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  • Michelle Pfeiffer lo hace parecer fácil. No lo es.

    » TN

    Fecha: 13/03/2026 15:10

    De adolescente, mientras trabajas de cajera, decides convertirte en actriz. No conoces a nadie en la industria del entretenimiento, así que te presentas a un concurso de belleza para llamar la atención de un agente. Ganas. Al cabo de un año, apareces en televisión en anuncios de jabón y papeles de rubia despampanante. (Así se llama tu personaje en una serie: La rubia despampanante. Tú la llamas Bárbara). Llegan las películas: unas malas y luego algunas mejores. Hay cheques millonarios, portadas de revistas, nominaciones a premios. Te alejas durante años para cuidar de tu joven familia. Pasa una década. Luego dos. Ya eres abuela, pero sigues siendo querida, deseada. Y los papeles, los que eliges con cuidado, siguen siendo complejos. Ahora puedes relajarte, segura de tu talento, de tu éxito. A menos que seas Michelle Pfeiffer. A sus 67 años, está más ocupada que nunca, una reina del cine últimamente reinventada como estrella de la pantalla chica. También está más inquieta que nunca sobre la relación con su trabajo y sobre cómo lo lleva a cabo. Pfeiffer no ha participado de forma sustancial en una serie desde la década de 1970, pero esta primavera tiene dos: "The Madison", un lacrimógeno drama de Taylor Sheridan que se estrena el sábado en Paramount+; y "Margo's Got Money Troubles", una disparatada y tierna comedia dramática que se estrena el 15 de abril en Apple TV. Ambas muestran a una actriz experta en el manejo de sus talentos. Ambas provocan su típica inquietud. "Siempre me enfrento a un papel con cierta inquietud, porque nunca sé muy bien cómo voy a hacerlo", dijo durante un almuerzo. Sonaba ligeramente arrepentida. "Me encantaría poder hacer a la ligera algunas de estas cosas". Hacer las cosas a la ligera no está en su repertorio. "Por eso es la actriz que es", comentó Christina Alexandra Voros, que dirigió todos los episodios de "The Madison". "Nunca se ha quedado de brazos cruzados en ningún papel de su carrera". Tras casi cinco décadas de carrera, Pfeiffer intenta, entrecortadamente, aprender otros hábitos: dejarse llevar un poco más, desvanecerse un poco menos en sus papeles, resistirse a la costumbre de obsesionarse. "Eso no es sano", dice. Pero así es como siempre ha hecho las cosas. Parecía sincera en su deseo de relajar su perfeccionismo e insegura de la actriz y la persona que sería sin él. Conocí a Pfeiffer un día despejado de febrero en un modesto restaurante de Santa Mónica. El interior del restaurante era fresco y, por lo demás, estaba desierto, lo que significaba que ella podía disfrutar del relativo anonimato que prefiere. Mis ojos tardaron un poco en adaptarse a la penumbra y más en adaptarse a Pfeiffer, que tiene ese tipo de belleza que aturde y entorpece a una persona. Habría sentido lo mismo si hubiera salido del lugar para mirar fijamente al sol. Pfeiffer nunca se ha sentido cómoda comercializando su belleza. Tampoco se siente cómoda con la prensa. Tolera las entrevistas mejor que antes, sobre todo las de su empresa de perfumes, Henry Rose. Pero hablar de su trabajo con una desconocida es una forma muy leve de tortura. "Es emocional", dice. "Empiezo a sentir ansiedad por estar expuesta". Durante la comida, no dejó de ser amable, compartió sus guarniciones vegetales y respondió las preguntas con lo que parecía verdadera honestidad. También parecía palpablemente tímida. Hizo que me dieran ganas de protegerla, aunque estaba consciente de que una estrella como ella --¡una estrella que ha interpretado a Gatubela!-- no necesita protección. Nunca me había sentado frente a alguien en quien se unieran tanta fuerza y tanta fragilidad. Si la belleza (indiscutible, a menos que seas Pfeiffer, que ha dicho que su rostro parece el de un pato) explica parte de la fascinación que ejerce en pantalla, aún más convincente es la tensión emotiva que aporta a muchos de sus personajes, que sienten profundamente aunque intenten proteger y retener esos sentimientos. Empezó a actuar a muy temprana edad. De niña, en lo que ella llamaba "un hogar impredecible", interpretaba su personalidad, y se comportaba de formas que creía que la mantendrían a salvo. En muchas de sus mejores interpretaciones --por ejemplo, en "Las relaciones peligrosas" (1988) o "Los fabulosos hermanos Baker" (1989)-- subyace la cautela de una niña, el miedo de una niña a resultar herida. Su actitud hacia el trabajo siempre ha sido un estira y afloja. Tras aquellos primeros años de rubia despampanante, se mostró cuidadosa con los papeles que aceptaba. (Un agente la apodó La señorita No). En la década de 2000, casada con el prolífico guionista y productor David E. Kelley y madre de dos niños pequeños, se volvió aún más cuidadosa, pues rechazaba ofertas que perturbaran su vida familiar. Le encantaba la maternidad y estaba agradecida por el modo en que atenuaba su tendencia a obsesionarse con el trabajo. "Te obliga a salir de tu narcisismo", dijo. "Fui una persona mucho más feliz cuando me convertí en madre". Cuando sus dos hijos ingresaron a la universidad, volvió a dedicarse plenamente a la actuación. Las ofertas habían estado ahí antes, pero muchas eran poco atractivas, "madrastra malvada o papeles que simplemente parecían muy denigrantes para las mujeres", dijo. Ahora había algunos que le parecían mejores. En 2017, aceptó su primer papel importante en televisión en décadas, como Ruth Madoff, la esposa del estafador financiero convicto Bernie Madoff en la película de HBO "El mago de las mentiras". Rápidamente le siguieron varias películas. ¿Por qué volver si tenía sentimientos tan encontrados sobre la industria y sobre cómo trataba a las mujeres, sobre todo a las mayores? Porque, al igual que la maternidad había sido un respiro del trabajo, el trabajo también había sido un respiro de las preocupaciones de una mente hiperactiva. "Ha sido un gran regalo y me ha ayudado a superar muchas cosas", comentó. "Simplemente estoy ocupada de una mejor manera". Ahora está muy ocupada, sobre todo en "The Madison", que Sheridan escribió para ella. "Necesitaba una mujer con una verdadera fuerza interior y un profundo pozo emocional", escribió Sheridan en un correo electrónico. Pfeiffer tenía todo eso. Pfeiffer interpreta a Stacy Clyburn, la matriarca de un acaudalado clan de Manhattan que se muda a Montana tras una tragedia personal. Tanto Pfeiffer como Stacy se describen a sí mismas como chicas de ciudad, y ambas se benefician de largos y amorosos matrimonios. Pero Pfeiffer tuvo problemas con el papel. Suele empezar por encontrar un rastro de algo de su propia vida que pueda conectar con el personaje. Con la mimada Stacy, que aprende a ser autosuficiente mientras usa una pijama de seda, le costó encontrar ese rastro. ¿Tenía realmente dificultades o era su perfeccionismo el que hablaba? En efecto, algunos coprotagonistas observaron mayor soltura. Beau Garrett y Elle Chapman, que interpretan a las hijas de Stacy, se maravillaron de la naturalidad de Pfeiffer en el personaje y de su seguridad en el plató. "Tiene una gran seriedad", afirmó Garrett. "La gente se calla cuando ella está cerca". Añadió que era un privilegio que Pfeiffer le gritara en las tensas escenas familiares. Chapman hizo eco de esa opinión. "Tiene una mirada que puede desarmarte por completo", dijo con admiración. Pero la naturalidad no surge de forma natural, o al menos no del todo. Kurt Russell, que interpreta al marido de Stacy, trabajó anteriormente con Pfeiffer en el cuestionable "thriller" de 1988 "Tequila Sunrise". "Parece que lo hace sin esforzarse, pero no es así en absoluto", dijo en una entrevista. Sheridan también vio el costo. "Sinceramente, no sé cómo pudo Michelle acceder a ese nivel de emoción toma tras toma, y día tras día", dijo. "Una actriz de su talento y habilidad podría haber sacado fácilmente cualquier cantidad de trucos bajo la manga, pero no lo hizo. Ni una sola vez. Se obligó a aceptar el sufrimiento". "The Madison" rodó dos temporadas de seis episodios, con un año de diferencia. Entre esas grabaciones, Pfeiffer rodó la primera temporada de "Margo tiene problemas de dinero", basada en la célebre novela de Rufi Thorpe. La serie trata de una joven, Margo (Elle Fanning), que queda embarazada inesperadamente y se mantiene como modelo de webcam. Pfeiffer interpreta a Shyanne, la madre de Margo, una antigua mesera de Hooters que ahora está comprometida con un pastor de jóvenes. Kelley creó la serie. Es la primera colaboración significativa de Pfeiffer con él desde que interpretó un papel en su película de 1996 "Para Gillian en su cumpleaños". Esto fue por elección propia. Cuando se casaron en 1993, aparecer en una serie de TV, el terreno típico de Kelley, habría sido una vergüenza para su carrera. Además, Pfeiffer dijo: "Cuando llego a casa del trabajo y he tenido un mal día, quiero que él esté de mi lado. Quiero que crea mi versión". Eso triunfó sobre el trabajo en equipo. Sin embargo, la televisión ya no es lo que era. Cuando Kelley leyó la novela, supo que para Shyanne necesitaba una actriz que pudiera ser a la vez despreciable y adorable, que pudiera decir de forma creíble una frase como "Soy malísima en todo menos en ser guapa", que pudiera despertar simpatía aunque la repeliera. "No podía ver a nadie más que a ella interpretando a Shyanne", aseguró Kelley en una entrevista. En el libro, Shyanne solo aparece brevemente, así que Pfeiffer aceptó, sin saber que el papel se ampliaría para incluir escenas de humillación en tiendas departamentales y fiestones de despedida de soltera. Aunque en "The Madison" luchó con la elegancia de Stacy, con Shyanne le resultó más fácil adoptar su aspereza y su preferencia por la ropa de cuero sintético. Pfeiffer, que creció en el condado de Orange, no lejos de donde vive Shyanne, había conocido a mucha gente como ella, luchones a los que les tocó una muy mala suerte en la vida e hicieron lo mejor que pudieron con lo que tuvieron. "No me costó mucho ponerme en su lugar", aseguró Pfeiffer. Fanning, que trabajó por primera vez con Pfeiffer en la película dramática de 2001 "Yo soy Sam", se maravilló del "asombroso equilibrio de lucha y vulnerabilidad" que Pfeiffer aportó al papel, así como de su don para la espontaneidad. "Cuando ves a Michelle, nunca sabes cómo va a actuar", escribió Fanning en un correo electrónico. Pfeiffer se siente bien con estas recientes actuaciones; tan bien como ella permite sentirse, al menos. (Kelley confirmó que hasta ahora su matrimonio ha sobrevivido). Siempre ha desaparecido en sus papeles, pero esta vez, como iba y venía entre proyectos y se tomaba tiempo para visitar a su marido y a su hija y nieta, no pudo hacer su habitual acto de desaparición. No cree que el trabajo se haya visto afectado por eso. "Si quieres sobrevivir, tendrás que encontrar la manera de hacer esto y disfrutar de tu vida sin desaparecer", explicó. Parecía segura de sí misma. Era el final de la entrevista y ya se había expuesto lo suficiente. Unos minutos después se escabulló entre las sombras del restaurante y luego volvió a salir al sol. Michelle Pfeiffer en Los Ángeles en febrero de 2026. (Amy Harrity/The New York Times)

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