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Parana » Ahora
Fecha: 13/03/2026 13:11
Pérgolas Un aliento que no viene de ningún humano hace creer que es bueno cualquier pedacito de tierra que deje nacer flores Miro los racimos lilas de las glicinas que cuelgan como campanas. El viento las balancea como hamacas sobre nuestras molleras duras. Las palabras retumban en un tubo plástico desde donde asoman las piernas. Un nacimiento de mentiras por cada chico que se tira con la velocidad de su peso por el tobogán amarillo. Las palabras tienen temperatura, ¿sabías? Algunas cosas se combinan y logran el juego de la aerodinámica y la aerostática, los vellos se electrizan con el sonido. El pelo se abre como una medusa. Si estuviéramos bajo el agua, las palabras serían esos peces que comen la piel muerta de los talones. Piel de gallina, digo y no escuchás porque los loros aletean bajo el álamo. Hace tiempo hablo sola dentro de este tamborcito sujeto a unas cadenas. Las niñas doman cada juego como a un potro. Antes usaba mis piernas como pinzas. Sostenía controles remotos con los pies cambiaba de canal moviendo los dedos. Ahora nos amputamos como a margaritas quitamos pétalos, no mencionamos los eslabones, solo escuchamos como se arrastran las cadenas. Condenadas. Bienaventuradas. El perfume de la glicina trae galerías suspendidas en el futuro. Despertamos del silencio mientras jugamos a levantar acantilados.
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