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» Clarin
Fecha: 13/03/2026 06:40
Dormir mal no es un destino, una sentencia, ni una realidad que se deba naturalizar. Si bien, inmersos en las pautas que impone la sociedad actual, tendemos a seguir adelante a pesar de, lo cierto es que los efectos de no descansar correctamente no son sólo biológicos, sino también anímicos, y afectan la funcionalidad. Y ocurre que muchas personas no saben que se pueden realizar consultas para corregir hábitos o creen que consultar implicará sí o sí tomar un medicamento. Pero esto no tiene por qué ser así. Insomnio circunstancial Mucho hay para dirimir antes de evaluar las medidas a tomar. La primera cuestión es de qué tipo de insomnio estamos hablando. No todo episodio de mal dormir es un problema clínico, introduce Stella Maris Valiensi, neuróloga especialista en sueño de la Universidad Hospital Italiano y autora de La Ruta del Sueño. Y continúa: El insomnio puede estar asociado a situaciones de estrés como exámenes, viajes o conflictos personales. En ese caso, hablamos de insomnio circunstancial, define. Insomnio crónico En cambio, sostiene, hablamos de insomnio crónico cuando persiste durante más de 3 meses. En este caso, los síntomas más frecuentes incluyen fatiga constante, irritabilidad, bajo rendimiento, cambios en el estado de ánimo, sensación de no poder apagar la mente, y una preocupación excesiva por dormir. En este último caso, se instala con frecuencia un círculo ansiedadinsomnio: el miedo a no dormir empeora el problema, reflexiona. Cuándo consultar Por eso, brinda 3 pautas para saber cuándo es el momento de pedir ayuda. Si ocurre al menos 3 veces por semana. Si se mantiene durante más de un mes. Si afecta el funcionamiento diario. El sueño y el estado de ánimo: un círculo vicioso Es evidente que dormir mal afecta el estado anímico, así como experimentar malestar puede perjudicar el descanso. Hay una relación bidireccional entre dormir mal y el desarrollo de trastornos del estado de ánimo, dice Valiensi, y añade que un mal descanso que se extienda por períodos prolongados puede aumentar en más de un 50% el riesgo de presentar síntomas depresivos. Las personas que duermen poco o mal durante períodos prolongados, como por ejemplo, dos años, tienen más de 50% de probabilidades de desarrollar síntomas depresivos. A su vez, la depresión y la ansiedad también pueden alterar el sueño. Hablamos de relación bidireccional porque el insomnio puede ser causa, consecuencia o ambas cosas al mismo tiempo, explica. Impacto cognitivo El insomnio crónico impacta de forma profunda en la calidad de vida, además de en la salud física y mental. El sueño es clave, entre otras muchísimas cuestiones, para el buen funcionamiento tanto de la memoria y la atención, como de la velocidad de procesamiento mental. Cuando es insuficiente o se fragmenta, disminuye la concentración, se ve afectada la memoria a corto plazo, se incrementan los errores y también el riesgo de accidentes laborales pero también domésticos o de tránsito. Además, las personas sienten que rinden por debajo de su capacidad habitual. Sin embargo, a pesar de que muchas recurran rápidamente a medicamentos para mitigar estos efectos, no siempre son la primera ni la mejor estrategia, advierte. Los riesgos de la medicalización automática Valiensi reconoce, con preocupación, que hay una tendencia a medicalizar el insomnio. Esto ocurre, según su perspectiva, tanto por falta de tiempo en la consulta médica como por dificultades de acceso a terapias especializadas como la Terapia Cognitivo-Conductual para Insomnio (TCC-I). Además, analiza, es importante no solo abordar el insomnio en sí mismo, sino también lo que lo ocasiona. Cuando no se abordan las causas subyacentes, como ansiedad crónica, depresión, estrés laboral o conflictos emocionales; el síntoma puede persistir aunque la medicación ayude temporalmente, añade. Por otra parte, advierte que el uso sostenido de medicación para dormir no es inocuo, especialmente cuando comienza en edades tempranas y se prolonga durante años. La melatonina, por ejemplo, se ha popularizado por su perfil natural, pero esto no significa que sea inocua ni adecuada para todos los tipos de insomnio, reflexiona. Además, señala, con el uso continuado de benzodiacepinas y fármacos tipo Z puede aparecer tolerancia, y por ende la necesidad de aumentar la dosis; dependencia psicológica, que se manifiesta mediante el miedo a dormir sin medicación; pero también dependencia física, o sea insomnio de rebote, ansiedad e irritabilidad al suspenderlos. Sin embargo, esto no quiere decir que nunca sea necesaria. Puede ser útil especialmente cuando existe una alteración del reloj biológico. Su indicación depende de la edad, características personales y tiempo de uso, y es fundamental que sea evaluada y controlada médicamente desarrolla. En nuestro país, las dosis altas de medicación requieren receta médica. Hábitos que ayudan a conciliar el sueño Dependiente del caso, por lo general un primer abordaje requiere estrategias no farmacológicas, como: Ejercer una correcta higiene del sueño: crear hábitos que promuevan un sueño reparador y de calidad. Control de estímulos: leer o meditar antes de dormir, dejando a un lado las pantallas al menos 2 horas antes del momento de irse a dormir. Restricción del tiempo en la cama, para asociarla exclusivamente al descanso. Trabajar sobre pensamientos negativos vinculados al sueño. Implementar técnicas de relajación, como yoga, minfulness o meditación. Psicoeducación. Si bien los fármacos producen efectos más rápidos e inmediatos, con este tipo de terapias los resultados tienden a ser más duraderos y eficaces, cierra. *** ¿Tenés alguna duda sobre salud y bienestar que te gustaría que abordemos en notas de la sección? Escribinos tu consulta a buenavida@clarin.com. Newsletter Clarín
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