Contacto

×
  • +54 343 4178845

  • bcuadra@examedia.com.ar

  • Entre Ríos, Argentina

  • Panorama Internacional: Guerra contra Irán ¿China y Rusia al rescate... de Trump?

    » Clarin

    Fecha: 13/03/2026 11:50

    China, la segunda economía capitalista de la era, tiene razones para padecer la nueva guerra en Oriente Medio, pero también para sacarle provecho. El conflicto desbarata acuerdos de largo plazo de la República Popular con Teherán por intercambio de petróleo y compromete inversiones significativas del gigante asiático, especialmente tecnológicas, que ahora quedan en un limbo, así como los créditos que las incluyen. Con el peso de un crecimiento moderado (entre 4,5 y 5% anual, la meta más baja desde 1991), el precio del crudo disparándose y aquellos antecedentes, esta novedad debería ser leída como una noticia incómoda para el desarrollo de la República Popular. Irán es el cuarto productor mundial de petróleo y casi el 80% del total lo envía a China. Es una cuota significativa de entre el 13% y el 15% de las compras de crudo por vía marítima de la potencia asiática. Sin embargo, la reacción de Beijing ha sido limitada. No salió en defensa de Irán, ni ha excedido el nivel de la protesta diplomática y la demanda previsible del cese del conflicto. Ese comportamiento no obedece solo a que, como revela The Wall Street Journal, aunque accidentado y pese a la guerra, sigue recibiendo petróleo iraní con la llamada flota fantasma. China ha tenido una relación cuidadosa con Irán. John Calabrese, del instituto de Oriente Medio de la American University, remarca que, al revés que con el aliado pakistaní, que fue armado con jets y misiles chinos, la teocracia tuvo bastante menos de esos beneficios. Irán, como foco de resistencia a Occidente, puede encajar teóricamente con la visión de Beijing, pero su comportamiento desestabilizador lo hace incompatible , explica. De ahí que, más bien, China ha dejado correr las cosas, con la convicción de que las consecuencias negativas del conflicto envuelto en fallas estratégicas, acabarían más temprano que tarde por encerrar a EE.UU., como está sucediendo. Sin una victoria veloz, que no se ha logrado, Washington debería construir una urgente estrategia de salida que esta semana comenzó a insinuar el presidente Donald Trump inquietando al aliado israelí. El mandatario republicano consideraba llegar a su cita de fin de mes con Xi Jinping en Beijing con el control de Irán. La paradoja es que ahora esa cita seguirá siendo central, pero para ayudar a desescalar esta crisis. Ayuda a entender el escenario un episodio en el inicio de la segunda semana del conflicto. Trump llamó el lunes al autócrata ruso Vladimir Putin y dialogaron una hora. El origen de la llamada lo confirmó el asesor del Kremlin, Yuri Ushakov. Ambos presidentes son amigos, coinciden en los formatos autoritarios del poder y en cierta medida comparten visiones semejantes respecto del conflicto ucraniano, que esta Casa Blanca observa como provocado por Kiev. Video Pero en esta circunstancia, el líder moscovita está comprometido en una sociedad estratégica con el enemigo que machacan EE.UU. e Israel. Irán no solo es un proveedor central de armas para el Kremlin, drones y misiles de última generación, Juega además un rol geopolítico en la región abrazado a los intereses rusos en sociedad con China, los tres en la estructura de los BRICS y en la iniciativa del relevo del dólar en el comercio del Sur mundial. Esa afinidad se notó en las felicitaciones calurosas de Putin al nuevo líder supremo iraní, Mojtaba Khamenei, despreciado por Trump, y que sucede a su padre, asesinado en la primera jornada de los bombardeos. Un episodio de descabezamiento que llevó a EE.UU. a suponer que ya tenía el conflicto ganado. Pero el poder nunca quedó acéfalo. Puesto de otra manera, Trump interconsultó sobre una guerra que compromete de manera aguda a su país, con una potencia aliada de su enemigo, sospechada, además, de brindarle asistencia de inteligencia sobre las posiciones occidentales. Puede suponerse con benevolencia que Estados Unidos con ese gesto puede estar mostrando un agudo pragmatismo para intentar sumar a Rusia en el esfuerzo de doblegar a la potencia persa. Pero, en términos más llanos, sería un indicador de las dificultades imprevistas que ha deparado el conflicto cuya opaca planificación y sentido de la oportunidad entretiene como en un rompecabezas a analistas y especialistas militares. Rusia sugiere que en esa conversación se le pidió mediar, gestión que incluiría como moneda de cambio el desarme de las sanciones contra el Kremlin para su trasiego del petróleo, lo que se anunció este viernes. Ese mismo día de la conversación con el Kremlin, los mercados energéticos mostraron con claridad con qué se está jugando en esta guerra. El petróleo se disparó muy por encima de los cien dólares, impactando los costos inmediatos en todo el mundo. El combustible en EE.UU. aumentó un 14 por ciento adicional. La manguera de las estaciones de servicio vota en las elecciones norteamericanas. Por eso, posiblemente Trump tomó el teléfono. La guerra de pronto se volvió un lastre y además, con la preocupación de que se haya despertado un conflicto de largo plazo asimilable a otros que empantanaron en el pasado a Estados Unidos. Si así fuera, se acabó la posibilidad de tasas bajas, de inflación controlada y calma electoral. La guerra condenaría la carrera política de Trump, cuestión que debería ser observada preventivamente por los gobernantes que han apostado a una relación lineal y de largo plazo con el mandatario republicano. Disciplinado, el día después de la llamada, Putin se comunicó con el presidente iraní, Masoud Pezeshkian. Su canciller, Serguéi Lavrov, a su vez, habló con el colega persa Abbas Araqchi. La respuesta llegó el jueves: reconocer los derechos legítimos iraníes (eso es su estructura nuclear y misilísticos), reparaciones por los daños causados y compromiso de evitar nuevos ataques. Al margen de esos reclamos, el hecho de que Irán ponga condiciones revela, más que cualquier análisis, cómo están realmente las cosas. Todo a tono con la irrupción del nuevo líder supremo, Mojtaba Khamenei, un ultra que en esa misma jornada clamó venganza, y ordenó el cierre del Estrecho de Ormuz proclamando una guerra larga y disruptiva para el mundo. Rusia y China están obligados a intervenir y sacar a Trump del pantano. No se trata de generosidad. Beijing no se preocupa por el destino de Irán. Negociaría con el ganador si el régimen cae o con lo que quede, si el modelo autoritario sobreviviera. Lo que importa está en otro nivel. Si la crisis no es contenida sus consecuencias serán universales. Solo nótese que si el crudo supera los cien dólares, como está ocurriendo, el PBI mundial se reducirá 0,4% por ciento y la inflación global crecería 1,2%, calcula The Economist. Si Goldman Sachs acierta con su pronóstico de US$ 150 el barril a fin de mes, esos números serán apenas un prólogo de la pesadilla. En este diseño, para Trump no quedaría mucho. Tendrá que escapar del abrazo de Israel y hacer como sucedió con Bill Clinton en la ex Yugoslavia, cuando bombardeó el Danubio y se retiró sin derribar a la dictadura de Slobodan Milosevic. La revista británica sugiere un camino similar, señalando que Trump puede conformarse con degradar el potencial militar de la potencia persa y anunciar victoria. Es claro el costo político, además de que el régimen revivirá las plantas nucleares buscando en la bomba la única defensa que después de dos guerras supone que lo escudará. Son especulaciones, no se sabe si esa puerta de salida existe. En los últimos días medios influyentes como The New York Times o Financial Times se han preguntado o citado a especialistas sobre si hay posibilidad aún para un TACO en esta crisis. La respuesta ha sido negativa. TACO es una sigla dolorosa para el mandatario norteamericano. Significa Trump always chicken out = Trump siempre se echa atrás en el último momento. El dilema del prisionero en la teoría de juegos. ©Copyright Clarín 2026 Sobre la firma Newsletter Clarín

    Ver noticia original

    También te puede interesar

  • Examedia © 2024

    Desarrollado por