «era un hombre muy bueno», se frecuentaba porque se pasaban muchas horas y «uno pasaba un rato». Que como integrante de ese grupo más allegado al cura Ilarraz «nunca amenazó» a algún seminarista menor, ni tampoco formó parte de un grupo que haya amenazado a otro seminarista menor por defender a Ilarraz. Ante la Justicia, contó que hizo viajes con Ilarraz, como su hermano. Se acuerda de un viaje a las Cataratas, otro al norte, un viaje al exterior, a Europa, con Ilarraz a fines de 1990. Expresó que no mantuvo comunicación con Ilarraz después de lo que le contó Hernán. Que desde 1993 perdió todo tipo de contacto. Cuando accedió a prestación declaración indagatoria, el 24 de junio de 2015, el cura Ilarraz sembró cizaña entre los hermanos. «Hernán, en primero y segundo año del bachillerato, nunca mostró un perfil psicológico enfermizo como lo va a demostrar a partir de tercer año cuando sus celos por su hermano Diego Rausch se transformaron en envidias, en broncas y en deseos de que no se acercara a mi persona; yo a esto lo conversé en su momento con Diego ya que él era muy cercano a mí», dijo. De la Redacción de Entre Ríos Ahora
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